Sobre el rechazo social

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Quizá la parte que más tememos los padres sobre la discapacidad de nuestros hijos es el rechazo social al que pueden verse expuestos y la cuota de aislamiento y soledad que pudieran vivir en el futuro.
 
Foto de mamá con bebé en sus brazos
Aunque es cierto que en nuestra sociedad todavía hay muchas barreras debidas a la ignorancia y que se traducen en actitudes que marginan a las personas con discapacidad, lo paradójico es que la fuente más poderosa de rechazo está en nuestra propia aceptación ambivalente, no resuelta, que el niño introyecta como carencia de autoestima y proyecta en sus relaciones con los demás.
 
Vemos aquello que buscamos. Si crecemos pensando que merecemos el rechazo, vamos a encontrarlo a cada paso. Si partimos del autorreconocimiento, la eventual falta de reconocimiento de los otros no tendrá efectos devastadores porque, con toda seguridad, construiremos el grupo humano solidario del que esperamos formar parte.
 
Combatir de frente el demonio del rechazo para llegar a la auténtica aceptación es una batalla que todos libramos interiormente. Amarnos a nosotros mismos de una manera integral, sin negar, disfrazar u ocultar nuestras carencias y limitaciones es un aprendizaje esencial de humildad que nos permite aceptar al otro con sus diferencias. Nadie que se sienta aceptado plenamente rechaza al otro. Aquí se rompe el círculo vicioso de miedo y hostilidad que genera el rechazo.
 
La aceptación, el reconocimiento y el amor que todos necesitamos no se obtienen pidiéndolos sino, y he aquí otra paradoja, cuando somos capaces de darlo.
 
La confianza básica, saber que somos seres dignos del interés, el respeto y el amor de los otros, nace en la infancia, de la vivencia cotidiana de que aquello que damos como personas es recibido con alegría.
 
El amor, el reconocimiento y la confianza que sembremos en ellos hoy los hará fuertes, capaces de crear los lazos firmes de afecto que necesitarán hoy y mañana.

Autora: Alicia Molina Fuente, mamá de Andrés, Juan y Ana, una joven con parálisis cerebral. 
Co-fundadora de Alternativas de Comunicación para Necesidades Especiales AC (México) y editora de la revista "Ararú". 
Fuente: Editorial publicado en la revista Ararú (México), Mayo-Julio 1995
Nota: Título asignado por Angela Couret

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 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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