10 cosas que tu alumno con Autismo quisiera que supieras

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Lectura obligada par quienes trabajan con niños con Autismo, Ellen Notbohm asume el lugar del niño con Autismo y puntualiza diez factores a tener en cuenta.

Foto de maestra con alumnosCuando el artículo de la autora “Diez cosas que todo niño con autismo quisiera que supieras” fue publicado en el 2004, no imaginó la cantidad de respuestas que tuvo. Lector tras lector le escribía para decirle que debía ser una lectura obligada para trabajadores sociales, maestros, padres y familiares de niños autistas. “Es justo lo que diría mi hija si pudiera”, le dijo una madre. “Cómo quisiera haber leído esto hace cinco años. A mi esposo y a mí nos tomó mucho tiempo ‘aprender’ estas cosas”, le dijo otra.

Ellen, al ir acumulando respuestas, decidió que el impacto venía del hecho que el artículo hablaba desde la voz de un niño, una voz que no se escucha frecuentemente. Existe una gran necesidad (y una creciente disposición) de la población en general para entender el mundo tal y como lo vive el niño autista.

“Diez cosas que todo niño con autismo quisiera que supieras” se convirtió en un libro en el 2005 y la voz de nuestro niño regresó en este artículo para decirnos lo que los niños con autismo quisieran que sus maestros supieran.

Aquí están diez cosas que tu alumno con autismo quisiera que supieras directamente sustraído del popular libro:

1. El comportamiento es comunicación. Todo comportamiento ocurre por alguna razón. Te dice - aún cuando mis palabras no logren hacerlo - cómo percibo lo que está sucediendo a mi alrededor.

La conducta negativa interfiere con mi proceso de aprendizaje pero simplemente interrumpir la conducta no será suficiente. Enséñame a sustituir estas conductas por otras que sean apropiadas y así el verdadero aprendizaje podrá fluir.

Empieza por creer esto: Yo sí quiero aprender a interactuar apropiadamente. A ningún niño le gusta la reacción negativa que tiene con una “mala” conducta.

Un comportamiento inadecuado usualmente refleja que me siento abrumado por trastornos sensoriales, que no puedo comunicar lo que quiero o lo que necesito o que no entiendo qué se espera de mí.

Mira más allá de la conducta para identificar la causa de mi resistencia. Haz anotaciones sobre lo que sucedió justo antes del comportamiento, las personas involucradas, la hora del día, las actividades, el contexto, etc. Con el tiempo podrías identificar un patrón.

2. Nunca asumas nada. Sin un respaldo basado en hechos, una suposición es solamente una conjetura. Es posible que yo desconozca o no comprenda las normas. Es posible que haya escuchado las instrucciones pero no las comprendí. Es posible que las supiera ayer y no las recuerde hoy.

Considera:

¿Estás seguro que sé hacer lo que se me estás pidiendo? Si cada vez que me pides hacer un ejercicio de matemática tengo que correr para el baño, es posible que no sepa hacerlo o que tema que no lo lograré. Acompáñame durante varias repeticiones de la tarea hasta que veas que soy capaz de hacerlo. Es posible que necesite más práctica que otros niños para dominar algunas tareas.

¿Estás seguro que conozco las normas? ¿Entiendo el motivo de la norma (seguridad, economía, salud)? ¿Estaré incumpliendo la norma por alguna razón subyacente? Tal vez saqué una merienda de mi lonchera antes de tiempo porque me tocó terminar el proyecto de ciencias antes de salir, no desayuné y ahora estoy muerto de hambre.

3. Busca primero problemas sensoriales. Muchas de mis conductas resistentes derivan de molestias sensoriales.

Por ejemplo, la iluminación fluorescente se ha demostrado como algo muy problemático para niños como yo. El zumbido que produce es muy molesto para mi oído hipersensible, y la pulsación natural de la luz puede distorsionar mi percepción visual, haciendo que me parezca que los objetos del salón se están moviendo constantemente. Una lámpara incandescente en mi escritorio reducirá el parpadeo, así como las lámparas de luz natural. O tal vez necesite sentarme más cerca de ti; no entiendo lo que dices porque hay demasiados ruidos en el ambiente (la cortadora de grama afuera, Jasmine susurrándole a Tanya, las sillas rechinando, un sacapuntas afi lando).

Pídele a la terapeuta ocupacional que te de ideas para hacer un salón sensorialmente amable. Será beneficioso para todos los niños, no solo para mí.

4. Permíteme un descanso para auto-regularme antes de que lo necesite. Una esquina tranquila del salón, alfombrada, con algunos cojines, libros y audífonos puede convertirse en un lugar donde re-agruparme cuando me sienta abrumado, sin alejarme tanto y así poder reintegrarme a las actividades del salón sin problemas.

5. Dime lo que quieres que haga en forma positiva en lugar de imperativa. Si me dices: “¡Dejaste un desorden en el lavamanos!”, lo interpretaré como una simple afirmación.

No soy capaz de inferir que lo que en realidad quieres decir es: “Por favor enjuaga tus materiales de pintar y bota el papel en la basura”. No me hagas adivinar o averiguar lo que debo hacer.

6. Mantén tus expectativas razonables. Esa reunión general en un auditorio abarrotado, con alguien hablando interminablemente sobre una actividad para recaudar fondos, no tiene sentido para mí y me resulta incómoda.

Tal vez yo podría pasar ese tiempo ayudando a la secretaria de la escuela en alguna tarea.

7. Ayúdame a pasar de una actividad a otra. Me toma un poco más de tiempo cambiar de actividad. Avísame cinco minutos y luego dos minutos antes de que toque cambiar y por tu parte, suma un par de minutos adicionales a tu cronograma para compensar. Una ficha con la cara del reloj o un cronómetro sobre mi escritorio podrían servirme de pista visual y recordatorio para la próxima transición, ayudándome a manejar el cambio de forma más independiente.

8. No empeores una mala situación. Aunque eres un adulto, seguro que alguna vez tomaste una mala decisión en un momento de crisis. Quiero que sepas que no es mi intención perder el control, mostrar mi enojo e interrumpir tu clase. Tú puedes ayudarme a superar la situación más rápidamente si no respondes de manera hostil, empeorando las cosas.

Toma en cuenta las siguientes acciones que podrían prolongar en lugar de resolver una crisis:

- Levantar el tono o el volumen de tu voz. Yo escucho gritos y chillidos, no tus palabras.

- Burlarte de mí o imitarme. Avergonzarme con sarcasmo e insultos no eliminará mi mala conducta.

- Hacer acusaciones no comprobadas.

- Aplicar un doble estándar o doble moral.

- Compararme con mi hermano o con otro alumno.

- Hacer referencia a eventos previos o no relacionados.

- Agruparme en una categoría general o etiquetarme (“los niños como tú son todos iguales”).

9. Critica con delicadeza. Seamos honestos, ¿qué tan bueno eres tú aceptando críticas “constructivas”? Aún no tengo la madurez y la auto-confianza necesarias para lograr esto.

- ¡Por favor! Nunca, nunca trates de disciplinarme o corregirme cuando esté enojado, sobre-estimulado, ansioso o me sientas incapaz emocionalmente para interactuar contigo.

- Una vez más, recuerda que mi reacción ante lo que dices se debe tanto (o incluso más) al tono de tu voz que a tus palabras. Escucharé los gritos y la molestia, pero no entenderé las palabras y por lo tanto, no entenderé qué hice mal. Habla en voz moderada y de ser posible ponte a mi altura, para que te comuniques a mi nivel y no desde una posición amenazante.

- Ayúdame a entender el comportamiento inadecuado de forma amable, enfocando la solución del problema, en lugar de castigarme y regañarme. Ayúdame a identificar los sentimientos que motivaron la conducta. Es posible que te diga que estaba enojado, pero tal vez más bien sentí miedo, frustración, tristeza o celos. Investiga más allá de mi primera respuesta.

- Practica o ensaya conmigo (muéstrame) una mejor forma para manejar la situación la próxima vez. Los guiones gráficos o fotográficos o una historia social podrían ser recursos útiles. Prepárate para actuarlo muchas veces. No hay soluciones instantáneas. Y cuando lo haga bien la próxima vez, dímelo de inmediato.

- Me ayuda cuando tú modelas la conducta adecuada ante una crítica.

10. Ofréceme únicamente opciones reales. No me ofrezcas una opción o me preguntes: “¿Quieres….?” a no ser que estés dispuesto a aceptar un “no” como respuesta. Un “no” sincero podría ser mi respuesta si me preguntas: “¿Quieres leer en voz alta?” o “¿Quieres compartir tus pinturas con Guillermo?” Me cuesta confiar en ti cuando las opciones no son realmente opciones.

Tú das por hecho el asombroso número de opciones que tienes diariamente. Estás constantemente haciendo elecciones sabiendo que, tanto tener opciones como poder elegir, te da control sobre tu vida y tu futuro. Mis opciones son mucho más limitadas, lo que hace más difícil que sienta confianza en mí mismo. Dándome frecuentes oportunidades para elegir, me ayudarás a involucrarme más en la vida diaria.

-Siempre que sea posible permíteme alguna elección asociada a algo que ‘tenga’ que hacer. Por ejemplo, en lugar de decirme: “Escribe tu nombre y la fecha en la parte superior de la hoja”, pregúntame: “¿Quieres escribir primero tu nombre o la fecha?” o “¿Quieres escribir primero las letras o los números?” A continuación, enséñame cómo hacerlo: “Fíjate cómo Juan lo está haciendo.”

- Permitirme elegir me ayudará a aprender conductas adecuadas, pero también necesito aprender que hay ocasiones en que no se permiten elecciones. Cuando esto suceda, no me frustraré tanto si entiendo el porqué. Por ejemplo: “No puedo darte una elección en esta ocasión porque es peligroso. Puedes lastimarte.” “No puedo permitirte esa elección porque sería malo para Danny.” “Te doy muchas oportunidades para elegir pero en esta ocasión, la decisión debe ser del adulto.”

Una última palabra: cree en mí. Henry Ford dijo: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto.” Cree que puedes hacer la diferencia en mí. El Autismo es una diferencia de aprendizaje sin límites preestablecidos que determinen hasta dónde podré llegar.

Puedo darme cuenta de mucho más de lo que puedo comunicar y de lo primero que me daré cuenta es si tú crees que yo “lo puedo lograr”. Ayúdame a lograr mi máximo potencial para que pueda continuar creciendo y teniendo éxito mucho después de salir de tu clase.

Autora: Ellen Notbohm
Fuente: www.ellennotbohm.com
Traducción: Ari Hurtado de Molina, con modificaciones de Ángela Couret

Foto cortesía de Flicker Creative Commons

 

 

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En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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