¿Qué es la Epilepsia?

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La epilepsia es una alteración de la energía eléctrica a nivel del cerebro que se manifiesta mediante crisis convulsivas.

 

 

El cerebro está conformado por un conjunto de células nerviosas llamadas neuronas, que se comunican entre sí mediante pequeños impulsos eléctricos.

 

Las convulsiones ocurren como resultado de períodos breves de actividad eléctrica anormal e incontrolada en las neuronas, unidad básica del cerebro. Una neurona está integrada por un cuerpo celular, un tallo largo (axón) y pequeñas ramificaciones (dendritas). Son millones las células nerviosas dispuestas en capas en la corteza cerebral, cada una interconectada con muchas otras a través del axón y las dendritas.

 

Cuando la célula nerviosa se activa, libera una sustancia química llamada "neurotransmisor" que cruza el espacio entre las células y permite que el impulso eléctrico viaje desde el axón hacia las dendritas de la célula siguiente y así se propague el impulso eléctrico que activa o inhibe a la siguiente célula en conexión.

 

¿Cómo sucede una convulsión?
Normalmente los impulsos nerviosos pasan, en una progresión ordenada y controlada, de una neurona a otra. Una convulsión sucede cuando este orden se ve alterado y las células nerviosas empiezan a "disparar" señales indiscriminadamente. El grupo de células donde primero se realiza la descarga "sin control", recibe el nombre de foco convulsivo y puede ubicarse en cualquier área del cerebro. Este tipo de descarga provoca una reacción en cadena durante la cual se presenta una crisis o convulsión, que se caracteriza por una serie de movimientos incontrolados esporádicos. Las crisis pueden ser frecuentes o esporádicas, su duración también es variable: de pocos segundos hasta dos o tres minutos.

 

Existen diferentes tipos de crisis según la región del cerebro afectada. Si sólo una parte del cerebro presenta problema se producirá una crisis parcial simple o compleja, durante la cual la persona puede sentirse mareada, confundida, irritable, ver manchas, oír campanilleos, incluso halarse la ropa o mover brazos y piernas sin ningún motivo.

 

Durante la crisis se pierde el contacto con el entorno y al término de ésta no se recuerda lo ocurrido. De igual manera, la persona puede quedarse dormida o presentar dolor de cabeza.

 

Tipos de Crisis epilépticas

 

Crisis parciales
Conocidas también como motoras, estas crisis tienen lugar cuando la parte involucrada del cerebro controla un grupo específico de músculos y como resultado de ello algunas partes del cuerpo, como un brazo o la cabeza, se sacuden. A diferencia de las crisis parciales simples, las crisis parciales complejas se asocian a la pérdida de conciencia.

 

Por otra parte, la persona podría realizar movimientos sin ningún propósito, como frotarse las manos. A estos movimientos se les llama automatismos; otra manera de manifestarse es a través de cambios de conducta. Si el problema se ubica en el área del cerebro que controla las funciones vitales, el niño podría experimentar dolor de estómago, náuseas, cambios en la velocidad del pulso, aumento en la frecuencia de los latidos del corazón.

 

Crisis generalizadas
Llamadas también tónico-clónicas o complejas, se presentan cuando las neuronas de todo el cerebro presentan descargas eléctricas indiscriminadas. Una persona con este tipo de crisis pierde el conocimiento, todo su cuerpo se sacude y puede morderse la lengua o perder el control de esfínteres.

 

Al cabo de dos o tres minutos se detienen los movimientos convulsivos, y en muchos casos, después de un período de descanso la persona puede retomar sus actividades habituales.

 

Otro tipo de crisis generalizada es la ausencia, a veces tan corta que puede pasar desapercibida. En este caso los ojos se ponen en blanco durante unos segundos, como en un ensueño; cuando la crisis pasa, la persona retoma la actividad que estaba realizando.

 

Aunque no se presentan movimientos violentos en extremidades, la persona no está consciente y no puede responder a los estímulos ambientales. Si bien duran pocos segundos, pueden repetirse varias veces al día.

 

Síndromes epilépticos
Son crisis que pueden ser parciales o generalizadas y están relacionadas con el padecimiento de un síndrome específico como pueden ser: el de West y el Lennox-Gestaut.

 

Este tipo de crisis se presentan de acuerdo a la edad de la persona y tienen características especiales tanto neurológicas como en el estudio de encefalograma.

 

Otro tipo de crisis son las que se presentan únicamente bajo ciertas circunstancias.

 

Las crisis catameniales se presentan únicamente durante el período menstrual, en las mujeres con epilepsia y se deben a cambios hormonales que, en algunos casos, provocan una disminución de la concentración del antiepiléptico en el organismo de la mujer.

 

El Diagnóstico
La epilepsia se diagnostica a partir de una historia clínica detallada y completa que se apoya en diversos estudios médicos como son:

 

1. Exploración física y neurológica.

 

2. Examen de sangre y orina. Una vez iniciado el tratamiento deberán realizarse pruebas de sangre periódicas a fin de detectar la cantidad de medicamento (niveles séricos) en el organismo. Esto permite al doctor recetar la dosis necesaria para continuar con el control de las crisis. Es muy importante informar al médico sobre la frecuencia de las crisis, su duración y cómo ocurren, para que pueda, en un momento dado, modificar el tratamiento y las dosis de medicamento.

 

3. Electroencefalograma (EEG), para detectar alguna actividad anormal en el cerebro.

 

4. Tomografía Axial Computarizada (TAC), para conocer la integridad del tejido cerebral.

 

5. Resonancia Magnética, para identificar alteraciones en el cerebro (pequeñas o específicas).

 

Aunque no se requieren en todos los casos, estas pruebas pueden ser necesarias para completar la evaluación del médico. Ninguno de estos estudios provoca daño o dolor a la persona.

 

Su hijo y el tiempo
Así como el desarrollo de cada niño es distinto, su respuesta ante la epilepsia también varía. En algunos, las crisis disminuyen conforme crecen y llegan a desaparecer totalmente en la adolescencia; sin embargo, hay quienes presentan crisis a lo largo de su vida.

 

La duración o desarrollo de la condición no es predecible, pero las crisis son susceptibles de ser controladas si se sigue el tratamiento médico.

 

Los niños con epilepsia pueden participar en juegos, deportes y otras actividades propias de su edad, excepto aquellas que conllevan riesgo, que en realidad no son muchas. Por ejemplo, el tenis, beisbol, fútbol o natación son actividades más seguras que el buceo o el alpinismo.

 

Con un adecuado control de las crisis, la persona con epilepsia podrá desenvolverse en cualquier situación social o laboral. La mayoría de los niños con esta condición pueden disfrutar de una vida activa e independiente.

 

Su hijo y el medicamento
Es muy importante seguir al pie de la letra el tratamiento que el médico elegido ha determinado para su hijo.

 

Algunas formas de crisis epilépticas son curables, otras sólo se controlan; esto depende de la causa que las desencadena y del tipo de crisis que genera.

 

El control efectivo de las crisis del niño puede realizarse con un sólo medicamento o combinando varios. Sin embargo, el hecho de que las crisis disminuyan en frecuencia y severidad no significa que éstas hayan desaparecido.

 

Las medicinas deben ser tomadas con regularidad y de acuerdo con las especificaciones de su doctor, puesto que algunos antiepilépticos interactúan con otros y pueden provocar síntomas secundarios como hepatitis.

 

Nunca suspenda o aumente las medicinas de su hijo sin consultarlo antes con el médico.

 

Es importante que vigile que su hijo cumpla con los horarios de sus medicamentos hasta que él tenga la edad suficiente para responsabilizarse solo. Los antiepilépticos o anticonvulsivos actúan por acumulación en sangre, de ahí la importancia de tomarlos con regularidad. Suspenderlos repentinamente es igualmente peligroso, puede desencadenar un estado de mal epiléptico caracterizado por una serie de crisis seguidas cuyas consecuencias pueden ser graves.

 

Para lograr un mejor control médico, lleve un registro fechado del número, duración y características de cada una de las crisis del niño; sáquele copia y llévela consigo cuando visite al médico.

 

Su hijo y los otros
La ignorancia es siempre el peor enemigo; hay muchos mitos que acompañan a condiciones como la epilepsia. Por este motivo es importante INFORMAR; ello abolirá la discriminación en los salones de clase y en el trabajo, así como la sobreprotección innecesaria que sólo deriva en la pérdida de autoestima y depresión.

 

- Es importante dedicar tiempo para informar a las personas cercanas acerca de la condición de su hijo.
- Explique a su hijo y a todas las personas cercanas a él cuál es la función del medicamento y cómo debe tomarse.
- Es importante que su hijo lleve una o dos dosis extra del medicamento para cualquier emergencia.
- Hable con los maestros sobre la condición de su hijo. De ser necesario, concerte una cita entre su doctor y el maestro para dar respuesta a todas las dudas que éste último pueda tener.

 

Si alguien sufre una crisis epiléptica:

 

1. Mantenga la calma. Cuando la crisis ha iniciado no se puede detener. No luche con la persona ni trate de contener sus movimientos. En la mayoría de los casos el ataque dura 2 a 3 minutos.

 

2. Despeje el área alrededor. Retire los objetos cortantes, puntiagudos o duros con los que se pueda lastimar la persona durante la crisis. Coloque un objeto suave (una almohada o prenda de vestir doblada) debajo de su cabeza para que no se golpee.

 

3. No trate de colocar ningún objeto entre los dientes. Si la persona tiene la boca fuertemente cerrada no trate de abrírsela, podría lastimarla o sufrir una mordedura en sus dedos.

 

4. Voltee la cabeza de la persona hacia un lado y acuéstelo de costado.
Una vez terminada la crisis aflójele la ropas, así permitirá que la saliva u otro líquido de la boca fluya con facilidad.

 

5. No se alarme. Si la persona deja de respirar y se le ponen los labios morados, no se asuste, esto dura muy poco tiempo y no requiere maniobras de resucitación ni respiración boca a boca; volverá a respirar espontáneamente.

 

6. No se requiere intervención inmediata de un médico, excepto en los casos en que la convulsión dure más de 10 minutos, o cuando la persona pasa de una crisis a otra sin recuperar la conciencia.

 

7. Observe cuidadosamente las acciones y movimientos de la persona durante la crisis, a fin de que pueda describirlos detalladamente al médico.

 

8. Sea comprensivo y amigable con la persona cuando recobre la conciencia, pues puede sentirse apenado o asustado. Mantenga la serenidad y trate de tranquilizarlo.

 

9. No administre alimentos o bebidas hasta que la persona se haya recuperado por completo de la crisis.

 

10. Permítale descansar. Algunas personas presentan dolores de cabeza o musculares, náuseas o vómitos después de la crisis. Dormir o descansar ayuda a recuperarse.

 

Fuente: Encarte publicado en la Revista Ararú, Feb./Abril 94. 
Producido con la asesoría de la Dra. Graciela Olmos de Alba, Coordinadora del Programa de Neurociencias del Instituto Nacional de Salud Mental, DIF. (México) Publicado en Paso a Paso, Vol. 15 No. 4 - Versión resumida

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

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