Conductas disruptivas en el síndrome de Down

  • Imprimir Amigable y PDF

El artículo recoge las preguntas más corrientes formuladas por padres y profesores de niños y adolescentes con síndrome de Down sobre las formas de comportamiento que son denominadas conductas disruptivas o desorganizadoras.

Los trastornos de hiperactividad con déficit de atención, la oposición desafiante y el trastorno de conducta disruptiva no especificado. El autor va respondiendo a cada pregunta, explicando con detalle su definición, el modo de detectar las conductas y de clasificarlas, y el modo de abordar su tratamiento.

¿Qué son las conductas disruptivas?

El término conducta disruptiva o desorganizadora se refiere a un patrón de descontrol de la conducta, observable, capaz de desorganizar tanto las actividades interpersonales como las de grupo. Es importante distinguir entre “niños activos con una conducta apropiada a la edad de su desarrollo” de los que muestran un patrón persistente de descontrol conductual que provoca alteraciones sociales y/o académicas. Claramente, no todo niño con una conducta inapropiada tiene “trastorno de conducta”. La gravedad, la intensidad y el patrón de conducta que aparece como negativa, desafiante, disruptiva, destructiva o agresiva sirven para distinguir estas condiciones que están relacionadas.

- Trastorno de hiperactividad con déficit de atención (THDA)
- Trastorno de oposición desafiante (TOD)
- Trastorno de conducta disruptiva – sin especificar (TCD-SE)

 

Los niños con síndrome de Down (SD) + THDA pueden, a veces, ser desafiantes, desorganizadores o ligeramente agresivos. Del mismo modo, los niños con SD+TOD o con SD+TCD presentan también frecuentemente THDA. Por tanto, si lo tomamos todo en su conjunto, el síndrome de Down con THDA, o con TOD o con TCD sigue una línea de continuidad con gravedad creciente en sus trastornos de conducta.

 

¿Cuándo se diagnostican los Trastornos Disruptivos?

En los niños normales, los trastornos disruptivos se diagnostican en la edad de escuela elemental, cuando el niño tiene entre 5 y 7 años. Sin embargo, los niños pequeños con síndrome de Down pueden mostrar conductas desafiantes, hiperactividad motora y dificultades de atención antes de los tres años. Y los niños con predisposición temperamental pueden desarrollar conducta desafiante sin que existan problemas claros de hiperactividad o de atención. Cabe esperar un cierto grado de terquedad o de desafío en preescolares con síndrome de Down que puede tratarse con un estilo de disciplina que sea firma, constante.

 

¿Por qué se dan más frecuentemente las conductas desorganizadoras en las personas con síndrome de Down?
Se estima que la prevalencia de los trastornos de conducta disruptiva es del 8-12%, sustancialmente mayor que el 3-4% que se aprecia en la población general. Los factores que pueden pre-disponer a que los niños con síndrome de Down muestren esta conducta pueden ser los siguientes:
- Exigencias poco realistas por parte de los padres y educadores basadas en las expectativas del desarrollo (habla, lenguaje, cognición, autoayuda)
- Ansiedad recurrente, frustración
- órdenes inmediatas que exigen interrumpir una actividad preferida o abandonar un ambiente.
- Desajuste temperamental entre los padres y el niño
- Descontrol de los impulsos
- Un estilo cognitivo rígido e inflexible
- Una conducta aprendida para llamar la atención social o para escaparse.

 

Los niños que tienen un trastorno cognitivo son muy capaces de utilizar la conducta disruptiva para manipular a sus cuidadores y para establecer un patrón de conducta aprendida, nada deseable, que es difícil de cambiar.
Hay también ciertas alteraciones médicas que pueden predisponer a individuos previamente vulnerables: dolor físico no detectado, hipertiroidismo, trastornos del sueño, trastornos visuales o auditivos que pasan desapercibidos, efectos secundarios de alguna medicación.{mospagebreak}

 

¿Cómo se diagnostican en general las conductas disruptivas?

- Observándolas en casa y en la escuela.
- Analizando el ambiente social del niño a la búsqueda de los hechos que los desencadenan y de las consecuencias que se derivan de esa conducta.
- Haciendo que los padres, profesores o terapeutas dispongan de listados completos sobre la conducta y escalas de puntuación.
- Realizando una evaluación médica para buscar factores fisiológicos que sugieran un componente médico o psiquiátrico en la base del problema
- Efectuando una evaluación del desarrollo para determinar el nivel actual de las habilidades relacionadas con la cognición, el habla y lenguaje y la autoayuda.

 

¿En qué categorías se clasifican los tipos específicos de Conducta Disruptiva?

En los niños en etapa preescolar, es de esperar un cierto grado de tozudez y oposición, pero eso no indica la existencia de un trastorno per se. Algunos niños desarrollan conductas que tratan de evitar o de resistirse a la instrucción académica o a realizar una tarea que se percibe como demasiado difícil en razón de las consecuencias, como puede ser el miedo al fracaso. Puede parecer como que esos niños no se fijan, están distraídos, inquietos, no cooperan, exigiendo atención, particularmente en la clase o cuando ha de hacer tareas en casa.

Los criterios de la THDA, para ser considerados en términos de edad del desarrollo, son: tiempo breve de atención, facilidad para la distracción, pobre control de los impulsos, hiperactividad motora, fácil frustración, está inquieto e impaciente, desorganización, no termina las tareas aun siendo capaz de hacerlas, está malhumorado y caprichoso, muestra escaso sentido del peligro. Algunos de los síntomas aparecen antes de los siete años.

Los criterios de la TOD: En función de la edad del desarrollo, conductas de oposición periódicas o en ciertas situaciones, desafío y no cumplimiento de lo que se le ordena, constantes argumentos o rabietas.

Los criterios de la TCD-SE: accesos periódicos o en ciertas situaciones de agresividad hacia otros, desorganización o destrozo físico en ciertas situaciones, y en algunos contextos destrucción de objetos.- (Pero en muchos niños la conducta agresiva es muy frecuentemente impulsiva o busca la atención, sin malicia).

Estas conductas no son ocasionales sino que son mantenidas y terminan por provocar algunos trastornos sociales, familiares o en la vida escolar, al menos durante un período de seis meses.

 

Estas conductas disruptivas, ¿conforman un espectro de trastornos?


Tomadas en su conjunto, el SD+ THDA – TOD – TCD-SE se alinean a lo largo de un continuo creciente de gravedad y trastorno de la conducta. Sin embargo, incluso dentro de una categoría diagnóstica (p. ej. TOD) pueden existir diferencias:

- Existe una variación en el grado o intensidad del trastorno en relación con los rasgos conductuales descritos más arriba, lo que da lugar a un perfil de síntomas muy individualizado que puede ser ligero o grave.
- Las conductas desorganizadoras son en su mayor parte un diagnóstico de desarrollo, por lo que se expresan y manifiestan de forma variada según la edad y madurez del niño.
- La presencia o ausencia de síntomas fisiológicos de base varía considerablemente entre los individuos, y puede influir en cómo los médicos conceptualizan el componente biológico o psiquiátrico relacionado con la disfunción de la conducta.
- Las situaciones ambientales y sociales son diferentes en cada niño. Por tanto, puede que la capacidad desorganizadora se exprese en situaciones muy específicas y poco comunes.

 

¿Pueden confundirse las conductas disruptivas con otras condiciones o alteraciones?

Sí, es frecuente la confusión o la incertidumbre diagnóstica, por varias razones:

- En los casos de niños preescolares, puede haberse dicho a los padres que la conducta disruptiva representa simplemente una etapa normal del desarrollo del niño a esa edad, o que es un atributo normal de los niños con síndrome de Down.

- Con frecuencia se olvidan de los factores médicos. Por ejemplo, si el niño muestra un alto grado de hiperactividad e impulsividad, se le da simplemente el diagnóstico de THDA. Pero es preciso tener en cuenta también si hay hipertiroidismo, o trastorno del sueño, o efectos secundarios de algún medicamento.

- Solo suelen reconocerse ciertos aspectos del complejo sintomático conductual. Y así, mientras que se identifican fácilmente las conductas agresivas o disruptivas, pueden olvidarse de otros síntomas fisiológicos como son la aversión sensorial, la ansiedad, la rigidez cognitiva, la irritabilidad, el humor fluctuante.

- Además de la capacidad desorganizadora, algunos padres pueden ver rasgos del trastorno de espectro autista en sus niños (p. ej. la tendencia a repetir, la aversión sensorial, la escasa habilidad para juegos sociales, la regresión del desarrollo), lo que les lleva a concluir que su hijo tiene autismo. Pero puede no serlo. Sin embargo, incluso si el autismo no es el diagnóstico primario, esos rasgos complican el diagnóstico y el tratamiento de los niños con conducta disruptiva.
Existen problemas psiquiátricos que pueden coexistir con la conducta disruptiva. Esta conducta preocupa y es fácilmente reconocible. Sin embargo, los rasgos fisiológicos –que frecuentemente pasan desapercibidos- pueden dar pistas en relación con el componente psiquiátrico en casos complejos.

- Durante la infancia puede ir apareciendo un estilo cognitivo-conductual marcado por la rigidez e inflexibilidad, y por la necesidad de hacer siempre lo mismo, y podría ser un “marcador” conductual temprano de un trastorno obsesivo-compulsivo que está todavía por manifestarse.

- Ocasionalmente, la irritabilidad, la rápida fluctuación en el estado de ánimo, la menor necesidad de dormir en los niños de edad escolar podrían ser signos muy precoces de un trastorno cíclico del ánimo, como por ejemplo la depresión bipolar.

 

¿Qué aspectos médicos han de tomarse en consideración?

Cuando se evalúa a niños con SD+ TDAH- TOD – TCD-SE, han de considerarse causas posibles como son el dolor físico (gastrointestinal, otorrino, dolores de cabeza, dentarios, osteomusculares, menstruales), el hipertiroidismo, trastornos de sueño, apnea del sueño, efectos secundarios de medicación (estimulantes, medicamentos para resfriados y asma, cafeína).

 

¿Cuáles son los problemas a largo plazo de los trastornos conductuales disruptivos?


- El niño puede sufrir fracaso escolar, rechazo social o ser ubicado en un lugar de la clase más restrictivo.
- Riesgo de que se lesione a sí mismo o a otros.
- La existencia de otros trastornos psiquiátricos como la ansiead, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno del ánimo, que estén aún por manifestarse.
- Dificultades para someterse a intervenciones médicas (ciertas exploraciones) o dentales.
- Pueden aparecer problemas crónicos de conducta “aprendida”.
- Fracasos en la respuesta, a pesar de los intentos realizados con buena voluntad de intervención médica/conductual/comunicación funcional.
- Los cuidadores pueden terminar frustrados, ansiosos, deprimidos, y pueden originar problemas de familia y matrimonio.{mospagebreak}

 

¿Quién ha de hacer el diagnóstico?

Un padre, un terapeuta o un maestro tendrán preocupaciones sobre una conducta disruptiva obvia. Un pediatra de atención primaria, o especializado en desarrollo o en conducta, puede hacer un diagnóstico firme. Si los intentos iniciales por modificar la conducta o tratar esa condición médicamente no tiene éxito, se habrá de consultar a un psiquiatra infantil, especialmente si hay síntomas fisiológicos destacados y complejos. Más importante que el hecho de que tenga credenciales específicas, es esencial que el evaluador tenga experiencia en valorar niños con discapacidad intelectual.

 

Si se sospecha una conducta disruptiva, ¿qué han de hacer los padres?

Hablar con el pediatra de atención primaria y pedir consulta con un profesional reconocido que le ayude como guía. Puede ser un pediatra experto en desarrollo o en conducta que tenga interés en el síndrome de Down y en el diagnóstico dual, o un psiquiatra infantil, o un psicólogo clínico experto en conducta en un centro médico académico. b/Estén preparados para lo que puede ser una letanía de sugerencias contradictorias que son difíciles de ordenar, especialmente en una familia que se encuentra en crisis./ Es conveniente trabajar con profesionales que les ayuden a comprender, evaluar y priorizar las diversas opciones, y que no sean hipercríticos o se sientan incómodos por los intentos de los padres de diseñar un programa que sea el mejor para su hijo.

 

¿Qué cabe esperar de un proceso de evaluación?

Una evaluación completa ha de consistir en hacer una historia médica y del desarrollo; observar al niño en situaciones sociales y lúdicas (juego), tanto estructuradas como no estructuradas, en casa y en la escuela; y determinar una puntuación sistemática de las conductas siguiendo escalas de puntuación bien validadas. Es útil frecuentemente realizar una prueba formal cognitiva y de lenguaje para determinar el nivel funcional del niño, si no la tiene ya hecha.

 

¿Es beneficioso tener un diagnóstico dual de THDA, TOD o TCD-SE?

En muchos casos, esto le da derecho a su hijo a recibir servicios especializados de intervención educativa y conductual en la escuela. Muchos padres y maestros describen lo aliviados que se sienten cuando saben que el niño que presenta una dificultad puede tener un diagnóstico secundario que explique sus conductas problemáticas.

 

¿Qué se debe hacer ante un diagnóstico dual?

- Contacten con la escuela de su hijo o con el programa de intervención para hablar sobre el Programa Educativo Individual o IFSP. éstas son las intervenciones más esenciales para manejar una conducta disruptiva en un niño de edad preescolar o escolar.

- Asegurar que se dispone de un sistema funcional de comunicación, basado en la visión –como puede ser un tablero con dibujos u otros que permita cambiar fotografías- cuando no hay lenguaje o no es funcional para la comunicación.

- Determinar y establecer expectativas que sean firmes, constantes, realistas, así como los procedimientos y prácticas de disciplina. Definir “las reglas” con anticipación ayuda tanto al hijo como a los padres.

- Desarrollar un plan de apoyo positivo para manejar la conducta, mediante el reforzamiento proactivo de las conductas que se desean, y ayudar a manejar las conductas que sean agresivas o desorganizadoras. Tanto los profesores como los padres habrán de ser entrenados para conseguir esto.

- Proporcionar tratamientos basados en la estimulación sensorial para reducir las hiperrespuestas a los estímulos ambientales, evitando los estímulos sensoriales que resulten lesivos; manteniendo un ambiente que sea predecible y no confuso; y utilizando técnicas que calmen y relajen a su hijo.

- Considerar la posibilidad de recurrir a la medicación para reducir ciertos síntomas fisiológicos diana que puedan estar presentes: trastornos del sueño, irritabilidad, ansiedad, conductas repetitivas, hiperactividad, impulsividad, pérdida de atención, desorganización cognitiva.

 

Los padres que estén decidiendo si probar o no la medicación, deberán considerar varios factores, que incluyen la gravedad y duración de los rasgos fisiológicos; el grado en que estos rasgos o conductas interfieren con el progreso en el desarrollo, en la vida académica y en la vida social; su impacto en las relaciones sociales y familiares. Considerar también el impacto directo de conductas peligrosas no controladas como son la agresión y la auto-lesión, sobre la seguridad y la salud del individuo y de los cuidadores. Pero incluso cuando se emplee medicación, es esencial disponer de un plan de tratamiento conductual y de que esté a punto una buena estrategia de comunicación.

 

 

Autor: George Capone
Director de la DS Clinic, Kennedy Krieger Institute, Baltimore, USA. 
Publicado originalmente en la revista Down Syndrome News, Vol. 30 No. 4, 2007. 
Retomado en la Revista Síndrome de Down, Volumen N. 24, Sept. 2007

Visto 16316 veces
ARTÍCULOS RELACIONADOS

Banner Cirdis2016 291x86

ganadores

boletin Electronico

ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS

Integración escolar de los niños con Necesidades Educativas Especiales

 
¿Y qué es trabajar con amor?
Es poner en todo lo que hagas un soplo de tu alma

Gibran Khalil Gibran.
¿Cómo fomentar la socialización y estimular la cooperación y la comunicación en contextos áulicos y recreativos? Aquí 18 actividades que pueden convertirse en una herramienta formidable para el docente...
 
Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

Foto de niño con expresión seria

La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.

banner cirdis

ALIADOS
  • Venezuela Sin Limites
  • ExcelsiorGama
  • DHL
  • Bancaribe
  • Banesco
  • Proquim,CA