El “estira y encoge” de fomentar la independencia de los adolescentes

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 Foto de jóvenes en un concierto

Durante una discusión reciente a la hora del desayuno sobre cuántas horas pasaba delante del televisor, nuestro hijo argumentó exasperado, “Mamá, ¡ya tengo 18 años!”.

Alex tiene razón. Esta primavera cumplió 18 años, convirtiéndose legalmente en adulto en el estado de California. Puede votar, firmar contratos de arrendamiento, tener su propia cuenta bancaria y requerir que sus expedientes médico y escolar se mantengan en privado.

Pero siendo un adolescente con Dificultades de Apren-dizaje significativas y algo de TDAH, Alex puede ser muy impulsivo, olvidadizo, obsesivamente empecinado e insensible a las normas y a la autoridad.

Para su papá y para mi, navegar esa ténue línea entre ser padres sobreprotectores (que no dejan a su hijo crecer) y darle demasiada libertad (con consecuencias potencialmente devastadoras) representa un acto de malabarismo.

Aunque Alex ya tiene 18 años, continúan las batallas de siempre - sobre el tiempo a pasar frente a la televisión y el computador, sobre la hora de llegada, sobre las conversaciones telefónicas a altas horas de la noche y los límites a su vida social. Pero, ¿podemos mantener las mismas normas a los 18 años de edad?

El peligro de comparar a nuestro hijo con sus compañeros

¿Estará mi hijo listo para conducir? ¿Preparado para manejar su dinero? ¿Para cuidarle la casa a un amigo? ¿Para viajar fuera del país?

Es posible que estos ritos de independencia no sean tan significativos para cualquier joven de 18, pero cuando nuestro hijo tiene la madurez emocional de alguien 3 ó 5 años menor - tal como sugieren las investigaciones realizadas con muchachos con TDAH - las cosas pocas veces son tan nítidas.

Según Eileen Bailey, una consejera profesional que responde consultas en la página informativa de Add.com, lo más importante que deben recordar los padres es que los muchachos con TDAH y Dificultades de Aprendizaje “tienden a tener menor madurez emocional que sus compañeros”.

“Es muy importante que los muchachos y sus padres comprendan en que punto se encuentran en ese momento y no en que punto deberían estar,” afirma Bailey. “Olvídense aquello de que el hijo de mi amiga está haciendo tal cosa y por lo tanto mi hijo debiera hacer lo mismo, y parta de la situación actual de su muchacho.”

Este es un buen consejo. Lo sé por experiencia propia. Solo por el hecho que los amigos de nuestro hijo sacaran sus permisos de conducir el día que cumplieron 16, no significó que Alex estuviera en condiciones de hacerlo. Para los adolescentes con problemas de atención y de impulsividad que los llevan a actuar antes de pensar, la idea de colocarse detrás del timón de un vehículo de dos toneladas nos resulta terrorífica.

Abrir una cuenta bancaria también ha sido todo un desafío. El día que cumplió 18, Alex fue al banco cercano donde teníamos una cuenta conjunta desde hace dos años, para abrir su propia cuenta corriente y de ahorro. Pero un mes después de abrirlas, su saldo era de cero por haber sido demasiado generoso invitando a sus amigos y familiares a cenar. él pensaba que como su tarjeta de débito seguía funcionando, no había problema. Nosotros asumimos que Alex sabía cómo llevar su cuenta y no le ofrecimos la orientación adecuada. Otra lección aprendida.
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Progreso paulatino hacia la independencia

“Todas las cosas normales que quieres que tu adolescente aprenda para hacerse independiente también aplican para los adolescentes con Déficit de Atención y Dificultades de Aprendizaje, pero ellos requieren entrenamiento adicional,” señala Tonia Casselman, quien tiene un Ph.D. en desarrollo infantil, es profesora de la Universidad de Oklahoma y tiene una consulta privada especializada en adolescentes.

“Mientras que otros adolescentes aprenden sobre el manejo de dinero o cómo conducir observando a sus compañeros, tomando una clase o escuchando a sus padres, es posible que su hijo no internalice estos conocimientos de esa forma. ésto significa que es necesario que los padres intervengan, y es ahí donde las cosas se complican. Se requiere supervisión e interacción justo en momentos en que el joven quiere menor supervisión.”

Casselman sugiere enlistar el apoyo de la familia extensa, los maestros, vecinos y otros jóvenes adultos para ayudar en la enseñanza de destrezas básicas para la indepen-dencia. Los adolescentes tendrán menor resistencia cuando el que ofrece consejo o ayuda no es el padre, añade. Casselman recuerda haberle pedido a un plomero que vino a la casa que le mostrara a su hijo lo que estaba haciendo. Si bien su hijo no le permitiría a ella enseñárselo, estaba abierto a la instrucción de manos de alguien que él consideraba un profesional.

Cómo evaluar si su hijo está listo


Convertirse en alguien verdaderamente independiente es un proceso complejo, pero hay numerosas destrezas y características que constituyen buenos indicadores del nivel de competencia de su hijo. Los expertos sugieren evaluar estos indicadores en su propio adolescente antes de tomar decisiones sobre las libertades que usualmente se asocian con la mayoría de edad:

- ¿Puede su hijo estar pendiente del tiempo? Esta destreza impacta desde poder recordar las citas médicas hasta presentarse a tiempo para una entrevista de trabajo o entregar un proyecto en el colegio.

- ¿Cuán impulsivo es su hijo? Para los adolescentes que actúan antes de pensar, numerosas tareas relacionadas con la adultez resultan desafiantes. ¿Cómo se comportaría su hijo si se le atraviesa un carro en la vía? ¿Podría su hijo mantenerse calmado si el niño que está cuidando lo mortifica demasiado?

-¿Cómo se comporta su hijo adolescente en situaciones de emergencia? Si se encuentra en casa y hay un terremoto o un incendio, ¿podría lidiar con ésto?

A medida que los padres responden estas preguntas, podrán tomar una decisión en torno a cuánta independencia sería apropiada y qué destrezas quedarían por enseñarse, comenta Sheldon Horowitz, Director de Servicios Profesionales del Centro Nacional para las Dificultades de Aprendizaje (NCLD).

“Todo padre quiere que su hijo sea independiente, pero evidentemente, el objetivo subyacente es mucho más complicado,” comenta Horowitz, quien tiene un doctorado en educación. “Ser independiente significa llegar al trabajo a tiempo, cuidar de sus pertenencias, apegarse a un cronograma, llegar a tiempo a las citas y mucho más. Estas son áreas que los adolescentes y jóvenes adultos con dificultades de aprendizaje ciertamente pueden llegar a dominar con un entrenamiento bien concebido y apoyo sostenido.”


Escoja sus batallas: Sugerencias de los expertos

Conversando sobre los temas relacionados con la independencia de su adolescente, los padres tienen que decidir aquellas cosas que significan más para ellos y centrarse en ellas. Siguen algunas sugerencias de expertos asesores.

Aprovéchese de las estadísticas. Compartir información sobre las consecuencias de ciertas conductas puede constituir una lección poderosa. Por ejemplo Casselman recuerda haberle mostrado a un joven con TDAH las estadísticas sobre la probabilidad (significativamente mayor) de que un conductor con problemas de atención tenga un accidente automovilístico. Según estadísticas recientes, los conductores con TDAH tienen hasta 6 veces mayor probabilidad de que les pongan una multa o tener un accidente. Esta información podrían servir de argumento convincente para reforzar el entrenamiento de su hijo que se prepara para conducir.

No caiga en batallas tipo “Todos los demás lo están haciéndolo.” En lugar de enfrascarse en un argumento destinado al fracaso sobre por qué los amigos pueden hacer cosas que Ud. no le permite a su hijo, intente responder,  “Mientras vivas en mi casa, deberás seguir mis reglas. Si te mudas y te mantienes solo, entonces podrás hacer tus propias reglas.”

Aumente paulatinamente el nivel de independencia que le permite a su hijo. Si su hijo consistentemente acata la hora límite para llegar a casa (por eje. 10 pm) durante un mes, aumente la hora límite a las 10:30. Sin embargo, si no lo cumple, recorte los 30 minutos.

Busque situaciones vivenciales donde enseñar las destrezas que le resultan particularmente difíciles a su adolescente. “Los muchachos con dificultades de aprendizaje y TDAH tienden a aprender mediante las experiencias,” comenta Casselman. “No siempre es suficiente explicárselos, tienen que experimentarlo. En relación con la independencia, permítales aprender lo más que puedan a través de las experiencias siempre que Ud. sepa que las consecuencias no serán demasiado devastadoras.” Si estamos hablando de conducir, considere que haga un curso sobre cómo manejar a la defensiva o un curso más extenso sobre cómo conducir. Si se trata del manejo de dinero, averigue sobre cursos de manejo de finanzas que le enseñe cómo presupuestar.

Negociando con el adulto emergente

Una vez que Ud. comprenda los desafíos que su hijo enfrenta camino a la  independencia, sería recomendable hacer una lista de sus preocupaciones. Las normas en torno a la seguridad no son negociales, por ejemplo, en lo referente a manejar y tomar, utilizar drogas y las relaciones responsables con el sexo opuesto. Sin embargo otros áreas tales como las tareas, las obligaciones en casa o el manejo del dinero si bien son importantes, no involucran la seguridad y podrían someterse a negociación.

El refrán “escoge tus batallas” es adecuado en las relaciones con los muchachos y en nuestro caso, tenemos amplia experiencia implementándolo. Cuando Alex insiste en ver televisión hasta altas horas de la noche aunque tenga que levantarse a las 7:30 am el día siguiente, mi impulso es de regañar y amenazar. Pero unas cuantas mañanas yendo a su trabajo como guía de campamento con apenas 5 horas de descanso resultó la mejor lección sobre por qué no es una buena idea quedarse despierto hasta tan tarde - una lección más potente que cualquier regaño.

No he tenido tanto éxito intentando librarme de la idea que Alex tiene que desayunar antes de salir de casa. Ninguna de mis charlas sobre nutrición ha resultado exitosa. Cuando no puedo contenerme, le hago unas tostadas y se las pongo debajo de sus narices, pero no insisto si las deja sobre la mesa.

Un día sin desayunar no va a matarlo, me digo a mi misma. Pero el uso del casco al montar bicicleta es algo que no negociamos.
      
Manteniendo una red de seguridad

Ninguno de nosotros quiere que nuestro hijo se de una caida demasiado dura. De hecho, a veces es difícil dejarles resbalar. Pero ese es el camino de la independencia, alegan los expertos en adolescentes. El “estira y encoge” normal camino a la autosuficiencia requiere disminuir gradualmente el “cerco protector.” Sucede más léntamente con los jóvenes con dificultades de aprendizaje y TDAH, pero inevitablemente debe ocurrir.

“En cuánto a ofrecerles una red de seguridad yo diría que se detengan y viren al revés la ecuación,” comenta Horowitz. “Los padres no debieran ser quienes tiendan la red. Más bien son ellos quienes deberían ofrecerle a sus hijos oportunidades de reconocer sus fortalezas y sus dificultades.”

Esperen lo inesperado, sugiere Horowitz, y estarán mejor equipados para lidiar con cualquier revés que surja camino a la independencia. “Es posible que no sea fácil mantenerse orientando y alentando a los jóvenes mientras ellos construyen sus propias redes personales de seguridad,” comenta Horowitz, “pero es la única forma de asegurarnos que encuentren su camino hacia la independencia como adultos responsables y autosuficientes.”

Estirar las alas


Como madre, sé que no hay nada más gratificante que ver a mi hijo tener éxito siendo independiente, sea despertándose solo y llegando a su trabajo a tiempo todos los días de una semana, o ahorrando suficiente dinero para invitar a la familia a cenar. Alex ha hecho ambas cosas este verano, aunque ha sido un camino accidentado. Aún se sienta con los ojos enrojecidos viendo televisión mucho después que su papá y yo nos acostamos, a pesar de que le recuerdo cinco veces que tiene que levantarse a las 7:30 am. Su nueva cuenta bancaria estuvo sobregirada por dos días antes de que el banco lo llamara a casa una noche y se diera cuenta que aquello no era un pozo inagotable. Ahora rectifica su saldo dos veces cada vez que va a utilizar su tarjeta de débito.

Estos pequeños logros posiblemente no sucedieron tan rápidamente como con sus compañeros, pero quizás es justo ésto lo que los hace tan satisfactorios cuando ocurren. Un pasito de bebé a la vez, ¡a pesar que Alex ya usa zapatos talla once!


Autora: Melinda Sacks, periodista especializada en temas de familia, educación y Dificultades de Aprendizaje
Fuente: Schwablearning.org, ahora Greatschools.org
Traducción: Angela Couret
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 21 No. 1

 

Sobre Melinda Sacks: Es periodista especializada en temas relacionados con los niños, la familia, la educación y las dificultades de aprendizaje. Ha escrito para numerosos periódicos y revistas de San Francisco.

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

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