Aclarando objetivos

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Foto de mamá columpiando a su hijo

Revista Síndrome de Down, Año 2006.-  Cuántas veces no nos hemos encontrado haciendo cosas, sin tener claro para qué lo hacemos. Hacemos un asado familiar, y terminamos satisfechos con el aperitivo; organizamos nuestra fiesta de cumpleaños y terminamos siendo los menos festejados; trabajamos para hacer felices a nuestros hijos y terminamos gastándonos los recursos generados, en psicólogos que nos explican que el problema se ha generado porque no estamos en casa; nos lleva un año la preparación de nuestro matrimonio y no alcanzamos a estar un año casados; trabajamos para poder vivir y terminamos viviendo para trabajar. Podría seguir dando miles de ejemplos. Sin embargo, quiero referirme al tema de la necesidad de aclarar nuestros objetivos cuando hablamos de integración.

Con frecuencia escucho a padres sobrepasados con sus hijos con Necesidades Educativas Especiales, a profesores sobrepasados con sus alumnos con Necesidades Educativas Especiales, y finalmente, que es lo más preocupante, a niños y jóvenes sobrepasados con sus propias Necesidades Educativas Especiales no atendidas.
 
Y es que creo que vale la pena detenernos en cada una de estas instancias y evaluar y atender lo que está pasando.

En primer lugar quisiera echar una mirada a lo que acontece cuando nace un hijo con alguna discapacidad. Mencionaré más a las madres que a los padres, ya que mi experiencia personal es la de una madre.

Claramente algo cambia. Se produce un desbarajuste, nuestra escala de valores se reestructura, surgen nuevas necesidades y sentimientos entre otras cosas. Sin embargo, me he topado innumerables veces con padres y madres que pretenden seguir la vida como si nada hubiese pasado. Si bien somos seres humanos adaptables y podemos seguir omitiendo una realidad por tiempos regulados por nuestra propia individualidad, en algún momento deberemos asumir nuestra realidad y optar por qué vamos a hacer con dicha realidad.

Algunos creamos redes de apoyos entre nuestros amigos, otros veremos si encontramos los apoyos con especialistas y otros con ambas instancias. Pero pensar y seguir viviendo sin asumir que debemos crear cambios, a favor de un niño o niña que ha nacido y que nos demanda cambios, o simplemente delegar en otros, no puede llevar a un buen camino.

Hace poco una madre explicitó tan claramente esta actitud diciendo "Ay no, todo está tan bien, déjenme seguir tranquila"… Mientras su hijo requiere ser aceptado, valorado y acogido con todas las necesidades a las que su madre no ha podido responder…

Y es que un terapeuta puede ser excelentísimo, sin embargo su rol es de terapeuta y no de madre o padre. Si el rol de madre no se asume, no lo asume nadie por ella: ni el padre, ni la hermana, ni la abuela, ni la tía, por muy buenas que sean.

Por esto es tan importante que la madre, al sentirse sobrepasada, busque ayuda… y no intente ser supermadre sola u omitir que realmente necesita ayuda.

Necesitamos aclarar y priorizar entonces los objetivos. Si la madre está sobrepasada no sacamos nada con ofrecer millones de terapias al niño especial, sino que la que necesita apoyo es la madre. Ese niño ante todo necesita una mamá emocionalmente estable, que lo apoye y sepa priorizar lo que su hijo necesita.

No hay nada más importante que el vínculo entre esa madre al menos medianamente estable y su hijo. Todo el resto es secundario.

Un juego entre mamá/papá e hijo/hija, contar un cuento, abrazarles, son objetivos prioritarios, y qué fácil se nos olvida. Tal vez un cálculo de cuántas horas pasamos arriba del auto llevando a nuestros "hijos especiales" a terapia, contrapuesto a estar con nuestros hijos compartiendo algo en común, puede ayudarnos a destapar una realidad alarmante, la que si logramos revertir puede favorecer enormemente nuestra calidad de vida y la de nuestros hijos.

Por otro lado están los profesores, preguntándose sin encontrar respuesta sobre cómo igualar las capacidades de su alumno especial a las de sus compañeros, si además no han sido preparados para ello.

Y lo más común: ¿Cómo hacer para que el alumno especial no note que es diferente?

De acuerdo a lo que mi experiencia me ha enseñado sugiero preguntar entonces: ¿Cuál es la razón por empeñarnos a igualarnos? ¿Por qué me empeño en esconderle a ese niño su diferencia… como si fuera pecado ser distinto?

Recuerdo una profesora angustiada y cuestionando la integración, diciendo que su alumno de 4° estaba muy por debajo de los objetivos que lograban sus compañeros, es decir lograba objetivos apenas de 1°. ¡Pero la integración es mucho más que compartir niveles de CI!

De acuerdo a la angustia de la profesora y si hacemos un paralelo, ¡sería incompatible mi matrimonio, ya que soy educadora y mi marido ingeniero! ¡Y qué bien nos llevamos, y qué diferentes que somos!

Nuevamente si aclaramos los objetivos de la integración sería más sencillo: ¿Buscamos igualar? ¿Buscamos tolerar? ¿O vamos aún más lejos y buscamos respetar y valorar? Estamos hablando de desafíos educativos, no de problemas de aprendizaje. Si los profesores esperan que algún curso, seminario o postgrado los prepare para enseñar alumnos "especiales", los invito a apurar los procesos acercándose a esos alumnos como personas, más que a trastornos, y a apostar por las capacidades individuales de cada niño, como en confiar en sus capacidades como educadores.

Así como los padres debemos generar cambios en nuestro sistema familiar, los profesores debemos generar cambios en el sistema escolar, y no podemos recibir niños en los colegios omitiendo que esto significa atender una nueva necesidad que exige el niño.

Es una realidad bastante común encontrarse con profesores que pretenden seguir la vida como si nada hubiese pasado. Acoger un niño en un sistema escolar regular significa generar cambios internos al menos en los tiempos de planificación, creación de objetivos individuales de acuerdo a un currículum común y reuniones sistemáticas con la familia y los especialistas. Pero pensar y seguir viviendo sin asumir que debemos crear cambios, a favor de un niño con NEE que ha ingresado a nuestro sistema y que nos demanda cambios, o simplemente delegar en otros, no puede llevar a un buen camino.

Y finalmente están los niños y jóvenes con NEE. Apuntados como los discapacitados, expulsados de sistemas comunes por no cumplir con medidas establecidas por nosotros mismos los "normales". ¿Quién es el que establece los tiempos de reacción, los contenidos a manejar, los puntajes para calificar dentro de "normal"?

Creo que sería mucho más eficiente y aportador enfocar nuestras energías para generar fuertes bases de autoestima enfocadas hacia las capacidades individuales de cada alumno.

Y que todos somos diferentes… ¿cuál es el problema? ¡Si es una realidad que además nos enriquece! Claro está que es más sencillo seguir poniendo el eje de responsabilidad en las dificultades de los que, además, hoy no cuentan con muchas herramientas para defender sus derechos. Cuando en realidad el eje debe transportarse a nosotros, los autodenominados "normales", incapaces en su gran mayoría de dar respuestas efectivas que generen igualdad de oportunidades y calidad de vida para todos.

¡Ya basta de delegar roles entre padres y profesionales! Propongo que comencemos a trabajar en equipo, partiendo por aprender a escucharnos y respetarnos con nuestras propias diferencias.

Asumamos esta responsabilidad y aclaremos los obje-tivos comunes, para no seguir tomando grandes aperitivos cuando en realidad queremos disfrutar de un buen asado.


Autora: Karin Schröder, pedagoga y madre de una hija con síndrome de Down. 
Vive en Santiago, Chile. 
Fuente: Revista Síndrome de Down 23, 2006 
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 17 No. 4

 

 

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Gibran Khalil Gibran.

 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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