Aspectos emocionales de la Atención Temprana

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Los bebés y los niños necesitan que haya alguien que reciba y retorne sus primeras experiencias de relación, que se los coja en brazos, se les acaricie, que se los mire, que se les hable. Importante cuidar los aspectos emocionales en la atención temprana.

Foto de papá con bebé

 

Autora: Cristina Cristóbal Mechó, Psicóloga y Logopeda. Psicoterapeuta;
Presidenta de la Asociación Catalana de Atención Precoz. 
Fuente: Minusval. Oct. 2006 
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 18 No. 2 (2007)

 

La Atención Temprana se entiende como el conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0 a 6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastorno en su desarrollo o que tienen riesgo de padecerlos.

Estas intervenciones, que deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales de orientación interdisciplinar o transdisciplinar.(1)

Esta definición nos acerca a la idea que no hay un único receptor en Atención Temprana, es imprescindible incluir a la familia y a los diferentes profesionales que intervienen a lo largo del desarrollo infantil. En muchas ocasiones son estos los que desde las guarderías y escuelas, o desde el medio sanitario, pediatras, neonatólogos, etc. detectan la presencia de dificultades en el desarrollo que posteriormente derivarán hacia una intervención en Atención Temprana.

Desde esta amplia mirada, el conjunto de las intervenciones se desarrollan dentro de un  marco de relaciones asistenciales, de "relaciones humanas", donde los aspectos emocionales no solo se circunscriben a los propios del desarrollo infantil, sino que además de conocer y entender qué necesita un sujeto para desarrollarse biológica, psicológica y socialmente, se suman los aspectos emocionales que como individuos partícipes de una relación aportan las madres, los padres y los profesionales que atienden a las familias.

La relación asistencial se establece en un  momento muy particular del desarrollo humano; sin duda, los primeros años de la vida constituyen un período significativo en el proceso de ser persona. El niño para desarrollarse precisa de unos procesos biológicos adecuados, de una relación en la que se sustenten estos procesos, y de un entorno social donde ubicarla, formándose así el círculo biológico, psicológico y social antes mencionado.

Vínculos afectivos

Sabemos de la capacidad innata de los bebés para responder específicamente a situaciones interactivas y de la capacidad para interpretar realidades neurofisiológicas que se transforman en mensajes emocionales. De esta forma, y siempre sustentados en vínculos afectivos, se inician los procesos de mentalización al dar sentido emocional a los estados fisiológicos. Estos vínculos afectivos se conforman como potenciadores del desarrollo global infantil en el que la mente y el cuerpo se comunican.

Los bebés y los niños necesitan que haya alguien que reciba y retorne sus primeras experiencias de relación, que se los coja en brazos, se les acaricie, que se los mire, que se les hable. Que el "Otro", principalmente los padres, pueda dar sentido a las emociones y sentimientos que expresan a través del llanto, de la mirada, de su sonrisa, de los movimientos del cuerpo, de sus gestos. De esta manera el bebé podrá interiorizar las experiencias que serán la base de relaciones posteriores. Se podrá comunicar, desarrollará el lenguaje, el juego y dará forma a su pensamiento.

Los niños y las niñas necesitan que los padres hayan creado, no solo un espacio físico donde ubicarles en sus hogares, sino un espacio en sus mentes para ser reconocidos como sujetos activos e interactivos a los que se les reconoce sus necesidades, competencias y deseos.

El entorno familiar a través de la crianza puede convertirse en un agente que potencia el desarrollo mental, en sus aspectos cognitivos y emocionales, facilitando a los hijos el encuentro con los otros, la autonomía y la diferenciación como personas únicas.

La relación entre los padres y el lactante se concibe hoy como un conjunto de procesos bidireccionales, en los que un bebé no sólo está sometido a las influencias de los padres sino que también origina modificaciones considerables en estos. Con sus gritos, sus sonrisas, sus muecas, con el conjunto de señales y comunicaciones que les dirige, contribuye sobremanera a determinar sus vivencias, sus satisfacciones, sus angustias, su culpabilidad y su consideración de sí mismos como padres (2).

Desde la perspectiva de las emociones,

¿Qué puede suceder en los padres cuando el hijo padece algún trastorno o puede tener riesgo de padecerlo?

Las expectativas que se han ido gestando en relación con la maternidad y la paternidad sufren un vuelco inesperado, y ese vínculo único y diferente que se establece con cada hijo e hija y entre los propios padres, deberá resituarse para que continúe siendo uno de los elementos que posibilita el crecimiento infantil. En gran medida, este crecimiento global, dependerá de la forma en que los padres puedan entender y resolver esta nueva realidad. Cada familia tiene unas características que le vienen dadas por su propia historia biológica, psicológica y cultural, coexisten pues, diversas formas de sentir, entender, de atender y de gestionar las propias emociones.

La familia puede entenderse como un espacio intersubjetivo donde se potencian las funciones emocionales propias del grupo familiar, tales como la generación de amor, el fomento de esperanza, contención del sufrimiento y sobre todo potenciar el pensamiento sobre la actuación (3). Este grupo se transforma en un contexto para el desarrollo y en un contexto donde se pueden resolver conflictos.

¿Qué sentimientos aparecen en los padres y en los profesionales ante los diagnósticos de trastorno en el desarrollo?

La comunicación del diagnóstico, es a menudo una información que provoca, en aquel que la recibe, un dolor emocional equiparable a un sentimiento de pérdida. En estos primeros momentos y según la gravedad del trastorno, la rabia y la incredulidad de lo escuchado invade a las familias, buscan respuestas concretas y rápidas, quieren saber cuando ocurrió, quien o qué es el causante, cual será el pronóstico, un largo etcétera de incógnitas que les llenan el pensamiento.

Los diferentes profesionales de la salud, de la educación o de los servicios sociales que han de comunicar un diagnóstico no están exentos de dolor emocional, no podemos relegar los sentimientos que se generan cuando se ha de comunicar a los padres una información que va a modificar, en pequeña o gran medida, las relaciones y la dinámica de esa familia. Sin disminuir ni eludir la importancia de codificar ni de clasificar; en ocasiones el "etiquetar" o poner el nombre científico a lo que creemos que ocurre, nos lleva a distanciarnos de las diferentes emociones que sentimos y provocamos en los padres. Puede ocurrir que si se prima el diseño de actuaciones, siempre necesarias, sobre el conflicto interno que se ha generado en los padres y en el seno familiar, acallamos las emociones que nos ha generado la comunicación del diagnóstico y no las incluimos como parte de la intervención.

Los padres y sus hijos van a necesitar tiempo, todo un proceso para integrar lo que significa padecer un trastorno concreto. La experiencia terapéutica nos ha ayudado a aprender que no se puede integrar de una vez lo que necesita un proceso para integrarlo.

En este proceso de Atención los profesionales, sea cual sea la especialidad y especificidad de sus trabajos, pueden  encontrarse ante diagnósticos y pronósticos abiertos, que dada la edad temprana de los niños y niñas que se atienden (plasticidad cerebral y proceso de formación de la personalidad), que también necesitan tolerar las dificultades que conlleva la relación asistencial. No siempre pueden responder de inmediato a todas las demandas que les llegan desde los padres y desde los diferentes profesionales que intervienen desde los ámbitos sanitarios, educativos y sociales.

No solo hay que cuidar al paciente, sino que el mismo terapeuta debe aprender a cuidarse emocionalmente para poder entender y atender las implicaciones emocionales que aparecen en toda relación asistencial.

La manera de Cuidar al "Otro" está impregnada por el significado que le damos a los vínculos, y por la propia manera de entender, de vivenciar lo que significa el trato a los demás y a uno mismo. Cuidamos apoyándonos en el aprendizaje de nuestra propia experiencia. Poder unir a las actuaciones terapéuticas las emociones nos acerca hacia un proceso de ATENCIóN, de CUIDADO, donde se interviene desde la globalidad de las personas.

La Atención Temprana es un encuentro asistencial de consecuencias terapéuticas, en un período concreto del desarrollo infantil en el que coparticipan los niños y las niñas, los padres y los profesionales. Se desarrolla en un escenario donde desde la complementariedad de estos agentes se interiorizan relaciones en un encuentro de las diferentes individualidades.

Referencias Bibliográficas:

(1)  Grupo de Atención Temprana-GAT. Libro Blanco de la Atención Temprana. Real Patronato. Madrid 2000.
(2)  P. Mazet y S. Stoleru. Psicopatología en la primera infancia. Ed. MASSON. 1990. Barcelona.
(3)  Meltzer y Harris. El papel educativo de la familia. Ed ESPAXS. 1989. Barcelona.

 

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 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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