Dificultades del Aprendizaje: causas, diagnóstico e intervención psicopedagógica

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El diseño de un programa de trabajo educativo individual debe considerar todos los aspectos que inciden en las dificultades de aprendizaje pero, sobre todo, debe centrarse en el desarrollo de la capacidad de aprender y no solamente en la superación de las causas o en la adquisición de contenidos.
 
Niños en sus pupitres en salón de clases

¿Cómo se aprende?

Durante los primeros años los niños construyen el mundo haciendo uso de los recursos disponibles: los sentidos, el movimiento, su cuerpo, las acciones sobre los objetos y las interacciones con los demás.

Así van estableciendo relaciones, entrenándose en las actividades que les son interesantes, descubriendo nuevos objetos y creando nuevas estrategias para conocerlos.

La interacción con los demás le permite crear nuevas formas de comunicación y lleva a los niños a usar formas simbólicas para expresarse como la imitación, el juego, el dibujo y el lenguaje.

Estas conductas de simbolización o representación se hacen cada vez más complejas, ya que no sólo representan a las personas y los objetos sino también las relaciones entre éstos, en un espacio y tiempo determinado.

Estas relaciones se tornan cada vez más complejas, incluyen más elementos y también una estructura u organización interna.

Con la integración de todos estos procesos el niño comienza a interpretar nuevos objetos de la realidad: los símbolos gráficos (la escritura).

Simultáneamente, elaboran relaciones nuevas entre los objetos, como sus semejanzas y diferencias, o si hay más o menos elementos entre sus juguetes; éstas relaciones no existen en la realidad sino que el niño las construye llegando así, en un proceso que ha durado cinco o seis años, a estar listo para acceder al aprendizaje escolar.

¿Qué es aprender?

Todos los seres humanos, desde que nacen, se adaptan dinámica y creativamente a su entorno en una interacción constructiva y permanente. Dicha adaptación se produce gracias a los procesos de desarrollo y aprendizaje.

EL DESARROLLO es un proceso general en el que interviene el organismo en su totalidad y el medio ambiente, y mediante el cual el individuo pasa de ser un estado de menor a mayor complejidad. Su motor es la afectividad.

EL APRENDIZAJE es un proceso que parte de una situación determinada, depende del desarrollo y de las interacciones que el sujeto tiene con los objetos de conocimiento y con las demás personas.

APRENDER es el reconstruir el mundo que nos rodea creando formas de conocer, interpretar y representar la realidad, que van desde las relaciones inmediatas que hace el bebé, a través de sus primeros contactos físicos, hasta los conceptos abstractos de la lingüística o la matemática.

¿Qué se necesita para acceder al aprendizaje escolar?

Hoy sabemos, que para que un niño pueda aprender exitosamente en la escuela hay requisitos, unos corresponden al niño y otros al maestro. El alumno necesita un determinado nivel de madurez, la posibilidad de elaborar los contenidos que le proponen, confianza en sí mismo, capacidad para relacionarse con los demás y deseos de aprender.

El maestro debe considerar el proceso de desarrollo del niño: conocer cómo se elabora el aprendizaje de los distintos contenidos, sustentar los nuevos conceptos en los conocimientos previos, estimular en los niños el deseo de conocer y propiciar el deseo de superación.

Madurez para el aprendizaje

La maduración para el aprendizaje es una disposición o disponibilidad del niño que le permite tener capacidades para aprender y se debe, fundamentalmente, a cambios fisiológicos o a procesos internos del sistema nervioso central, aunque en la actualidad se considera que también está determinada por factores externos como son el entorno familiar y el medio socio-cultural.

La madurez para el aprendizaje significa que el niño puede aprender fácil y eficazmente, y sin tensiones emocionales porque ha alcanzado un cierto nivel de desarrollo y dispone de los conocimientos, habilidades e intereses que propician el aprendizaje.

Aunque la maduración es un proceso individual, de cada niño, la presión social y escolar establece que se debe alcanzar un determinado grado de desarrollo, conocimientos, habilidades e intereses a cierta edad. Cuando esto no ocurre se habla de un cuadro de inmadurez, de un niño inmaduro o de un retraso en la maduración.

¿Cómo se siente el niño con Dificultades de Aprendizaje?

Entiende todo lo que le enseñan pero no puede dar respuestas concretas; se aburre en clase; olvida lo que tiene que hacer; necesita ayuda para ser eficiente; requiere de mucho apoyo de los adultos; tiene su propio orden; estudia pero dice que se le olvida pronto; le da flojera estudiar; no se explica qué le sucede.

¿Cómo ven los padres a su hijo con Dificultades de Aprendizaje?

Es un niño inteligente; no cumple los encargos que le dejan; necesita hacerse notar constantemente; es desordenado; parece vago; tarda mucho en hacer sus tareas; demanda ayuda durante más tiempo que los demás niños; no hace relatos completos; se pierde en los detalles; a veces es demasiado lento y, a veces, demasiado rápido.

¿Cómo ven los maestros al niño con Dificultades de Aprendizaje?

Atiende a varias cosas a la vez y no se centra en ninguna; contesta lo primero que se le ocurre; sus trabajos son desordenados y sucios; interrumpe la clase con frecuencia; olvida los útiles, las tareas o lo que tiene que hacer; no parece aprender; su trabajo oral es mejor que el escrito; no puede realizar tareas contra reloj pero las hace bien si se le da más tiempo.

Causas de las Dificultades de Aprendizaje:

Retraso en la maduración neurológica: Se debe a alteraciones que afectan a la estructura del cerebro o su funcionamiento; y repercuten en el desarrollo del niño en su conjunto, no en el aprendizaje.

Se detecta muy tempranamente porque los niños presentan características diferentes a los demás en su evolución motriz y de lenguaje, en su adaptación a situaciones nuevas o en su relación con los demás.

Retraso en la maduración de algunas funciones o procesos psicológicos: Inmadurez en el desarrollo perceptivo motriz: Aparece acompañado de un conocimiento corporal pobre y dificultad en la comprensión de los conceptos relacionados con el orden temporal y la ubicación espacial, así como dificultades en la representación espacial y en la coordinación ojo-mano.

Estos niños pueden presentar dificultades para identificar los signos gráficos (como palabras o números), la posición y la secuencia en que se disponen así como el orden de los números y la ubicación de éstos en las operaciones. En general rechazan dibujar o escribir.

Retraso en el desarrollo psicolingüístico: Puede manifestarse en la comprensión, organización o expresión del lenguaje; en la relación del lenguaje oral con el escrito o en la coordinación de los estímulos auditivos y visuales.

Los niños presentan dificultades para acceder a la lecto-escritura ya que es una nueva forma de comunicación verbal arbitraria y que requiere de coordinaciones internas complejas.

Inmadurez en el desarrollo de la atención: Los niños necesitan desarrollar una atención selectiva para poder trabajar en el salón de clases mientras un compañero habla, otro saca punta al lápiz y la maestra escribe en el pizarrón. Cuando un niño no tiene una atención selectiva es probable que no pueda seguir las explicaciones del maestro ni completar sus trabajos o cumplir cotidianamente con sus tareas.

En muchas ocasiones, cuando el niño carece de las bases para comprender lo que el maestro explica, la falta de atención proviene del discurso incomprensible y monótono del maestro o por estar concentrado en preocupaciones personales o familiares.

Inmadurez en el desarrollo funcional de la memoria: El niño no es capaz de una elaboración espontánea y eficaz para el recuerdo en la reproducción de secuencias y/o en la evocación de la información para elaborar el cálculo mental.

También puede ocurrir cuando no se sabe cuándo, dónde y cómo se van a explicar las estrategias de memorización o no se comprende aquello que se debe recordar.

Inmadurez en los procesos de competencia social: Se refiere a varios aspectos de origen emocional como son la baja autoestima, la cual da lugar a problemas de relación con sus compañeros o maestros cuando el niño no tiene las habilidades sociales necesarias para convivir en el ambiente escolar o social en el que está.

Bloqueos en la formación de los instrumentos intelectuales del niño: Es decir en la elaboración de las estructuras de pensamiento o aplicación de estas estructuras en el aprendizaje de contenidos escolares específicos. Los niños aprenden los contenidos escolares de una manera mecánica evadiendo un proceso de construcción reflexiva que les permita comprender y utilizar sus conocimientos. Esto se agrava por una enseñanza centrada en la acumulación de información más que en el desarrollo del proceso del pensamiento.

Sin embargo, la inmadurez o bloqueo en cualquiera de estos aspectos no es por sí misma generadora o causante de una dificultad de aprendizaje, ya que todas ellas pueden ser compensadas por los niños siempre y cuando la acción educativa considere sus características individuales y promueva el aprendizaje con estrategias didácticas diversificadas que les permitan organizar a su manera la información para poder adquirir nuevos conocimientos.

¿Dificultades de Aprendizaje o Fracaso Escolar?

Estas expresiones parecen designar lo mismo porque ambas se refieren a un proceso de aprendizaje escolar problemático; sin embargo, cuando se dice dificultades de aprendizaje se enfatizan las características del niño como causales del problema, y cuando se habla de fracaso escolar se destacan las limitaciones que tienen los maestros, las escuelas y los planes de estudio para favorecer un aprendizaje escolar exitoso.

Diagnóstico

La evaluación de un niño con dificultades de aprendizaje tiene diversos enfoques y depende, en gran medida, de las manifestaciones más significativas que presente el niño en particular.

El examen pediátrico permite conocer las características generales de salud y detectar las necesidades de exámenes de tipo auditivo, visual o neurológico.

La evaluación neurológica permite detectar los componentes de origen orgánico o de inmadurez neurológica.

La evaluación psicológica permite conocer las características de un niño en relación con los demás de su edad y detectar algunos aspectos fuertes y débiles en la evolución psicológica, así como su condición emocional.

La evaluación psicopedagógica permite conocer las características de su proceso de aprendizaje en particular y las estrategias que emplea.

En ocasiones se debe complementar con un examen del desarrollo lingüístico y/o psicomotor.

Intervención Psicopedagógica

El diseño de un programa de trabajo individual debe considerar todos los aspectos que inciden en las dificultades de aprendizaje pero, sobre todo, debe centrarse en el desarrollo de la capacidad de aprender y no solamente en la superación de las causas o en la adquisición de contenidos escolares.

La intervención psicopedagógica consiste en guiar al niño en el desarrollo de sus capacidades de una manera progresiva, permitiéndole interactuar con materiales que le sirvan para establecer, deducir y coordinar relaciones para así adquirir conocimientos.

Son indispensables el diálogo abierto; el juego con objetivos precisos; la resolución de problemas espaciales, físicos, cognitivos o matemáticos mediante estrategias diversas.

El objetivo fundamental es crear las condiciones para que el niño pueda establecer una relación gratificante y exitosa con el conocimiento y un deseo consciente de superación personal.

Bibliografía recomendada:
Asociación de Padres de Niños con DDA, DISLEXIA Y DIFICULTAD DE APRENDER, CEPE, Madrid 1994.
Delval, Juan. CRECER Y PENSAR. Paidos. México l 1991.
Marchesi, Coll y Palacios (comps.) DESARROLLO PSICOLóGICO Y EDUCACIóN iii: Alianza psicología, Madrid, 1990.
Groupe Francais: EL PODER DE LEER. Gedisa. Barcelona, 1985.


 

Fuente: Autor: Profa. Martha Ezcurra Ortiz, Directora del Centro de Aprendizaje del Sur.Fuente: Documento especial, Revista Ararú, Ago/Oct 95
 
 
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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

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