Qué difícil complejidad entraña la sencillez

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Autor: José Félix Sanz Juez
Fuente: Polibea No. 55 Año 2000.
Publicado en  Paso-a-Paso, Vol. 15 No. 2

Complicamos mucho las cosas. Cuesta reconocer que las cosas son modestas y sencillas. No nos conformamos con la realidad si ésta es fácil, buscamos teorías, complicados planteamientos que nos hagan sentir que las cosas son tan complejas que toda una vida no basta para comprenderlas. Ese gran regalo que supone la mente lo cuestiona todo, no llegando nunca a conformarse y si lo que sucede nos perturba, nos inquieta o nos altera, la necesidad de complicar aumenta, el temor genera monstruos frente a los que hay que desplegar un intricado sistema de defensa.

En la discapacidad sucede algo así, nos parece un mundo complejo, lleno de procesos extraños, desconocidos para la inmensa mayoría y al alcance tan sólo de un reducido grupo de expertos, que son los únicos capaces de intervenir adecuadamente. Nada más lejos de la realidad, cualquiera puede relacionarse con personas con discapacidad (o con cualquier persona, o proceso, o empresa que perturbe), precisamente si le aborda desde la sencillez.

He descubierto tres capacidades que facilitan la relación adecuada con aquello difícil que nos altera, que nos cuesta mucho vencer, son bien simples: saber mirar, saber escuchar y saber sonreir.

Mirar profundamente, por encima de ideas preconcebidas, por encima de la forma, traspasando. Mirar adivinando, acariciando, descubriendo, incluso inventando. Mirar como se mira por vez primera, limpios, sin juicios, simplemente para ver.

Escuchar el sonido inaudible, la melodía del silencio, escuchar más allá de la palabra, escuchar el gesto hasta oír aquello que se calla.

Y sonreir como una actitud, como una manera de decir acepto, acepto tal y como eres, tal y como soy, tal y como son las cosas; sonreír a las personas y a los objetos, sonreír desde dentro, sencillamente, sin imágenes que perturben el encuentro.

Cambiar la búsqueda por la presencia, presenciar cómo cada instante nos lleva al instante siguiente sin precipitación y sin demoras, descubrir que cada cosa ocupa su lugar, sin preguntas, y que todo lo que sucede es razonable, útil, intenso y fugazmente inacabable.

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