Equilibrando el optimismo con el realismo

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Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y quieren que sus hijos sean los mejores. Nada hace más feliz a un padre que tener un hijo atractivo, inteligente, agradable, talentoso y saludable. La vida no es como en Lake Wobegon*, donde "todos los niños sobresalen de la norma"; pero un niño que no logra alcanzar, y que no puede alcanzar los niveles más elevados de desempeño sigue siendo un niño valioso.



El padre de un niño pequeño con necesidades especiales tiene que buscar el delicado equilibrio entre una actitud optimista hacia lo que puede ser posible y una comprensión realista de lo que no puede ser. Las expectativas demasiado bajas perjudican al niño, pero también lo hacen las expectativas demasiado elevadas. Simplemente no es cierto que cualquier niño puede hacer cualquier cosa. Raramente puede cualquier niño, con o sin necesidades especiales, tener la habilidad de alcanzar los niveles más altos de desempeño en una sociedad altamente competitiva.

 

Durante las últimas tres décadas hemos presenciado un gran cambio cultural en relación con el conocimiento público en torno a la discapacidad y el potencial que tienen las personas con discapacidad para tener éxito en nuestra sociedad. Se han realizado esfuerzos a nivel estatal y federal para incluir más y más niños con necesidades especiales en aulas regulares. Se le requiere a arquitectos y constructores proveer accesibilidad para las personas con impedimentos físicos. Las tecnologías sofisticadas y el apretado mercado laboral han abierto oportunidades de empleo para las personas con necesidades especiales.

 

Dos enfoques...

 

Existen dos enfoques básicos para manejar la discapacidad: hacer que el entorno se acomode a la persona o hacer que la persona se adapte al entorno. Los padres de niños con necesidades especiales deben entender claramente la diferencia tan profunda entre estos dos enfoques. ¿Harás que el mundo se ajuste al niño o que el niño encaje en el mundo? Afortunada-mente, las dos opciones no son mutuamente excluyentes, y son fundamen-talmente complementarias.

 

Las sillas de rueda, los implementos de comunicación aumentativa, los textos en Braille, los subtítulos - éstos son dispositivos que permiten que las personas con discapacidad franqueen las barreras naturales que les presenta el entorno. Soluciones sencillas de diseño universal, tales como rampas en lugar de escaleras, pueden hacer el acceso posible a un costo bajo o insignificante y con pocos inconvenientes.

 

Se están desarrollando rápidamente métodos alternativos de presentar el currículum al niño con dificultades de aprendizaje, apoyados por los programas computacionales; y los que publican material educativo están encontrando que lo que funciona bien para el niño con necesidades especiales con frecuencia funciona bien para el niño que se desarrolla típicamente.

 

Otras formas de intervención tratan de cambiar el niño al reducir su deficiencia funcional producto de la discapacidad, incluyendo terapias farmacológicas e intervenciones quirúrgicas. Y, por supuesto, existen muchas formas de terapia física y ocupacional que pueden ayudar a mejorar el funcionamiento.

 

La mayoría de los padres no están preparados por naturaleza para manejar la programación educativa y terapéutica de sus hijos con necesidades especiales. Existen muchas disciplinas para ayudar al niño, pero los recursos están usualmente esparcidos y atomizados. La información no se consigue facilmente y con frecuencia se muestra contradictoria de una fuente a otra. Algunos proponentes de ciertas terapias o intervenciones pueden mostrarse apasionados en sus creencias, llegando a excluir otras posibilidades. Como muestra, las diferentes facciones en el debate sobre la comunicación para las personas sordas. Los que proponen fuertemente el método oral (lectura labial, sin señalizar) creen fervientemente que el señalizar solo le resta oportuni-dades a la persona sorda de ser incluida en la sociedad en general. Igual-mente fervientes, los que proponen sólo el lenguaje de señas argumentan que la cultura sorda debe ser respetada bajo sus propios términos, sin hacer concesiones al mundo oyente.

 

Como padre, ¿cómo decidir entre las diversas terapias, tratamientos y métodos educativos?

 

Puede tener sentido optar por un punto medio, pero si uno de los enfoques extremistas es en realidad "el correcto" y Ud. no lo eligió, su hijo no se habrá beneficiado al máximo posible. Medidas "a medias" pueden representar resultados "a medias." Sin embargo, si Ud. se ha equivocado en su elección, puede que no se dé cuenta de la equivocación a tiempo para cambiar de opción, y la oportunidad perdida o el daño puede ser irremediable. ¡Qué situación compleja! 

 

Una estrategia...

 

Cualquier plan de intervención debe tener una estrategia. ¿Va Ud. a insistir en ir por la "medalla de oro", aunque ésto represente un fracaso total? Pero, de no hacerlo, ¿pudo Ud. hacer, debió Ud. hacer, hubiese podido Ud. hacer más? Ud. no se puede dejar paralizar por la indecisión o su hijo sufrirá por ello. Pero, ¿cómo saber si la decisión que se ha tomado es la correcta?

 

Una forma de concebir la situación es pensar que la decisión correcta, aquella que nos llevará al mejor resultado final, no se puede conocer con antelación. Lo que sí podemos evaluar son las probabilidades de éxito o fracaso (y ésto dependerá de cómo Ud. defina estos términos) y las consecuencias buenas y malas que pueden resultar de las diversas opciones posibles.

Una terapia que no ha sido muy comprobada, sustentada en unos pocos y grandiosos éxitos anecdóticos, puede parecer tentadora, pero la probabilidad de que resulte exitosa con su hijo puede ser baja, y las consecuencias de que sea la terapia equivocada pueden ser graves. Sólo se reconocerá a ciencia cierta la mejor opción luego de su implementación, si acaso.

 

¿Desea Ud. intentar lograr un resultado aceptable - no necesariamente el mejor - pero un resultado que muy probablemente podrá lograrse? O ¿desea Ud. apostarlo todo en un método que puede no funcionar pero, que de hacerlo, sería sobresaliente? Las prácticas "de punta" pueden "puyar" en ambos sentidos.

 

Este es el tipo de estrategia que debemos decidir. Son elecciones subjetivas y no existe experto alguno que pueda mejorar la capacidad de decisión suya, como padre. Los expertos pueden advertirle los aspectos positivos y negativos y las probabilidades de éxito o fracaso, pero no pueden liberarlo, mágicamente, de su responsabilidad como padre para tomar la elección subjetiva.

 

Recursos limitados

 

Algo fundamental al elaborar un plan para un niño con necesidades especiales es entender sobre la asignación de unos recursos limitados. ¿Qué está limitado?: el tiempo, el dinero y la energía. Ud. y su hijo tienen solo 24 horas al día, y al restar las horas dedicadas a dormir y comer, probablemente sólo la mitad. Para un niño de edad escolar, con frecuencia cada hora de terapia es una hora menos que pasa en el salón de clases.

 

Los padres - especialmente aquellos que trabajan fuera del hogar y que tienen otros hijos - no tienen tiempo ilimitado para dedicar exclusivamente al cuidado del niño con necesidades especiales. El cuidado, las intervenciones, los tratamientos, el equipamiento, etc. toman tiempo y pueden ser muy costosos. Las familias deben establecer prioridad al asignar los recursos limitados entre lo que es realmente "crítico para la misión" y lo que es útil, pero no esencial. Siempre hay más que hacer, pero raramente existen recursos ilimitados de tiempo, dinero y energía para hacerlo.

 

Ningún padre que dedique su vida entera al niño realmente logrará ser efectivo. Para hacer bien el trabajo, se requiere poder enfocarse y disponer de energía. Si Ud. está completamente inmerso en la discapacidad de su hijo, perderá la perspectiva. Si Ud. se agota a diario, estará vacío emocionalmente en cuestión de meses o de años - y su hijo lo sentirá. Si Ud. corre con su hijo de médico en médico, de terapia en terapia, de clínica en clínica, ¿qué logrará realmente con todo ésto y qué tipo de vida tendrá su hijo? Recuerde, el médico y el terapeuta pueden irse a casa! A las buenas personas le pasan cosas malas y por mucho que queramos, no podemos siempre lograr que todo se componga por completo.

 

Aún con las mejores intenciones, no pierda la noción del objetivo real que se persigue - una vida feliz y con significado para su hijo. Si Ud. dedica la infancia completa de su hijo "a que se mejore" y a prepararlo para la adultez, habrá cometido un grave perjuicio con su hijo. La infancia es la época de ser niño. ¿Cuál es el beneficio de dos horas adicionales a la semana de terapia? Una leve mejorìa, tal vez a costa de una juventud perdida.
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Cuando Ud. planifique y establezca prioridades, asegúrese de incluir tiempo para el juego común y corriente y para actividades de ocio que permitan el desarrollo de la secuencia evolutiva natural. Sin esa oportunidad, su hijo tal vez haya cambiado una ventaja a nivel físico por una desventaja a nivel emocional o social (...)

 

Ud. ya es un padre interesado y motivado, que busca para su hijo un alto nivel de participación y apoyo. Necesita su propio sentido de optimismo y una apreciación realista de las circunstancias. Al reflexionar sobre lo mejor que Ud. puede hacer por su hijo, trate de imaginarse las circunstancias que su hijo atravesará durante las diversas etapas de su vida. Procure imaginar cómo será cada día y cuáles serán las limitaciones reales. Puede que un niño con parálisis cerebral no llegue a ser astronauta, pero, ¿cuántos de nosotros podremos serlo? Comprenda cuáles serán las limitaciones reales y establézcalas como objetivos.

 

El idear un programa práctico y alcanzable para su hijo hará mucho más por él que esperar lo imposible y Ud. podrá decirle a él o a ella: "Sé todo lo que puedas ser" - ni más ni menos.

 

Sobre Jeffrey E. Horvitz: Es padre de un hijo con sordera profunda y parálisis cerebral several. Participa en la junta directiva de muchas organizaciones sin fines de lucro, incluyendo CAST, Tufts University School of Medicine y Berverly School for the Deaf. Las opiniones reflejadas en este artículo representan la opinión del autor y no necesariamente la de ninguna de las organizaciones en las que participa. Horvitz tiene estudios de postgrado en Psicología y en Sociología.

 

Nota: *Lake Wobegon: Nombre de un pequeño pueblo imaginario e idílico en Minnesota (EE.UU.), donde se sitúa el programa radial "A Prairie Home Companion", difundido por PBS y original de Garrison Keillor.

 

Autor: Jeffrey E. Horvitz
Fuente: Exceptional Parent Magazine, Sept. 2001 
Traducido y publicado con la autorización de Exceptional Parent Magazine. 
http://www.eparent.com
Traducción: Angela Couret
 

 

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.
 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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