Retraso psicomotor. Límites del diagnóstico.

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En palabras de Martha Alejandra García Méndez, médico cirujano por la UNAM con especialidad en Medicina de Rehabilitación, “todo niño que al nacer respira, llora, come y no presenta síntomas de alguna enfermedad, es dado de alta para acompañar a sus papás derechito a casa”.


 El bebé ha iniciado entonces un proceso de desarrollo que tomará varios años. Se trata de la maduración del sistema nervioso, una tarea que comienza en la etapa intrauterina y concluye, aproximadamente, a los 18 años. ¿Qué significa un diagnóstico de retraso en el desarrollo psicomotor y hasta cuándo es vigente?

Si bien la maduración del sistema nervioso se considera completa hasta el cumpleaños 18 de cada persona, “gran parte del mismo – explica convencida Martha García- ocurre en los dos primeros años de vida y más específicamente en el primero. Es justo en ese período cuando las habilidades del niño van refinándose y constituyen las señales más claras del grado de madurez de su sistema nervioso. En consecuencia, hacen evidente un desarrollo psicomotor regular.”

Para que ese proceso transcurra normalmente hay ciertas condiciones que cumplir. Nuestra entrevistada enumera, primero, que el bebé tenga buena salud, es decir, que cuente con un genoma sano. Segundo, que su sistema nervioso esté apto para captar todos los estímulos del medio ambiente. Tercero, que cuente con un sistema motor capaz de responder adecuadamente a los estímulos que recibe del entorno, para lo cual sus nervios periféricos y músculos deberán estar en óptimas condiciones. Por último, que sus sistemas endocrino y enzimático trabajen regularmente.

Cualquier alteración en alguna de estas condiciones se manifestará, entre otras formas, con un retraso psicomotor.

A las condiciones enlistadas arriba debe sumarse un ingrediente fundamental: Un medio ambiente sano que favorezca el desarrollo psicomotor regular del niño. “Por medio ambiente sano – precisa Martha – entendemos aquel que propicia y estimula el desarrollo de nuestro hijo”. Y nos ofrece un caso como ejemplo. “Vino a verme una abuelita con su nieta de 14 meses de edad que no gatea, no logra ponerse en pie ni caminar. La niña está sana, pero gran parte de su tiempo lo pasa en una carreola y en una cuna móvil que no le ofrecen soporte alguno para girar o apoyarse. Tiene muy buena atención visual y auditiva, su sistema neuromotor es normal, pero no ha podido practicar todos los patrones de movimiento que debía haber adquirido a esa edad. Esta niñita tiene un retraso en el desarrollo psicomotor”.

Pacientes de alto riesgo

Cuando un bebé o un niño es diagnosticado con retraso en el desarrollo psicomotor “debe seguirse un tratamiento que encamine su proceso hacia los parámetros normales y que muestre avances positivos. Cuando los avances no responden a lo previsto, debe buscarse la opinión de un médico especialista”.

La nueva exploración deberá descartar posibilidades a través de una búsqueda minuciosa de posibles patologías. Primero, alteraciones motoras, como la parálisis cerebral; luego, déficits sensoriales, como en el caso de los niños ciegos o sordos; posteriormente, alteraciones en la capacidad intelectual; y, finalmente, alteraciones más complejas como el autismo.

Ahora bien, existe un grupo de niños quienes, gracias a los avances tecnológicos y científicos, logran sobrevivir a condiciones que antiguamente eran causa de muerte. “Hablo – precisa Martha – de prematuros muy pequeños, de niños con ictericia o hipoxia muy severa, o bien de quienes padecen una enfermedad grave o sufren un accidente en etapas muy tempranas de su vida. Todos ellos tienen mayor posibilidad de desarrollarse con secuelas neurológicas, motrices o sensoriales, y forman parte del grupo de pacientes llamado de alto riesgo”.

Con estos pacientes el médico está obligado, primero, a realizar un seguimiento estricto en busca de señales de alarma neurológica como desorganización postural, rigidez, alteraciones en sus patrones de sueño y vigilia, movimiento anormal, problemas para su alimentación y reflejos. Acto seguido, el bebé debe recibir tratamiento oportuno.

“Un niño prematuro que logra desarrollarse en forma adecuada – puntualiza nuestra entrevistada – alcanzará los parámetros de normalidad alrededor de los dos años de edad... aunque haya papás que digan que su hijo no puede con las tablas de multiplicar porque fue prematuro.”

Siempre es mejor a tiempo

Las secuelas de un retraso en el desarrollo psicomotor serán visibles conforme avance la maduración del sistema nervioso central. Esto quiere decir que no se detectan en el corto plazo, a diferencia de un adulto que se accidenta y muestra sus secuelas muy pronto. Vaclav Vojta, un reconocido neurólogo creador de un método de detección temprana de alteraciones motoras, ha comparado el daño cerebral con una bolita de nieve corriendo cuesta abajo. Inicialmente es pequeña, pero luego su tamaño aumenta exponencialmente al punto que cualquier persona, sea médico o no, puede darse cuenta de que el niño tiene una discapacidad.

Un diagnóstico de retraso en el desarrollo psicomotor que no muestra avances evidentes puede ocultar una patología grave. El retraso en la búsqueda de razones más profundas y contundentes que expliquen el cuadro de un paciente, significará perder un tiempo importantísimo. (Por ejemplo) para aquellos pacientes con alteraciones enzimáticas o endocrinas, el tiempo es oro; la falta de atención oportuna deja secuelas graves...un diagnóstico oportuno limita las secuelas.”

¿Por qué hay quienes se conforman con un diagnóstico de retraso en el desarrollo psicomotor, a pesar de no ver avances significativos? Martha García encuentra varias posibles razones. Por una parte, explica, “los médicos sabemos que sólo dos o tres de cada 100 niños que nacen presentan alguna discapacidad. De modo que el doctor puede minimizar los comentarios de aquellas mamás que observan en sus hijos algunas alteraciones o un desarrollo lento. Incluso cuando se trata de mujeres que tienen hijos mayores, suelen decir: si los dedos de su mano son diferentes, ¿por qué habrían de ser iguales sus hijos? Generalmente, les recomiendan esperar. Puede suceder que cuando las condiciones del niño se hagan más evidentes, el doctor diagnostique un retraso en el desarrollo psicomotor, sin buscar una patología de fondo.

“Cuando la mamá o el papá observen que las conductas alteradas persisten o el desarrollo psicomotor avanza con lentitud, deben urgir al médico para que envíe al niño con otros especialistas”.

Por otra parte, para algunos papás, un diagnóstico de retraso en el desarrollo psicomotor es un arma defensiva. “En muchas ocasiones los padres están conscientes de que su hijo tiene una patología, incluso, intuyen o saben el diagnóstico correcto. No obstante, prefieren creer que se trata sólo de esperar que el desarrollo se regularice, pero una espera que se prolonga tiene consecuencias serias”.

En resumen, cuando un niño tiene retraso en su desarrollo psicomotor, el tratamiento deberá dar resultados positivos en el corto plazo. Si el niño persiste con un atraso importante, debe buscarse o aceptarse el diagnóstico que explique la razón más profunda de las afecciones. Mientras más pronto se conozca el nombre y el tamaño del problema, más pronto se atacarán sus consecuencias. Confiarse ofrece un alivio efímero. En el fondo, sólo pospone las noticias y, lamentablemente, puede retrasar la rehabilitación de nuestro hijo.
 
Autor: Yulia Espín
Fuente: Ararú, No. 30 Mayo-Julio 2000
Publicado por Paso a Paso Vol. 13 Nº 3
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