Conducta: Domesticando al gorila de 800 lbs.

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Reporta: Michelle Diament
Fuente: Disabilityscoop.com, Marzo 2009
Traducción: Angela Couret
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 22.3
Leer este artículo en inglés aquí: http://bit.ly/21pouo

Nota de la traductora: La palabra “tantrum” ha sido traducida como “perreta”. La palabra “meltdown” ha sido traducida como “estallido”.

Si sientes que los problemas de conducta están dominando tu vida, no estás solo. Con la discapacidad frecuentemente nos encontramos con dificultades para la comunicación que se manifiestan como conductas indeseadas.

Pero tranquilos porque de ahora en adelante la conducta no tendrá por qué someterlos. En este artículo Débora Lipsky, experta en conducta, muestra como diferenciar entre una perreta (tantrum) y un estallido (meltdown) y cómo controlar y prevenir ambos episodios. Déborah trabaja como consultora en diversas escuelas para desarrollar planes conductuales. Además, Lipsky parte de su experiencia personal ya que es autista y aprendió a autoregular su comportamiento.

DS: ¿Cuáles son las causas de la conducta? ¿Qué motiva las conductas extremas en las personas?

DL: Toda conducta es una forma de comunicación. Cuando se manifiesta una conducta negativa, significa que la persona siente frustración y se presenta una interrupción en la comunicación. A veces la interrupción se debe a que el interlocutor no comprende lo que la persona con discapacidad está intentando transmitir y a veces se debe a que la propia persona no comprende su discapacidad.

DS: Cuando una persona manifiesta conductas indeseadas, ¿cómo saber si se debe a su discapacidad o si se trata de un problema conductual?

DL: Depende de si se trata de una perreta (tantrum) o de un estallido (meltdown). Un estallido es cuando la conducta escapa del control de la persona. Las cosas han escalado fuera de control. La persona se siente abrumada por la situación y no tiene control. Generalmente en casos de estallido, la persona no está buscando una respuesta de tu parte. Después del episodio, la persona suele sentir remordimiento y arrepentimiento.

Una perreta es una conducta manipulativa con la intención de salirse con la suya. Una vez que lo logra, suele sentir satisfacción. Es bien difícil diferenciar entre un estallido y una perreta porque a veces la perreta se convierte en estallido.

La conducta manipulativa debe tener una consecuencia. Ninguna discapacidad debe excusar conductas como patear, gritar o destrozar las cosas. Esas conductas son inexcusables y no forman parte de la discapacidad de la persona. Es simplemente un problema en el manejo de la ira.

DS: ¿Qué pueden hacer las familias para implementar un plan conductual que funcione?

DL: Esa es una pregunta muy frecuente. El principal problema que surge con cualquier plan conductual es la falta de consistencia. Lo que tenemos que hacer es trabajar en equipo para que haya consistencia en casa, en la escuela y en cualquier otro lugar donde la persona participe.

Uno de los problemas con los planes conductuales es que nos enfocamos meramente en el manejo de la conducta en lugar de buscar las causas subyacentes en la conducta.

¿Por qué tiene Juan esa perreta? Una vez identificado y corregido el problema, podrás abordar la conducta. Muchos planes conductuales tratan los síntomas y no la causa.

DS: ¿Entonces, cuál es la clave para trabajar en la causa y no solo en los síntomas?
DL: Un plan exitoso está hecho a la medida de la persona.

Se comprenden y se abordan sus necesidades. De ser posible, involucremos a la propia persona a participar en su plan conductual. Las personas con discapacidad pueden aportar una perspectiva muy valiosa pero por tener una discapacidad, ¡todos creen conocer más sobre lo que necesitan que ellos mismos!

Al abordar una conducta negativa, la idea es extinguir la conducta y sustituirla por otra conducta. Por ejemplo, digamos que Johnny tiene un estallido a la hora de ir a deportes en el auditorio. Queremos averiguar por qué sucede. ¿Se trata simplemente de que no le gusta el deporte o hay algún problema adicional? Es posible que la actividad sea muy ruidosa. De ser así, Johnny podría hacer deporte con un grupo más pequeño. Luego, a medida que va logrando autocontrolarse, ofrézcale algún premio, un incentivo.

Un buen plan conductual toma en cuenta cada situación. Las acciones a tomar en la escuela, en casa o en un lugar público pueden ser diferentes, pero la estructura subyacente deberá ser la misma.

Como regla general, si se presenta un auténtico estallido, no debemos premiar o tener consecuencia alguna. Si se trata de una perreta, siempre debemos tener una consecuencia importante.

DS: Hace un rato mencionó la idea de premiar. ¿Son los premios importantes?

DL: El premio puede ser algo tan sencillo como una frase halagadora. “Bien hecho. Estás haciéndolo muy bien.” No tiene que ser necesariamente un premio tangible.

Premiar es una espada de doble fi lo. Tienes que tener mucho cuidado con el premio porque puede llegar un momento en que al tratar de retirar el premio, tengas un problema incluso mayor. Lo que pasa con muchos padres es que para lograr que Johnny vaya al colegio, tienen que prometerle llevarlo a McDonald’s para comprar una cajita feliz. Esto funciona bien las primeras veces, pero Johnny estará esperando y reclamando su cajita feliz cada vez que se monte en el carro. Y eso no está bien.

En realidad la forma en que se utilicen los premios dependerá de cada persona, sus fortalezas y limitaciones.{mospagebreak}

DS: ¿Qué se puede hacer si alguien presenta un problema de conducta?

DL: Muchas veces las personas tratarán de calmarse a si mismos. Yo soy autista y cuando me pongo nerviosa, empiezo a aletear las manos y a mecerme. Si te topas con una persona que está manifestando alguna conducta repetitiva (self-stemming behavior) que no está lesionando a nadie, déjala tranquila. Si tratas de detenerla, aumentará el estrés y empeorarán las cosas.

Si una persona está presentando un estallido, la adrenalina corre por sus venas. A no ser que manejes la adrenalina, vas a tener una conducta explosiva así que lo mejor será hacer lo que sea necesario para calmarlo. Es muy importante conocer bien a la persona.

Una de las cosas que recomiendo incluir en un plan de conducta es que cuando alguien presente un estallido, se le asigne una persona para manejarlo, no cinco personas.

Cuando se presenta un estallido, todos corren a buscar al director, a la enfermera, al psicólogo. Son muchas manos en un plato.

DS: ¿Qué puedes hacer después de la conducta problemática para calmar a la persona y prevenir que recurra?

DL: El primer error que muchas personas cometen es que inmediatamente después de la conducta quieren sentarse a discutirla. La persona necesitará un tiempo para procesar lo que ha sucedido y yo recomiendo esperar un día o dos para que la persona con discapacidad tenga una mejor actitud mental y pueda ver las cosas mejor.

El objetivo es empoderar a estas personas para que puedan identificar cuando están empezando a alterarse. El objetivo es que aprendan a auto-regular su conducta.

DS: ¿Qué hacer cuando el problema de conducta o el estallido se manifiestan en público? ¿En casa?

DL: Maneja las perretas en la misma forma, sea en casa o en público. Tienes que establecer consecuencias y apegarte a ellas.

En cuanto a los estallidos, el manejo es diferente en casa o en un lugar público porque en casa tienes muchas más redes de contención (safety nets). Si la persona tiene un estallido en casa, es mejor permitirle ir a su habitación a calmarse. Pero si está en público, esa no es una opción y ahí viene el peligro. Particularmente en casos de autismo, muchos niños y adultos tratarán de correr hacia un lugar seguro si se sienten amenazados. Se denomina “bolting” (lanzarse). Y debido a que no están conscientes cognitivamente de lo que sucede, pueden meterse en problemas corriendo hacia el tráfico u otra situación riesgosa.

Una de las cosas que hago cuando estoy en público es llevar algún distintivo que me identifique como autista y que diga qué hacer si estoy en problemas. Cada persona con discapacidad debería tener una hoja detallando un plan de conducta y una lista de las cosas que logran calmarlo.  Deberían llevar esa hoja consigo e incluso tener una copia archivada en la escuela u otros sitios que frecuentan.

DS: ¿Existen conductas que no se logran controlar, aunque pongas todo tu empeño?

DL: Durante un estallido, la persona no logra racionalizar y revierte a una respuesta instintiva de pelear. No hay nada que puedas hacer para disminuir esas conductas porque la persona no tiene control sobre sus acciones.

Pero en una situación de perreta, puedes actuar para regular la conducta. Si la persona empieza a patear o a golpear a alguien, ayúdalo a direccionar esa agresión hacia otra actividad física como golpear una almohada o salir caminando.

DS: ¿Qué hay de transarse y negociar? ¿Cuándo está bien llegar a un acuerdo y cuándo debemos ser inflexibles?

DL: Es posible que la negociación funcione, pero tienes que conocer muy bien a la persona. Si estás tratando con un adolescente, es posible que no funcione porque si cedes un poco, van a querer mucho más. De igual forma, si estás tratando con una persona con graves limitaciones cognitivas, la negociación posiblemente no funcione porque frecuentemente las personas con estas características necesitan ver las cosas en blanco y negro.

DS: Hay familias que se ven tan afectados por los problemas de conducta que sienten miedo de hacer cualquier cosa. ¿Qué les recomiendas?

DL: Lo peor sería no hacer nada. Si tienes dificultades manejando una conducta, busca la ayuda de un profesional. Un consejero, un psicólogo, el trabajador social, un terapeuta. Arma un equipo. No tengas miedo de pedir ayuda. Si no lo haces, no estarás ayudando a tu hijo. Toda conducta agresiva que no se maneja, tiende a escalar. No desaparecerán solas.

DS: ¿Qué hay de los adultos que continúan teniendo problemas de conducta? ¿Hay un momento en que es demasiado tarde para controlar o cambiar conductas negativas?

DL: Nunca es demasiado tarde. Al tratar de cambiar un patrón de conducta, deberás hacer ajustes según la edad y habilidad cognitiva de la persona, pero los principios son los mismos. Para cambiar una conducta, identificarías y analizarías las causas de la conducta, la propia conducta y las consecuencias de la conducta, ofreciendo un reforzamiento o una consecuencia basado en lo que es importante para esa persona.{mospagebreak}

DS: ¿Qué hay de la medicación?

DL: La medicación no debería constituir la primera línea de defensa para manejar la conducta porque en realidad no estás manejándola. Estás simplemente atenuando la conducta. Estás poniendo una curita sobre una amputación.  Una vez que retiras la medicación, la conducta regresa. Eso se debe a que la medicación no enseña a la persona a auto-regularse.

Dicho esto, sí hay personas que pueden beneficiarse de una medicación durante cierto tiempo o que necesitan la medicación para controlar conductas que resultan de otra enfermedad. Por ejemplo, las personas con trastorno bipolar pueden manifestar conductas extremas en la etapa mánica y la medicación podría aliviarlas.

Pero iniciar a Johnny en la medicina Prozac porque ha tenido conductas explosivas solo significa ignorar el problema.
Tenemos que averiguar por qué se presenta la conducta. Esto se logra mediante la observación y llevando un diario.

Si todos los que trabajan con Johnny llevan un diario, podrán observar el patrón. Entonces se pueden tomar medidas para prevenir los problemas de conducta y ayudar a Johnny a auto-regularse. La medicación no es la forma de regular a la persona. Solo lo entumece (dumbs down).

DS: ¿Y la terapia?

DL: La terapia es maravillosa. Los terapeutas ocupacionales en particular trabajan mucho con la conducta. Tienen muchos trucos y herramientas que las personas pueden utilizar para calmarse a si mismos en situaciones estresantes.

Sin embargo, la terapia individual con un consejero o con un psicólogo no siempre resulta. Las personas con autismo en particular suelen estar desconectadas de sus sentimientos.

Cuando tienen un problema, no quieren hablar sobre ello.

DS: Si eres una persona con discapacidad que tiene dificultad para controlar sus emociones o conductas, ¿qué puedes hacer?

DL: Una de las cosas que yo hago cuando tengo dificultades a nivel sensorial es salirme de la situación. Puedo irme al baño un rato para calmarme o llamar a un amigo y pedirle que conversemos. Creo que tener una lista de números telefónicos de contacto es esencial para la PcD.

También es bueno tener varios planes de contingencia. Cuando salgo de casa para ir a la tienda o al aeropuerto o a cualquier lado, tengo un plan de contingencia para todo.

¿Qué pasa si...? Trato de detallar varios posibles escenarios antes de salir, para sentirme preparada. Lo más importante es conocerte a ti mismo y también tus límites, para que puedas planificar tomándolos en cuenta.

Nota: Déborah Lipsky es autora del libro Managing Meltdowns: Using the S.C.A.R.E.D. Calming Technique with Children and Adults with Autism.

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.
 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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