Padres de Familia: Cuidándonos a Nosotros Mismos

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"No puedes cuidar de otra persona hasta que aprendes a cuidar de ti mismo." Esta afirmación, que refleja una verdad universal, ha perdido gran parte de su significado por desgaste. Con frecuencia decimos cosas como ésta sin comprender realmente la dimensión de lo que decimos. Los padres, y los padres de niños con discapacidad, son particularmente propensos a ignorar esta verdad psicológica fundamental.

 

 

¿Exactamente qué debemos cuidar? E igualmente importante, ¿cómo podemos cuidar de nosotros sin perjudicar a los demás? Las respuestas a estas preguntas se relacionan con la esencia de lo que significa ser padres efectivos y afectivos.

 

¿Qué debemos cuidar?
Necesitamos cuidar de nuestro Ser (nota de la traductora: en este texto, "Ser" equivale a "Self"). Nuestro Ser representa la esencia de quien somos. Es algo más importante que la imagen pública que proyectamos. Es más amplio y profundo que el Ego que funciona como su vocero. Es más poderoso y duradero que nuestra personalidad cambiante, sobre la cual domina. ¡Es lo principal!

 

Nuestro Ser no es unidimensional. Es multifacético, multidimensional, y se encuentra en un estado constante de evolución. Si bien es una entidad dinámica y cambiante, existe un nivel de nuestro Ser que resulta bastante prede-cible e idiosincrásico. Este nivel de nuestro Ser consiste de nuestras necesidades psicológicas, nuestro maquillaje emocional y las tendencias conductuales que se mantienen características en nosotros a lo largo de nuestra vida (tal es el caso de un niño impulsivo que se torna un adolescente inquieto, quien a su vez se convierte en un adulto impaciente).

 

Dentro de la complejidad de nuestro Ser, nuestras necesidades psicológicas son las que requieren nuestra atención y nuestro cuidado más inmediatos. Una necesidad psicológica es lo que debemos satisfacer para poder sentirnos seguros y saludables. Una necesidad frustrada, ocasionará una fiebre emocional - ira, tristeza, y una autoestima debilitada.

 

Necesidades fisiológicas y psicológicas: dinámicas similares
La dinámica de nuestras necesidades fisiológicas refleja lo que sucede a nivel psicológico. Nuestro cuerpo requiere, necesita, ciertas substancias específicas para funcionar: la sal, el zinc, el hierro, el potasio, etc. A medida que estas substancias disminuyen, el cuerpo tiene un método de comunicar justo lo que se necesita. La falta de estas vitaminas, minerales y sales ocasiona síntomas específicos fisiológicos, emocionales, cognitivos y conductuales (como cuando, por ejemplo, nos volvemos irritables, letárgicos, entumecidos mentalmente y actuamos como si estuviéramos bajo la influencia del alcohol, cuando nuestro nivel de azúcar en la sangre disminuye). La carencia de estas substancias castiga sin perdón y obstruye nuestra habilidad para relacionarnos efectivamente con los demás.

 

Los síntomas relacionados a nuestras necesidades fisiológicas deberían alertarnos que nuestro cuerpo requiere de las substancias agotadas. Si nosotros no nos percatamos o ignoramos estos síntomas, colaboraremos a que empeoren las cosas a través de nuestra falta de acción o de mala interpretación de lo que nos está sucediendo.

 

El proceso es similar a nivel psicológico. Existen necesidades psicológicas universales que forman parte integral de todos nosotros. Estas necesidades están comprendidas dentro de la condición humana. Las necesidades psicológicas más comunes incluyen la necesidad de: ser amados, ser respetados, sentirnos en control de nuestra vida, ser apreciados, reconocidos, admirados y sentirnos adecuados. Una de las necesidades psicológicas más importantes es el alcanzar nuestro verdadero potencial, vivir en forma congruente con nuestra verdadera naturaleza. En la medida en que nuestra forma de vida frustre estas necesidades, nuestras relaciones con otros sufrirán.{mospagebreak}

 

El caso de Ana
Cuando ignoramos o minimizamos nuestras necesidades psicológicas, surgirán consecuencias emocionales, conductuales e inclusive físicas que pagar. El cuidar de nuestro Ser significa que deberemos respetar el poder que ejercen nuestras necesidades y hacer lo máximo para que podamos satisfacerlas en forma responsable. Un caso ilustrativo es el de Ana.

 

Ana es la madre de una niña con parálisis cerebral. El dolor y el esfuerzo por encontrar la ayuda adecuada para su hija se tornaron en la razón de ser de Ana. Nada parecía ser más importante que cuidar de su bebé.

 

Si la niña se despertaba de noche, Ana estaba ahí como un relámpago. Si Ana salía a cenar, se la pasaba llamando a su casa a cada ratico, para saber de la niña. Si Ana estaba cansada, si se sentía triste o si se sentía abrumada por su vida, no prestaba mucha atención a su Ser.
Después de todo, nada podía compararse con lo que su hija estaba pasando. Nada podía ser más importante. Sus sentimientos y necesidades palidecían ante la realidad de la parálisis cerebral de su hija.

 

Al igual que sucede con la mayoría de nosotros, las necesidades psicológicas de Ana permanecían, a pesar de las exigencias de cuidar a un niño con una discapacidad. Nuestras necesidades psicológicas nunca se toman unas vacaciones, ni se desvanecen de nuestra existencia y definitivamente no se "dan de alta" por buen comportamiento. Forman parte de quienes somos.

Al igual que en el caso de nuestras necesidades fisiológicas, si no las satisfacemos, sufriremos consecuencias emocionales, cognitivas y conductuales. El cuidar de un niño con necesidades especiales, requiere un compromiso enorme, desinteresado y a tiempo completo. Muchas de nuestras necesidades psicológicas tienen que pasarse para la hornilla de atrás, donde permanecen cociéndose silenciosamente hasta que la olla comienza a quemarse.

 

Una de las necesidades psicológicas más importantes para Ana era su deseo de sentirse amada y apreciada. Esta necesidad era esencial para ella, en vista al impacto psicológico de traer al mundo un niño con discapacidad. Como era de esperarse, Ana estaba luchando con sus sentimientos de autoestima. Con frecuencia los padres de niños con discapacidad sufren sentimientos de culpabilidad e ineptitud, creyendo erróneamente que pueden haber contribuido con las dificultades de su hijo.

 

La culpabilidad, el sentimiento de ineptitud y la preocupación sobre un futuro terriblemente incierto se combinan para potenciar nuestras necesidades psicológicas, especialmente la necesidad de sentirnos amados y apreciados. Es precisamente durante esos momentos difíciles que necesitamos ser reconfortados para hacernos sentir que aún somos valiosos e importantes para quienes nos aman.

 

Hubiera sido mucho más fácil para Ana reclamar el amor y el aprecio que necesitaba. Si hubiera podido pedirle a su esposo, a su madre o a sus amigos que le dieran un fuerte abrazo y un espaldarazo, esa necesidad hubiera sido satisfecha. Una vez satisfecha, Ana hubiera tenido la energía psíquica para continuar por su camino difícil. Pero, como suele suceder, Ana no pudo resolver directamente esta necesidad. Y la necesidad se tornó voraz.

 

En vista a que Ana se sentía inadecuada y profundamente culpable en relación con lo que percibía como su responsabilidad por el dilema de su hija, no podía exponerse a mayores muestras de rechazo y desaprobación. Se sentía tan mal con relación con si misma que estaba segura que otros la percibían igualmente despreciable. Ana temía no ser merecedora del amor de otros y ciertamente no ser merecedora del aprecio de nadie. Por lo tanto, mantuvo su necesidad oculta.

 

La "madre perfecta"
Para probarse a si misma que era valiosa, Ana se convirtió en "la madre perfecta". No había una tarea demasiado exigente, ningún requerimiento más allá de sus habilidades, ningún sacrificio demasiado grande. El temor silencioso de ser indigna la empujó a aseverar su mérito a través de su dedicación y entrega. En vista a que la necesidad psicológica original no fue expresada, ésta permaneció ajena a lo que Ana estaba haciendo. No importa cuanto Ana hiciera, su necesidad de sentirse amada permaneció básicamente intacta. Mientras más tiempo permanecía sin atender su necesidad de sentirse amada, más poco valiosa se sentía. Mientras más poco valiosa se sentía, más tenía que hacer para compensar por su baja autoestima.

 

Cuando caemos en un patrón como éste, existe una tendencia de volvernos más irritables, impacientes y a la defensiva. Ana cumplía con las tareas del cuidado de su hijo, socializaba con sus amigos, atendía a los otros miembros de la familia. Pero, a medida que hacía esto, se volvía más intenso su resentimiento y culpabilidad. Como era de esperarse, Ana se enfermó físicamente. Enojada, aislada, enferma. Una combinación de lo físico y lo psicológico que hizo imposible que pudiera proporcionarle a su hija el cuidado y la atención que tanto deseaba darle.

 

Cuando ignoramos nuestras necesidades psicológicas, muy probablemente nos sentiremos incomprendidos, abusados y desesperadamente aislados de aquellos a quienes más necesitamos. Esto no es cuidar de nuestro Ser.

 

¿Qué representa cuidar de nuestro Ser?
El cuidar de nuestro Ser significa que prestamos atención a lo que necesitamos emocionalmente y psicológicamente. De no hacerlo, las consecuencias de las necesidades no satisfechas harán de nuestra vida y de la de los demás algo abrumadoramente estresante. Es una situación perjudicial para todos.

 

Nosotros tendremos mayor posibilidad de cuidar de otros efectivamente y afectivamente cuando nos sintamos satisfechos con nuestro Ser, o mejor aún, cuando nuestro Ser se sienta satisfecho con nosotros. El ocuparnos de satisfacer nuestras necesidades nos mantendrá en el carril correcto. Podremos pensar con claridad, nuestras emociones no se tornarán abrumadoras y nuestro comportamiento será más controlado. El satisfacer nuestras necesidades equivale a nutrir nuestra alma.

 

Hay ocasiones, sin embargo, cuando las necesidades de otros tomarán precedencia sobre las nuestras. Posiblemente tengamos que poner en espera el satisfacer nuestras necesidades para atender a las demandas y a los requerimientos que exija el momento. Si ya hemos aprendido que debemos cuidar nuestro Ser, si ya hemos experimentado nuestra capacidad para atender nuestras necesidades, será más fácil cuidar de los demás. Y más importante aún, cuando nos sentimos convencidos de nuestra habilidad para cuidar de nuestro Ser, nuestro cuidado para con los demás será más amable y bondadoso. Si nos sentimos víctimas de los requerimientos de los demás, si tememos que nadie se preocupe realmente por nosotros, estaremos limitados en relación con lo que podamos dar a los demás. Puede que realicemos el trabajo, pero nuestro corazón no estará involucrado.

 

La esencia de dar y de cuidar tiene sus raíces en un Ser satisfecho. A medida que nuestro Ser se encuentre frustrado, menor su capacidad para proveer por los demás.

Leer más de Marc aquí...
 
 
Autor: Marc Ehrlich, Ph.D.
Sobre el autor: Marc tiene un doctorado en Psicología de la Universidad de Austin, Texas; 
es columnista del periódico "The News" y se dedica a la práctica privada de psicoterapia
y cursos de relaciones personales.
Traducción: Angela Couret

 

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

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