Personas con Inteligencia límite: Un colectivo en tierra de nadie

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La inteligencia límite puede parecer, en principio, un concepto de fácil definición, especialmente si tenemos en cuenta la clasificación de la OMS, basada en el cociente intelectual: una persona con inteligencia límite es aquella cuyo cociente intelectual se sitúa entre 70 y 85, es decir, justo por debajo de lo que se considera normal, pero tampoco englobado dentro del retraso mental.

Si nos basamos en otras definiciones, como la de la Asociación Americana de Retraso Mental, que considera otros aspectos además del cociente intelectual, como son las habilidades (vida en el hogar, tiempo libre, utilización de la comunidad...), vemos que la definición ya no es tan sencilla, y que los instrumentos de trabajo y valoración empiezan a ajustarse a la realidad del colectivo de personas con inteligencia límite, y a contemplar aspectos de adaptación, factores sociales, de aprendizaje...

 

“Borderlines”
Es decir, las personas con inteligencia límite no tienen un retraso mental, pero tampoco disponen de unas habilidades cognitivas y personales para enfrentarse a las exigencias del entorno como cualquier otra persona. Esta limitación intelectual, asociada a dificultades para adaptarse al entorno, configura la esencia de los “borderlines”.

La inteligencia límite comporta, en la mayoría de los casos, un desajuste social, provocado principalmente por la falta de adaptación al entorno. Podemos decir que las personas con este handicap no están hechas al entorno que los rodea (demasiado competitivo, exigente, rápido...) ni el entorno está hecho para las personas con inteligencia límite (no se conoce la problemática, ni sus dificultades y capacidades...)

Estas personas reciben, en la mayoría de los casos, la educación primaria en una escuela ordinaria, con todas las adaptaciones correspondientes. Pero es en la educación secundaria cuando se encuentran incapaces de seguir el ritmo académico que se los pide, y tienen que entrar en el circuito educativo para personas con necesidades educativas especiales. En este momento, tanto los mismos adolescentes como sus familias, tienen que hacer frente a una realidad muchas veces difícil de entender.

 

Educación

 

Las personas con discapacidad intelectual límite son las grandes desubicadas. Algunos, dentro de la escuela ordinaria, se han encontrado diferentes e inadecuados, a lo mejor considerados “vagos” por los adultos. Y una vez “etiquetados” debidamente como personas con inteligencia límite, han tenido que soportar el peso de un estigma: se han sentido rechazados por los amigos de la escuela ordinaria, pero tampoco se han sentido bien cuando han llegado a un centro adaptado y se han encontrado con personas con limitaciones más acentuadas que las suyas. Es frecuente que en la adolescencia aparezcan dificultades de interacción social, y la autoestima y el bienestar emocional de la persona se recienta.

 

Las personas con inteligencia límite viven generalmente a lo largo de su infancia y adolescencia más experiencias de fracaso que de éxito, y esto conlleva que en muchas ocasiones eviten enfrentarse a situaciones en las que corran peligro de equivocarse. La poca tolerancia a la frustración limita la vivencia de experiencias personales que ayudan a cualquier persona a crecer y madurar. La autoestima se resiente y su bienestar disminuye, siendo probable que surjan trastornos emocionales o conductuales. Es importante trabajar la autoestima, la autodeterminación, las habilidades sociales y la capacidad de tolerar frustraciones. Hay que apoyar a la persona pero nunca sobreprotegerla o decidir por ella.

 

Inserción laboral

 

La entrada al mundo laboral está llena de desengaños. Los límites no acostumbran a tener el reconocimiento legal como personas disminuidas (o sea, algunas veces obtienen un porcentaje de disminución inferior al 33% según las tablas numéricas establecidas por normativa), a no ser que presenten alguna otra discapacidad asociada. Por este motivo, no tienen acceso a los recursos sociales destinados a las personas con disminución, pero tampoco tienen las puertas abiertas dentro del mercado laboral.

 

Es necesario ofrecer al trabajador y a la empresa una ayuda para una mutua adaptación. Esto se conoce como trabajo con apoyo. Aunque se han puesto en funcionamiento diferentes iniciativas de estas características, hay que hacer un esfuerzo creativo tanto por parte de las empresas como de las entidades que trabajan para la integración laboral de estas personas, para conseguir proyectos que beneficien a todo el mundo.

 

Futuro

 

El trabajo con las personas con inteligencia límite tiene que abordarse desde tres niveles: social, familiar y personal. De otro lado, la sociedad necesita instrumentos de conocimiento y reflexión para plantear el “lugar” social que ocupan estas personas. Sin consideración no pueden existir soportes y ayudas (institucionales, asociativas, individuales...). Por otro lado, la familia es el principal apoyo en la evolución y la integración social de este colectivo, porque mediante su comprensión, protección y soporte puede modificar las oportunidades de integración de estas personas. Y por último, no podemos olvidarnos de la misma persona, que tiene que ir decidiendo y construyendo su propio futuro.

 

Aún queda mucho camino por recorrer en el mundo de la inteligencia límite. Hace falta una gran dosis de creatividad, imaginación, tolerancia, comprensión y, sobre todo, una gran capacidad de escuchar para sentir las necesidades que estas personas presentan. Creemos que vale la pena.

 Autor: Neus Palos, Asociación Catalana de Integración y Desarrollo Humano (ACIDH)
ACIDH - Associació Catalana d’Integración y desenvolupament huma - http://www.acidh.org
Fuente: Minusval No. 132 Ene-Feb 2002 
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 12 No. 3

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