Seamos actores de un cambio cultural

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Es demasiado simple comenzar una columna diciendo que no es fácil escribir sobre un tema. Pero, en particular, cuando se trata de la discapacidad, la frase no deja de tener un sentido profundo. 
Tanto las palabras que se deben usar hasta las ideas que surgen, desgraciadamente, nacen del contexto de una sociedad que durante años trató de ocultar el tema. Desde chicos no aceptamos al diferente, en todos los sentidos, mucho menos a aquel que visiblemente lo es. Esa crueldad, llena de inocencia, se transforma en el tiempo en indiferencia. Olvidamos que ellos existen, tratamos de segregarlos, no les damos oportunidad, construímos pensando en nosotros y nos llevamos el mundo por delante.

 

De tanto en tanto, imágenes terriblemente explotadas por los medios, nos obligan a ser solidarios y salimos corriendo a depositar dinero en una cuenta bancaria, a buscar al escolar de la colecta para que nos pegue la estampilla en la solapa o le damos una moneda en el semáforo a un hombre en silla de ruedas. Pareciera que la misión está cumplida y hasta nos sentimos satisfechos. ¿Eso es todo lo que podemos hacer?

 

La respuesta es simple: no. Pero ¿qué se puede hacer? Allí nos desconcertamos. Salvo meter la mano al bolsillo, pareciera que todo lo que tiene que ver con la discapacidad no nos concierne. Y no es así.

 

Se requiere, urgente, un cambio cultural que acelere la destrucción y el aniquilamiento de todas aquellas barreras, físicas o mentales, que impiden la integración.

 

Pienso, en algo simple, como es un baño de una oficina. Los ochenta centímetros de ancho que nos permiten ingresar tranquilamente a algunos a un baño, por ejemplo, son un obstáculo insalvable para una persona que se moviliza en una silla de ruedas.

 

Un periodista discapacitado, como ya ocurrió una vez, no podría trabajar en mi oficina. Los cinco baños que existen en un hermoso piso de uno de los edificios más modernos de Santiago, no le permitirían entrar a hacer sus necesidades. El edificio, sin embargo, cuenta con una rampa y ascensores anchos. Pero el obstáculo es el baño.

 

En otros lugares las barreras son las escaleras, el medio de transporte o la mentalidad de los empleadores. Estos obstáculos existen físicamente porque mentalmente no estamos integrando a las personas discapacitadas. De lo contrario, el constructor haría las puertas más anchas o diseñaría un baño especialmente para el ingreso en silla de ruedas.

 

Afortunadamente, ésto ya existe en muchos lugares públicos y en los últimos tiempos hemos visto la proliferación de rampas, teléfonos a baja altura, ascensores especiales, estacionamientos reservados, semáforos con sonidos y otros elementos que nos permiten visualizar con optimismo el futuro.

 

Falta, sin embargo, apurar el proceso que corre por dentro nuestro. Éste debe empezar desde niños y los colegios, todos y no algunos como ocurre actualmente, deben integrar a niños con discapacidad en sus aulas para que, naturalmente y dentro del proceso de socialización, aprendan a convivir con el otro, aceptándolo con sus semejanzas y diferencias, viviendo las dificultades diarias y derribando conjuntamente las barreras que le impiden avanzar en la sociedad.

 

Miremos a nuestro alrededor permanentemente y detengámonos a pensar cómo haríamos para ir de nuestra casa al trabajo, de nuestro escritorio al baño, de la oficina al restaurante o al fútbol o a la casa de nuestros amigos o a una obra de teatro, si no tuviéramos la fortuna de no usar una silla de ruedas o muletas, ver, oir u otra dificultad motora.

 

Hagamos el ejercicio y comentémoslo con otro, con aquel que no tiene tiempo para pensar en los demás, ayudemos a abrir las mentes para que esta barrera cultural, la más difícil de eliminar, se quede definitivamente en el siglo XX.
Autor Francisco Martorell
Editor General del diario MTG (Chile).
Fuente: Sección "Yo opino", Revista Atrévete, publicada por el Fonadis (Chile). No. 49. Dic. 2000. Publicado en Paso-a-Paso Vol. 11.1

 

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En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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