Aceptación Social: Un camino de doble vía

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Lograr la aceptación social, más que una habilidad, es un arte. Aun cuando hay ciertos comportamientos que los niños pueden desarrollar para integrarse mejor, la fórmula para lograr una aceptación social plena sigue siendo un misterio.

 
Todos los niños necesitan amigos. Gracias a la amistad podemos reconocer el valor del compañerismo, aprendemos a compartir y a respetar lo que es de cada uno, nos sentimos parte de un grupo y desarrollamos un sentido de independencia y confianza. Los amigos de la infancia son el primer eslabón en una serie de relaciones interpersonales que, eventualmente, conducirá al niño desde su núcleo familiar a la construcción de su propia familia.

 

Tener un mejor amigo es especialmente importante para que cada quien encuentre su lugar en este mundo. El ser aceptado por otros hace que el niño se sienta importante, poderoso y admirado; ingredientes básicos para la autoestima y la confianza.

 

Las amistades durante la infancia también proporcionan al niño un espacio dónde expresar sentimientos y conflictos. El juego da a los niños la oportunidad de resolver algunos de los conflictos emocionales que viven como amenazantes.

 

Hay muchas razones por las que un niño puede sentirse reprimido en cada y jugar con sus amigos le da la oportunidad de expresar sus sentimientos libremente: por ejemplo, si el niño siente que sus padres son demasiado duros quizá reproduzca esa conducta ante su grupo de amigos. Durante el juego, él será el doctor, el padre o elegirá representar alguno de los personajes más agresivos y dominantes de la tele; de esta manera, el niño compensa la actitud pasiva que asume ante sus padres. Sin esta oportunidad, los niños tendrían que enfrentar sus emociones solos y esto es algo que muy pocos pueden resolver de manera exitosa.

 

La falta de amigos puede ser devastadora durante la niñez y la adolescencia. No tener alguien en quien confiar de manera incondicional, alguien que sabes que te apoyará siempre, puede hacer que el niño se sienta "defectuoso". Esto terminará por lesionar la autoestima del niño y sumirlo en la soledad. Crecer solo interfiere con el aprendizaje social del niño y niega una parte fundamental de su personalidad.

 

Las amistades de la infancia son funcionales y prácticas. Los niños que pueden convivir juntos, permanecen juntos. Los niños que tienen habilidades físicas, buscan a otros a los que les guste el deporte; los que se inclinan por las actividades artísticas, formarán un grupo con sus pares. Los relajientos tendrán una buena camaradería entre sí mientras que los niños que no hallen un grupo generalmente se aislarán.

 

Ningún niño es predecible. A veces los niños que tienen intereses comunes (el deporte) enfrentan rivalidades (ser capitanes del mismo equipo). Hay amistades que se dan porque tenemos a la gente cerca, me refiero a vecinos o compañeros de clase; es muy raro que los niños hagan amistad con chicos de otras colonias o miembros de otro salón. También hay amistades que se crean por los hábitos de vida cotidiana (el mismo club, clases fuera de la escuela) y otras se dan entre grupos de la misma clase social o nivel cultural.

 

Es importante que los padres comprendan que no hay un criterio universal para determinar el número de amigos que debe tener un niño o lo que constituye una buena amistad. Los padres deben estar conscientes de las proyecciones que hacen de su propia personalidad cuando interfieren en las amistades de sus hijos. Si los padres tienen una actitud extrovertida, por ejemplo, querrán que sus hijos sean tan sociables como ellos, pero si su hijo es por naturaleza tímido o introvertido, deben aceptarlo y no preocuparse innecesariamente.{mospagebreak}

 

Frecuentemente los niños tienen períodos en los que se rodean de muchos amigos y otros en los que prefieren estar solos. Si los adultos interfieren para forzarlo a integrarse, cuando no es el momento pueden provocar que se aísle aún más o que nunca logre la cercanía necesaria con los demás para poder hacer un amigo.

 

Nuestra sociedad da demasiada importancia al hecho de ser "popular"; tener muchos amigos se considera una cualidad, esto no es necesariamente cierto puesto que hay personas que tienen pocos, pero muy buenos amigos, y hay otras que tienen muchas relaciones superficiales, de tal manera que la diferencia puede ser calidad vs. cantidad.

 

Algunos niños de verdad no tienen amigos, no porque no quiera, sino porque no saben cómo hacer y conservar una amistad. Su autoestima es tan baja que pueden llegar a ser hasta hostiles y actuar defensivamente cuando alguien trata de acercarse. Los niños que se sienten "rechazados", ya sea por un pobre autoconcepto o por la familia, pueden manifestar ese sentimiento aferrándose demasiado a otra persona o tolerando abusos y humillaciones de sus compañeros.

 

Los niños con necesidades especiales tienen, además, otros retos. No sólo tienen que lidiar con las demandas específicas de su discapacidad sino afrontar las reacciones negativas de algunos de sus compañeros o vecinos. Los niños que no tienen discapacidades generalmente sienten temor ante las personas que tienen una apariencia o comportamiento diferente. Esta actitud no es consciente. La mayoría de los niños evitan aquello que no entienden. Una niña de 10 años me decía que sus amiguitos no jugaban con un vecino con síndrome de Down porque "se sienten dudosos, a algunos les da pena y un niño me dijo que tiene miedo". Cuando le pregunté cuál era la razón del miedo, la niña me dijo: "Porque es diferente. Algunos piensan que se les puede contagiar".

 

Los padres que tienen hijos con discapacidades enfrentan un dilema particular. Por un lado, quieren dar la oportunidad de una vida "normal" a sus hijos; por otro, quieren evitarles situaciones embarazosas y experiencias que los vayan a lastimar. Encontrar el balance adecuado es una parte integral del misterio de la aceptación social de los niños con necesidades especiales.

 

Padres e hijos deben prepararse para enfrentar la ignorancia y falta de sensibilidad de la mayor parte de la sociedad. Para que un padre pueda apoyar a su hijo ante el rechazo de los demás, debe explorar primero sus propios sentimientos en torno a la discapacidad de su hijo.

 

Los padres sufren al parejo que sus hijos; están más conscientes de las miradas, la risa y los dedos que señalan en su dirección. El dolor es doble: por ellos y por sus hijos. El resultado puede ser la construcción de una barrera emocional ante las personas que no comparten su problema. Sentirse diferentes lesiona la autoestima de los padres que ven en la discapacidad de su hijo una parte defectuosa de ellos mismos. Aquellos padres que se sienten inferiores por la discapacidad de su hijo, tenderán a proteger excesivamente al niño y con ello a su propio ego, o intentarán forzar las capacidades de sus hijos con objeto de hacerlos parecer "iguales que los demás".

 

Obviamente, los niños con n.e. necesitan, por una parte, protección y consideración a sus necesidades especiales y, por otra, estímulo para ser como los demás. Los niños que están conscientes de su discapacidad necesitan, hasta cierto punto, ser protegidos de la insensibilidad de los otros; como todos los niños merecen tener una vida lo más normal posible. Sin embargo, cuando la necesidad de los padres de proteger al niño o de presionarlo a superar sus limitaciones se origina en una falta de aceptación consciente o inconsciente de la realidad del hijo, todo lo que hagan por él estará marcado por la intolerancia, la impaciencia y el enojo. Estos sentimientos le crearán al niño muchos más problemas que sus propias dificultades de integración.

 

La aceptación social de nuestros hijos comienza en casa, con la aceptación emocional de la discapacidad. Los niños estarán mejor preparados para enfrentar al mundo si sus padres y hermanos se reconcilian con la realidad de que el niño es diferente.

 

Reconciliarse con la realidad significa no crearse falsas ilusiones ni permitir que el pesimismo y la tristeza definan nuestras expectativas para el futuro. Asimilar significa encontrar un equilibrio entre los sentimientos de esperanza y optimismo con una dosis necesaria de realismo; el amor con la vergüenza; la aceptación con la desilusión. La familia asimila cuando todos aman y apoyan al niño sin dejar de lamentar el hecho de que tenga una discapacidad. Este equilibrio ayuda a que los padres detecten aquellas situaciones en las que ellos y sus hijos deben protegerse y cuándo deben hacer un esfuerzo por integrarse al mundo. Cuando los miembros de la familia aceptan emocionalmente la discapacidad pueden encontrar el equilibrio necesario entre exponer al niño a retos cada vez mayores y aceptar las limitaciones que la discapacidad le impone.

 

Las demandas físicas y emocionales de un niño con discapacidad absorben, generalmente, mucha atención de la familia. Los grupos de padres con necesidades especiales, así como la existencia de esta maravillosa resista (n.e. Ararú), son testigo de las urgencias que tienen las familias con necesidades especiales de comunicarse con sus pares, con otros que de verdad entiendan el reto de crecer con una persona con discapacidad en la familia. Compartir nuestra experiencia con alguien que ha pasado por el mismo proceso hace más fácil la aceptación social, la comprensión, y valida nuestras reacciones emocionales: Aquellas que, a veces, nos apenan y que jamás seríamos capaces de comentar con padres que no están en nuestro caso.

 

Debemos ayudar a nuestros hijos con discapacidad a vencer los obstáculos del camino: el rechazo, el ridículo y la ignorancia sembrados en nuestra sociedad.

 

Es importante que el niño entienda su discapacidad, sus potencialidades y sus límites. Pero lomás importante es que el niño entienda que muchos adultos y la mayoría de los niños serán muy cautelosos antes de acercarse a ellos.

 

Los niños con necesidades especiales deben ser comprensivos con las personas sin discapacidad; deben aprender a ser pacientes con las personas que no los entienden. Deben perdonar la falta de sensibilidad y la ignorancia de los otros. ¡La aceptación social es un camino de doble sentido!

 

Una de nuestras peores faltas como sociedad es el hecho de no apreciar lo verdaderamente importante en la vida. Nos perdemos, frecuentemente, en el materialismo, la necesidad de acumular y aparentar. Es raro que traspasemos la barrera de nuestra ceguera colectiva para comprender que lo verdaderamente importante es saber quiénes somos, no lo que tenemos, hacemos o parecemos. Los niños con n.e. nos confrontan, precisamente, con ese reto. A los niños que nacieron con un cuerpo o una mente "no tan perfectos", Dios les dio la tarea de humanizar a la sociedad.

 

Cuando padres y hermanos aceptan al niño con su discapacidad le dan el recurso emocional más importante para aceptarse a sí mismo. Si el niño se acepta como es y está seguro de sí, los demás aprenderán a quererlo y aceptarlo. La aceptación abre la puerta para que los demás trasciendan la discapacidad y lleguen a la belleza interior que tenemos todos. No hay nada más perfecto que el alma de un niño. Desafortunadamente, muchas personas necesitarán ayuda para entender esto.

utor: Marc I. Ehrlich
Sobre Marc: Licenciatura y doctorado en psicología por la Universidad de Austin, Texas; 
columnista del periódico "The News" (México); se dedica a la práctica privada de psicoterapia
y cursos de relaciones personales.
Fuente: Ararú

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 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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