Conducta problemática y apoyo conductual positivo: una introducción

  • Imprimir Amigable y PDF

El artículo introduce el tema de las conductas problemáticas que a veces se observan en las personas con síndrome de Down y de los actuales métodos de intervención, basados en el apoyo conductual positivo.



 Define la conducta problemática como la conducta que por su intensidad o frecuencia afecta negativamente el desarrollo personal del individuo, así como a sus oportunidades de participar activamente en su comunidad y ambiente social. El apoyo conductual positivo es un conjunto de procedimientos y técnicas destinadas a cambiar el entorno para hacer que la conducta problemática llegue a ser irrelevante e inútil, de modo que la conducta alternativa resulte socialmente adecuada y más eficaz.

Introducción

EEl ambiente de normalización y de integración social en el que los niños y jóvenes con síndrome de Down están siendo educados, resaltan de manera más llamativa las conductas que se desvían lo socialmente aceptable o que pueden perturbar la convivencia. En ocasiones, resulta relativamente sencillo intervenir de una manera equilibrada y reorientar la conducta. Pero otras veces los padres y educadores pueden verse desbordados y poco preparados para afrontar situaciones complejas en las que la conducta del niño y del joven les desborda. “No estamos preparados para esto; no sabemos resolver la situación”. Y entonces, o no intervienen y dejan que el problema se prolongue y agrave, o ejecutan una intervención incorrecta y equivocada que solo sirve para perpetuar y deteriorar más la conducta.

Otras veces, las menos afortunadamente, va apareciendo en la persona con síndrome de Down una conducta crecientemente anómala que induce a considerar sí, a la discapacidad intelectual propia del síndrome, no se estará añadiendo una alteración mental. Se trataría del llamado “doble diagnóstico”: discapacidad intelectual más enfermedad mental.

Conforme los problemas de salud se van resolviendo y la esperanza de vida se va prolongando, y conforme se admite ya como algo natural la presencia y acción integrada de la persona con síndrome de Down en las diversas actividades sociales y comunitarias, se aprecia la necesidad de atender adecuadamente a estos problemas de conducta. En primer lugar por la influencia negativa que tienen sobre la calidad de vida de la persona y su familia; en segundo lugar, por las repercusiones negativas que ejercen sobre el aprendizaje y sobre la integración del individuo: en la escuela y en la vida social en general.

No siempre en fácil resolver los problemas que pueden crear estas conductas. En ocasiones llegan a perturbar y conmocionar a familias y profesionales. Por eso nos parece oportuno ofrecer la información de expertos que utilizan el apoyo conductual positivo como la herramienta conductual de mayor valor humano para el manejo de este tipo de conductas.

Las conductas problemáticas

A lo largo del desarrollo y de la maduración psicológica de cualquier niño o joven surgen espontáneamente períodos en los que su conducta no se ajusta a las normas aceptadas de la convivencia. La intervención educativa de los padres y de los profesores endereza esas desviaciones a través de la explicación, de la reflexión, del modelado, de la corrección. Lo habitual es que, sin afectar a los rasgos fundamentales de la personalidad y del temperamento, cada persona modifique su propia tendencia y adapte su comportamiento de manera que la convivencia y las buenas relaciones sociales queden fuertemente aseguradas.

Un niño o joven con discapacidad intelectual está sometido a los mismos patrones convivenciales. Sin embargo, sus limitaciones comprensivas y adaptivas pueden a veces dificultar su proceso de maduración, haciendo más visibles y prolongadas esas faces en que su conducta se manifiesta más desviada o rebelde. Su resistencia a aceptar una norma o una decisión puede transformarse en la expresión de una conducta que choca o contrasta claramente con el comportamiento socialmente aceptable.

La incapacidad para comprender la razón de una decisión y la lentitud en la maduración e interiorización de las relaciones sociales incrementan la posibilidad de que surjan los problemas de conducta.

Estas expresiones anómalas de la conducta varían mucho en su forma e intensidad. En ocasiones no son graves ni amenazan la integridad de las personas, pero dificultan seriamente, por su negativismo y rechazo, la integración de la persona en su ambiente: la tranquilidad y el disfrute colectivo en un acto social, el seguimiento de las tareas escolares en la clase, la participación en el juego. Todo ello significa un coste personal y familiar que incide muy negativamente sobre la estabilidad de la familia y sobre el proceso natural de integración escolar y social. En otras ocasiones, la conducta puede llegar a adoptar formas más comprometedoras: accesos de enfados incontrolables y de furia, destrucción de objetos, auto estimulación, golpeo de objetos, agresividad hacia otras personas con riesgo de lesión, o hacia sí mismo (autolesión).

Todo este conjunto de conductas son denominadas con el término de conductas problemáticas, que sustituye a otras expresiones que se han venido utilizando hasta ahora: conductas desafiantes, disruptivas, negativistas, desajustadas, inadecuadas, perturbadoras, etc. Se entiende por conducta problemática a una conducta que por su intensidad o frecuencia afecta negativamente el desarrollo personal del individuo, así como a sus oportunidades de participar activamente en su comunidad y ambiente social.

Es importante señalar, siguiendo a Canal y Martín (2002), ciertos aspectos fundamentales que permiten analizar esta conducta de una manera real y tienen hondas repercusiones para su ulterior manejo y control:

a) La conducta problemática es generalmente adaptiva; es decir, suele servir a una función para la persona que la expresa (quizá porque carece de otro recurso para expresarla). Por eso suele ser estable y frecuente.

b) Exige un sobre esfuerzo por parte de los sistemas de apoyos de que se dispone para atender adecuadamente a las necesidades del individuo. Efectivamente, la conducta problemática identifica un comportamiento que supone un reto para los servicios de apoyo –familiares, escolares, comunitarios- y destaca la necesidad de modificar la perspectiva en el modo de prestar esos apoyos, si se quiere superar la dificultad propia de ese comportamiento.

De lo expuesto se derivan las siguientes conclusiones:

a) La conducta problemática se define por el impacto que tiene sobre la persona y su entorno.

b) La conducta problemática se define socialmente; es decir, es una conducta que transgrede las normas sociales.

c) De la conducta problemática se derivan unas consecuencias personales y sociales, de gravedad variable, que en cualquier caso perturban su calidad de vida, su desarrollo personal y las oportunidades de participar creativamente en la vida comunitaria.{mospagebreak}

La intervención: el apoyo conductual positivo

La respuesta a la conducta problemática debe tener su fundamento principal en el análisis de la conducta y en el diseño de estrategias positivas que puedan modificarla. Excepcionalmente y en situaciones muy comprometidas y justificadas, se recurre complementariamente a fármacos.

Frente a los sistemas tradicionales de manipulación o modificaciones de conducta, ha ido tomando creciente arraigo el denominado apoyo conductual positivo (ACP). Supone un avance o evolución natural de los procedimientos conductuales habituales hacia un modelo de intervención que va más allá del control de las consecuencias de la conducta problemática, porque incluye la modificación del contexto antes de que tenga lugar la conducta problemática, así como la enseñanza de conductas alternativas que sirvan de estrategias básicas para reducir o eliminar el comportamiento inadecuado. Es decir, el ACP es un conjunto de procedimientos y técnicas destinadas a cambiar el entorno para hacer que la conducta problemática llegue a ser irrelevante e inútil, de modo que la conducta alternativa resulte socialmente adecuada y más eficaz.

Las características principales del ACP, según Canal y Martín (2002), son las siguientes:

1.- Está basado en la evaluación funcional, vinculando variables ambientales con las hipótesis relativas a la función de la conducta problemática.

2.- Es global e incluye intervenciones múltiples.

3.- Trata de enseñar habilidades alternativas y de adaptar el ambiente.

4.- Refleja los valores de la persona, respeta su dignidad y sus preferencias, y trata de mejorar su estilo de vida.

5.- Se diseña para ser aplicado en contextos de la vida diaria, haciendo uso de los recursos disponibles y basándose en una visión compartida del problema.

6.- Mide el éxito de los programas por el incremento de la conducta alternativa, el descenso de la frecuencia de la conducta problemática y la mejora de la calidad de vida de la persona.

El ACP combina valores y técnicas. En relación con los valores, destaca el respeto a la dignidad de la persona rechazando explícitamente el recurso a sistemas aversivos o humillantes como procedimiento básico de intervención; acepta las aspiraciones y deseos de la persona como algo humano, alcanzable y valioso.

En cuanto a las técnicas, utiliza procedimientos específicos para evaluar la función concreta que trata de cumplir esa conducta problemática; utiliza procedimientos específicos que sirven para enseñar conductas alternativas, que cumplen la misma función que cumplía la conducta alternativa, pero más eficaces y eficientes en el logro de los propósitos que la persona pretende alcanzar; utiliza procedimientos de intervención en crisis aplicados para conseguir que la conducta problemática sea inútil; y procedimientos sobre el control de los antecedentes para hacer que la conducta problemática sea innecesaria.

Bibliografía

- Canal Bedia R., Martín Cilleros MV (coordinadores). Apoyo conductual positivo. Monografía de la Junta de Castilla y León, Consejería de Sanidad y Bienestar Social. Valladolid 2002.
- Carr EG, Horner RH, Turnbull A, Marquia J. Magito-McLaughlin D, McAtee M, Smith CE, Anderson-Ryan KS, Ruef MB, Doolabh H., Positive behavior support for people with developmental disabilities: A research synthesis. Monograph Series, Washington, DC. American Association on Mental Retardation 1999.
- Edmonson M, Turnbull A. Positive Behavioral supports: creating supportive environments at home, in schools and in the community.
- Emerson E., McGill P, Mansell J. Severe learning disbilities and challenging behaviours. Designing high quality services. Chapman & Hall 1995.

Fuente: Revista Síndrome de Down, Vol. 20: 142-144, 2003 
Autores: Equipo editorial de la Revista SD 
Publicado por Paso a Paso Vol. 14 Nº 4
Visto 9593 veces
ARTÍCULOS RELACIONADOS

Banner Cirdis2016 291x86

Concurso a partir del 22Mayo (1)

boletin Electronico

ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS

Integración escolar de los niños con Necesidades Educativas Especiales

 
¿Y qué es trabajar con amor?
Es poner en todo lo que hagas un soplo de tu alma

Gibran Khalil Gibran.

 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

banner cirdis

ALIADOS
  • Venezuela Sin Limites
  • ExcelsiorGama
  • DHL
  • Bancaribe
  • Banesco
  • Proquim,CA