Estudiante invidente se graduó Suma cum laude en la UCAB

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Autora: Mireya Tabuas
Fuente: Diaro El Nacional - Noviembre de 2003
Caracas - Venezuela
Reproducido con la autorización de El Nacional.


Ydalia Torrealba estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello y finalizó la carrera con honores en el acto de graduación del 7 de octubre. De acuerdo con miembros de la Asociación Venezolana de Ciegos es la joven que ha tenido mayores logros académicos entre la comunidad de personas sin vista.

 

Ydalia Torrealba está orgullosa de sí misma. Pero además están orgullosos sus padres, sus hermanos, sus profesores, sus amigos.

 

No es para menos. Ydalia no sólo ha superado todos los obstáculos que le ha ido poniendo en el camino una sociedad basada en puros patrones visuales, sino que se ha impuesto metas ambiciosas, las ha logrado y ahora trasciende en sus resultados.

 

La joven invidente se acaba de graduar de abogada con honores el pasado 7 de octubre en la Universidad Católica Andrés Bello.

 

Es suma cum laude, con 19 puntos de promedio. Esta es su segunda carrera. En 1997 se graduó en Letras, en la misma casa de estudios, con una tesis sobre Don Quijote de la Mancha que le valió un 20 mención publicación.

 

Ydalia tiene 29 años de edad y es de Valle de la Pascua, estado Guárico, hija de un conductor de vehículos de pasajeros y de una ama de casa. Tiene siete hermanos y es la que, a pesar de su discapacidad, ha tenido mayores logros académicos en la familia.

 

No nació ciega, tenía cataratas en los ojos, fue sometida a varias operaciones en Caracas, y quedó sin vista a los 6 años y medio, en 1980. Recuerda que no fue un shock dejar de ver: “Mi único problema era que le decía a mis papás que por qué mis hermanos estudiaban y yo no, lloraba mucho por eso”.

 

En su pueblo no había escuelas para ciegos y tampoco la aceptaban en clases de música “decían que no podía tocar piano así”. Gracias a un sacerdote, entró a estudiar en la casa para niñas ciegas de El Junquito a los 9 años. “Hice de primero a tercer grado en un año, porque mis papás me habían enseñado a leer oralmente y también las tablas de multiplicar”. Se graduó de bachiller en 1982 con méritos y entró a estudiar Letras en la Universidad Católica Andrés Bello.



Aprender sin libros

 

Atravesaba así el primer obstáculo que tienen muchos ciegos: no pueden graduarse de bachilleres.

 

Según el secretario de la Asociación Nacional de Ciegos, Juan Laya, “muchas veces en los liceos no aceptan a los invidentes, o les ponen trabas, o no hay libros en braille. Sólo hay material en braille hasta sexto grado. La única imprenta está en el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes”.

 

Empezó, pues, Ydalia a estudiar Letras. En realidad ella quería en principio estudiar otra carrera, Idiomas Mondernos, quería “vivir hablando y hablando otros idiomas”, pero le fue negado el cupo “por considerarse que era una carrera no apta para ciegos”. Ese es un segundo obstáculo que refiere Juan Laya: “Hay carreras que nos limitan el acceso a nosotros, cada vez más. Ahora no nos dan cupo en Psicología, por ejemplo, ni Idiomas ni Comunicación; nos mandan a estudiar Sociología, Educación o Derecho. Sólo pedimos la oportunidad, que nos prueben a ver si podemos”.

 

Sin embargo, Ydalia siguió adelante en Letras, a pesar de que también se consideraba una carrera “no apta”. La ayudó mucho el obtener una beca completa de la Fundación Andrés Bello. “La educación de los ciegos es muy costosa, se necesitan muchos materiales — cassettes, pilas— y muchos abandonan los estudios por falta de recursos”, destaca Juan Laya.

 

No fue fácil para la joven, pero fue sorteando dificultades. Tenía que trasladarse todos los días desde El Junquito hasta la UCAB a las 5:00 am. Agradece al señor Abel Jiménez que fue como un padre, un guía que la acompañaba puntualmente.

 

El ambiente universitario a veces no la entendía. “Era la única ciega en el salón y, como había habido otras invidentes que no habían terminado la carrera, me presionaban mucho los profesores. Yo hacía los exámenes a máquina y mis apuntes los tomaba en braille. Pero me pasaban cosas injustas, algunos profesores no creían que yo leía, un día le llevé a uno todos los cassettes para que viera que era verdad, que el libro lo había leído completo”.

 

Ydalia se estaba enfrentando al grave problema de que no hay libros universitarios en braille.

 

“Una amiga, Rima Ibarhim, me grababa los libros, eran muchos cassettes que luego yo oía”. Así finalizó la carrera, con una tesis sobre Don Quijote de la Mancha que obtuvo mención publicación. En la universidad estuvo en grupos musicales, era la guitarrista de la coral. Gracias a su talento musical también se ayudaba económicamente. {mospagebreak}

 

Abogada de vocación

 

Entonces vino la segunda carrera: Derecho, que cursó gracias a una beca que le otorgó por sus méritos el padre Francisco Arrusa. En la abogacía encontró su verdadera vocación: “Nací para ser abogado”.

 

Otra amiga, Karla Avellaneda, se encargó también de grabarle los materiales. “Soy muy exigente, me gustaba que me leyeran todo”.

 

Acaba de conseguir trabajo en el Instituto Nacional de La Mujer como abogada y eso la hace feliz.

 

Ese es otro de los problemas que ha superado.

 

Muchos ciegos no consiguen empleo, indica Laya. Sólo en la Alcaldía de Libertador y, por un decreto de Claudio Fermín de 1990, se cumple la obligación de emplear a 2% de personal con discapacidad.

 

Allí trabajan varios invidentes que son profesionales.

 

Laya sostiene que Ydalia ha sido una de las ciegas que ha llegado más lejos. Sin embargo, no deja de mencionar a otros dos abogados y músicos, como ella: Beto Morillo y José Manuel Díaz.

 


Ejemplo de autoestima

 

Ydalia recomienda a los invidentes, para tener oportunidad en las universidades, que dejen la timidez y pregunten siempre.

 

Entiende que a la sociedad le falta acostumbrarse a los discapacitados, y pide a las autoridades que publiquen más en braille.

 

“Lo demás es responsabilidad de nosotros”.

 

A los profesores les dice: “Uno lo que necesita es una persona que crea en nosotros”. Sin embargo, reconoce que las trabas la han hecho más fuerte. “La palabra lástima no va conmigo, acepto la palabra consideración y respeto, lástima no”.

 

Ydalia se sabe bonita. Está pendiente de lucir bien. Le gustan las minifaldas. Elige los colores de la ropa. ¿Pero cómo? “Yo los recuerdo, los pude ver de niña”. No recrimina haberse quedado invidente:
“Fue una página en blanco, tuve la oportunidad de pasar de un mundo de colores a uno de texturas, de sonidos, de mucha intuición.

 

Gané mucho en libertad y he sabido pelear. Yo vivía en una familia muy rígida, quizás si hubiera podido ver me hubiera quedado allí hasta que me casara”.

 

“Ser ciega no es impedimento para nada”, asegura y dice, pícara, que tiene sus pretendientes.

 

“Ver y no ver son dos mundos, cuando estoy despierta no veo, cuando estoy dormida puedo ver.

 

Cuando perdí la vista se abrió una ventana”.

 


En contexto nacional

 

El promedio de personas ciegas, según datos de la Organización Mundial de la Salud, es de 1% de la población. Se incluyen las personas con ceguera total y con limitación visual grave. Por lo tanto, unas 200.000 personas serían invidentes en Venezuela. La Asociación Nacional de Ciegos calcula aproximadamente 500 ciegos totales en Caracas y refiere que un censo, hecho por el organismo en Miranda, reveló que 180 invidentes permanecían recluidos en sus casas sin estudiar ni trabajar.

 

Cerca de 40 estudiantes ciegos cursan una carrera en la Universidad Central de Venezuela, la casa de estudios que ha acogido más alumnos invidentes, según la Asociación Nacional de Ciegos.

 

En la UCAB hay aproximadamente 5 estudiantes ciegos, según la asociación.

 

Ha bajado el número porque actualmente la UCAB no puede otorgar becas completas y la mayoría de los invidentes no tiene recursos económicos.

 

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