Enfocar, encausar, orientar la sexualidad de los hijos.

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Existen diversos modos de vivir o manifestar la sexualidad, de acuerdo a la etapa o circunstancias, en la que una persona se encuentre. Sabemos que la vida sexual no se limita a lo genital y reproductivo. Los mimos, el modo de seducir al otro, la manera de hablarle, componen la vida sexual de una persona y su pareja. Cuando las capacidades intelectuales están disminuidas y el nivel de comprensión no acompaña el desarrollo biológico, ¿se puede enseñar, explicar, orientar la vida sexual de esa persona?


La realidad es que de acuerdo a cómo vivamos nuestra propia sexualidad, comprenderemos mejor la del otro. En general intentamos comprender las expresiones de sexualidad de las personas con déficit intelectual de acuerdo a nuestra mirada, con una “mirada e intención adulta” que nos lleva muchas veces a equivocarnos.

Mientras es común que le brindemos educación sexual a adolescentes de escuela secundaria común con la intensión de capacitarlos para una sexualidad responsable, no ocurre lo mismo en el caso de adolescentes con alguna discapacidad permanente, pensando equivocadamente que por su situación debe renunciar a su sexualidad. Algunas familias por temor a enfrentar el tabú de la sexualidad, prefieren pensar que se trata de niños eternos y que no tienen ni van a tener inquietudes sexuales.

Por el contrario, hay que acordar que “existe” y darle su debido valor.

Padres y madres se preguntan acerca de la sexualidad de sus hijos. Una de las preguntas más frecuentes es: ¿se la puede enfocar?

Al referirse al tema de enfocar, algunos hacen referencia específicamente a si hay que “iniciarlos en la vida  sexual genital”.

En un varón, la pregunta frecuente es: ¿Buscamos a una mujer para que se inicie en el sexo?

Respuesta que encuentra solución en el seno de la misma familia, ya que tendrá que ver con los valores y costumbres familiares. En épocas anteriores era muy común que un tío o el mismo padre llevaran a su hijo varón a ser iniciado sexualmente en un burdel. La práctica va quedando en desuso, ya que en la actualidad muchos adolescentes inician su actividad sexual sin la intervención de los adultos. Aunque en algunos casos siguen la costumbre de la vieja usanza, y en el caso de adolescentes con sus facultades intelectuales disminuidas los padres varones suelen cuestionarse si deben o no  iniciarlo en su vida activa sexual.

Lo cierto es que todo va a depender de cada caso en particular, de los conocimientos de cada uno, ya que iniciar sexualmente a una persona que no está preparada emocionalmente está ligado a  la situación de abuso. Por lo que no es conveniente en el caso de déficit profundo y moderado.

En el caso de las mujeres, esto es impensado. No hay preguntas referidas a la iniciación sexual.

Otro tema frecuente es la masturbación:
- Se masturba, varias veces al día, especialmente cuando esta viendo TV.
Esto sí se escucha de los padres de las mujeres, pero es vivido con vergüenza, con temor.

Además, tanto en varones como en mujeres la mirada del otro despierta inquietud:
- Es lindo, y cuando una chica lo mira, se emociona.

Muchos padres piensan que lo mejor para sus hijas mujeres con discapacidad mental sería que le ligasen las trompas para evitar un posible embarazo.

Adolescentes de nivel madurativo profundo suelen  jugar con los objetos y masturbarse con ellos, pudiéndose observar eyaculaciones en colchonetas en las clases de Psicomotricidad para dar un ejemplo; una conducta que  responde más a una necesidad fisiológica que emocional. Es una conducta que responde más a una necesidad fisiológica que afectiva. Diferente es el caso de las personas con nivel intelectual medio.

La docente Isabel Bruch, educadora en sexualidad y género,  refiere en uno de sus  trabajos de investigación que “L” (autista de alto funcionamiento, de 19 años, con un lenguaje erudito, petulante, que muestra interés por temas relacionados con biología) expresó que él no tendría relaciones sexuales, ni le daría besos en la boca a su novia, porque “se pasan los microbios y se contagian las enfermedades”. No obstante, le gustaría tener una novia para charlar de los temas que le interesan a él.

En la película “Rainman”, se puede observar una escena que transcurre dentro de un ascensor y en la que la novia del hermano del protagonista, personificado por Dustin Hoffman, besa a Rainman y le pregunta qué le pareció, si le gustó. La respuesta fue: “húmedo”. Tienen otro modo de expresar las sensaciones, las emociones.

Debemos tener en cuenta que la evolución mental de las personas con déficit no acompaña el desarrollo biológico.

Lo que sucede es que, por lo general, nos   encontramos  frente a una persona de 18 años, que realmente desde lo físico parece “normal”, pero que desde lo mental tiene  una edad de 3, 6, o menos años.

De ahí la importancia de conocer el proceso de sexuación para poder comprender estos comportamientos, ya que será muy difícil de comprender el comportamiento sexual de las personas con déficit si lo hacemos desde la mente del adulto normal.{mospagebreak}

Enfocar, encausar, orientar la sexualidad de los hijos, ¿es posible si hay déficit intelectual?

Debemos tener como objetivo buscar enseñarles a cuidar su cuerpo, que sepan qué pasa con su cuerpo, que en la medida de sus posibilidades comprendan sus cambios corporales, cómo manifestar su sexualidad de una manera socialmente aceptada teniendo en cuenta las conductas privadas diferenciadas de las públicas, percibir e interpretar estímulos, desgenitalizar la relación sexual y, por sobre todo, ganar autoestima.

Son pocos los padres que hablan de sexualidad con sus hijos sanos. ¿Por qué hacerlo con los hijos con déficit? Porque están más expuestos a sufrir abusos, son más vulnerables a las emociones, a los gestos.

La sexualidad no está limitada a un intercambio físico con otro u otros, sino a un encuentro emocional que permite la integración personal.

El derecho a informarnos sobre la sexualidad, reflexionar acerca de ella y explorar nuestras posibilidades, debe ser ejercido y facilitado por la comunidad a lo largo de todo el proceso de crecimiento, desde la infancia hasta la adultez mayor.

Cuando un bebé nace con algún tipo de patología, desde un primer momento tendemos a que lleven una vida “normalizada”. Con diferentes programas de estimulación y tratamientos terapéuticos se busca su independencia. Que puedan alcanzar autoasistirse en su higiene, en su alimentación, en sus juegos, etc.

Se hace lo posible por escolarizarlo, integrarlo…, y a la hora de su maduración sexual comienzan los miedos y las dudas de que puedan expresar sus necesidades románticas y sexuales.

La educación sexual ayuda a “orientar, enfocar, encausar la sexualidad de los hijos”. No hace falta ser un profesional de la materia para hablar sobre sexualidad con los hijos, pero sí se debe estar preparado para responder cuando surjan las primeras  preguntas. Debemos aprovechar el momento para poder informar y saber que desde pequeños han recibido información a través de la observación de nuestras conductas.

Las demostraciones afectivas de los padres entre sí cuando el niño es pequeño, refuerzan la idea de que ser cariñoso, brindar un abrazo, es una conducta sana, normal y aceptada. Nuestras  reacciones ante las escenas sexuales que emiten en la televisión, inciden en la educación sexual.

También vivirán los efectos de la aprobación o desaprobación de sus conductas, del cumplimiento o no de normas sociales durante su infancia y posteriormente en la adolescencia, y se reflejará en su comportamiento sexual.

Cuando aparecen las preguntas y los adultos no sabemos qué responder, o manifestamos enojo o nerviosismo, o sencillamente no contestamos y evitamos la respuesta, inhibimos la posibilidad de nuevas preguntas.

Hay chicos que no preguntan, pero demuestran sus inquietudes de distintas maneras.

Algunas conductas que refieren docentes de educación especial que observan en las aulas:
- Sentarse en el regazo y apoyar la cabeza en el pecho de la docente, acariciar los pechos.
- Acariciar y acomodar la cabellera de las chicas; si el cabello está atado soltarlo.
- Meter la mano en el interior de los pantalones y tocar los genitales, sin masturbarse.
- Acostarse en el suelo y frotar los genitales.
- Mirar en las revistas personas en ropa interior.
- Masturbarse en público.
- Desnudarse en público sin ningún signo de “vergüenza”.
- Dar besos y abrazos de manera intempestiva.

En casa también se observan dichas conductas y otras como:
- Descubrirlo espiando a hermanos, primos o a los propios padres desnudos mientras se asean o se visten en el baño.

Estas también son maneras de preguntar y está en los padres, docentes y profesionales la capacidad de responder a esas conductas.{mospagebreak}

Para poder responder mejor, es importante capacitarnos, informarnos y nos comunicaremos mejor si tenemos en cuenta lo siguiente:
- Hablarles claramente desde chicos.
- Respetar a cada uno de los miembros del hogar.
- No presionarlos a que cuenten todo.
- No desestimar ninguna pregunta o duda, por simple o “tonta” que pueda parecer.
- Limitarse a contestar sus preguntas.
- No dejar “para después” una charla para tratar temas importantes.
- Tener presente que las actitudes diarias también comunican.
- Enseñar con el ejemplo.
- Respetar su intimidad.
- Orientar sobre cambios (físicos y mentales) que experimentan durante la pubertad, para evitar temores; por ejemplo, en la mujer es fundamental conocer los signos y manifestaciones de la menstruación.
- Discriminar las valoraciones morales de la información científica.
- Apuntar a la reflexión.
- Evitar dar largos sermones.
- Recurrir a las anécdotas personales.
- Prevenir sobre los inconvenientes del embarazo prematuro e infecciones de transmisión sexual.
- Evitar las mentiras, ya que cortan la comunicación y además la confianza.
- Mostrar una actitud positiva es más importante que tener respuestas a todas las  preguntas.
- No se trata sólo de transmitir conocimientos, sino más bien de orientar e inculcar un modelo de conducta sexual responsable.
- Tratar en la medida de lo posible acordar entre los padres los temas a abordar. Si bien la relación de los padres hacia los hijos suele ser diferente, es mejor que ellos los vean unidos.
- En el caso de familias no tradicionales, debemos saber que afecto, cariño, atención y protección son claves comunes a cualquier estilo de familia y es lo que se necesita por encima de todo, independientemente del tipo de familia en la que se es criado y educado.

Es importante facilitar el acceso a conocimientos referidos a la sexualidad como derecho natural de toda persona, con o sin discapacidad, para poder elegir en la medida de lo posible opciones sexuales, tomar decisiones propias con  responsabilidad  y comprendiendo su sexualidad y lo que es más importante: pudiendo expresar sus sentimientos y emociones sin temores.


 

Autora: María Marta Castro Martín,  educadora sexual. 
Contacto: www.estimulosadecuados.com.ar
Fuente: Elcisne.org. Publicado en Paso-a-Paso con la autorización de su autora

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

Foto de niño con expresión seria

La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.

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