Bolivia: El incierto futuro de los adultos especiales o los eternos niños (Enero 2010)

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¿A qué futuro aspira un joven con síndrome de Down una vez que ha llegado a la edad adulta?

En este país, y concretamente en Cochabamba, los jóvenes especiales no pueden aspirar a nada, son, de acuerdo al grado de su discapacidad mental, niños por siempre, niños que desarrollan un cuerpo adulto pero no así una conciencia sobre el grado de responsabilidad que conlleva asumir una vida sexualmente activa.

“Es cotidiano encontrar en estos hogares prácticas sexuales de tocamientos, de relaciones sin control. Hay chicas que han sido embarazadas y eso es por cómo viven en los hogares, porque vos te das cuenta de que son apenas dos personas que se quedan para vigilar a 30 hasta 60 jóvenes, es fácil ahí que los chicos pasen de una habitación a otra”, relata un profesional de un centro que pidió reservar su identidad.

Días atrás, un medio televisivo publicó un supuesto caso de violación en el que tanto el supuesto violador como la víctima presentan síndrome de Down. El hecho habría sucedido en un hogar ubicado cerca de la ciudad de Quillacollo. El caso llegó a la fiscal de materia (asuntos sobre derechos de niños y adolescentes) pero el asunto quedo ahí.

La realidad, sin embargo, puede ser más cruda para los jóvenes con retardo mental. “No es el primer caso”, dice la psicóloga Mabel Vargas, integrante del plantel del Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios. El abuso sexual sobre esta población es constante y generalmente los agresores provienen del entorno familiar e incluso de los mismos funcionarios o personal contratado para atender a estos jóvenes, explica la profesional en el área.

Vargas dice también que los jóvenes con retardo mental simplemente repiten conductas que les provocan placer, un ejemplo es el placer que uno siente al chupar un helado. En el caso de la sexualidad no es diferente: a un joven especial, desde los toques hasta la penetración le resulta placentero, lo que desgraciadamente es aprovechado por “pervertidos y depredadores sexuales”.

La psicóloga relató el caso de una niña-mujer de entre 23 y 25 años que había sido abusada por su padre durante ocho años.

Para esa joven con retardo mental, la práctica no era otra cosa que parte de la cotidianeidad y la forma que el padre tenía de expresarle cariño. El padre murió un día en el que durante la mañana había mantenido relaciones íntimas con la hija y en la tarde le falló el corazón. Para la joven resultó difícil enfrentar esa realidad y terminó internada en el mencionado psiquiátrico. (Se entrevistó a Vargas por su experiencia como profesional y porque algunos adultos que han nacido con retraso mental sufren a la vez otro desorden y llegan al psiquiátrico).

Ahora bien, en Cochabamba los casos más severos de retardo mental y síndrome de Down son tratados en la comunidad terapéutica Puntiti, centro que alberga incluso a personas adultas. La mayoría de los hogares defiende ahora la política de no albergar a jóvenes especiales que hayan pasado la mayoría de edad.

“Les dicen que han alcanzado el bachillerato y los despachan”, asegura un funcionario.

Vargas dice que el traslado de los jóvenes o adultos con cierta discapacidad mental depende del nivel de la misma: retraso leve, limítrofe o agudo. Una alternativa es también trasladarlos al Psicopedagógico de Sucre, centro administrado por los hermanos San Juan de Dios.

La psicóloga señala también que una de las grandes y graves deficiencias al interior de los hogares es el poco personal que opera en dichos centros y la falta de preparación profesional de dicho personal. “Los pacientes con discapacidad mental precisan sobre todo por su condición de atención individualizada. Existen dos responsables que deben atender a la vez a 30 o 40 pacientes”, afirmó.


Faltan “proyecto de vida”

“Reservorio, guardería, un lugar donde guardan a los chicos porque no saben qué hacer con ellos”. ésa es la definición de “hogar” o “centro de acogida para niños especiales” que da la psicóloga Mirtha Martínez, exintegrante del plantel del Programa de Rehabilitación Especial de Fe y Alegría (Prefa).

La profesional concuerda con Vargas y con el entrevistado anónimo en señalar la “conducta más natural en relación a la práctica sexual” y afirma que el aspecto natural aflora de manera natural en ellos sin que tengan conciencia de algún acto pecaminoso”.

Sin embargo, dicha conducta debería tener control de parte de los responsables de atender y dar protección a dichos jóvenes.

Martínez habla de que se deberían plantear políticas de canalización de emociones y necesidades sexuales, las mismas que deberían ir a la par con “proyectos de vida” desarrollados para que estos adultos especiales puedan valerse por sí mismos e interrelacionarse con la sociedad. Una de las necesidades urgentes y carentes en el departamento es la falta de capacitación laboral.

“No hay centros que trabajen con ese fin. No existen. Lo cierto es que esos chicos se estancan ahí”, señala la psicóloga.

Proyecto de cambio desde el Sedeges

“Ya es bastante malo que tengamos una población alta de niños y jóvenes con discapacidad. Es peor que las instituciones que los contengan sean portadoras de una discapacidad en el sentido de que se anula, se impide desarrollar mayores alternativas para estos niños y jóvenes. En Cochabamba no contamos con un solo centro que apoye esas metas”, dijo Luis Estrada, director del Servicio de Desarrollo de Gestión Social (Sedeges). Estrada, luego de admitir algunas de las carencias de los hogares y centros de acogida, anunció que desde la Gobernación se está trabajando un plan para desarrollar los llamados “proyectos de vida” en procura de desarrollar la inclusión laboral para los jóvenes especiales.


El director del Sedeges dijo también que se trabaja para que en esta gestión no se tengan problemas con el pago de los salarios a los funcionarios de hogares y centros y se pretende mejorar la calidad de atención de dichos funcionarios recurriendo a la constante capacitación.

Eifodec: inclusión laboral

La Escuela de Integración y Formación Deportiva, Expresión Artística y Desarrollo Laboral (Eifodec) es una de las pocas o quizá la única escuela que trabaja en inclusión laboral para jóvenes especiales y que a la fecha ya cuenta con experiencias muy reconfortantes, tal como señaló Javier Mendoza, director de dicha institución. La escuela desarrolla las artes y el deporte como poderoso medio para la construcción de la autoestima de jóvenes con síndrome de Down o con algún nivel de discapacidad mental. Se los capacita también para realizar trabajos en los que se puedan destacar como la limpieza y la atención en hoteles o restaurantes. Un ejemplo es la presencia de dos chicos especiales que trabajan en el hotel Aranjuez.


“La mayoría de los centros da talleres de repostería, costura, albañilería, etc. ¿Pero cuántos chicos pueden competir en cerámica, costura, tejidos cuando tenemos profesionales de primera en esos rubros? Era poco probable que esos chicos puedan ganar un sueldo digno. De ahí surgió nuestra propuesta, de no sólo trabajar con ellos la ocupación, sino de mejorar su autoestima y desarrollar sus potencialidades”, cuenta Mendoza. La escuela está abierta para recibir más estudiantes.

Fuente: Los Tiempos
Reporta: Jackeline Rojas Heredia
Fecha: 23/01/2011

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En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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