La Inteligencia Emocional como Destreza Adaptativa

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Andrés y la predisposición al éxito...
Andrés cuenta con 7 años de vida. No es precisamente una estrella en lo que se refiere a su vida académica, la verdad es que prefiere jugar con sus amigos, bañarse en quebradas y pasar los días en deliciosa contemplación de lagartijas y ranas ó a la caza dichosa de cangrejos cuando vamos a la playa.

 

Es como dicen en lenguaje coloquial...«el primer chicharrón»... en piñatas, celebraciones varias y cualquier actividad que pueda realizarse lejos de los límites y restricciones impuestos por nosotros los adultos.

 

En una oportunidad, al finalizar el año escolar llegó a casa con una nota de la maestra en la que se me informaba que debía quedarse en clases una semana más, con otros compañeros que se consideraba necesitaban de un refuerzo escolar. Ante mi reacción por la nota (yo consideraba que Andrés había hecho un gran esfuerzo en el colegio y que cumplía con todos los requisitos para pasar de grado), mi hijo de inmediato fue capaz de percibir mis sentimientos, aún cuando me abstuve de verbalizar lo que me pasaba por la cabeza.

 

Con tono reconfortante me aseguró...«Mamá , no te preocupes. Ir al colegio por unos días más va a ser cheverísimo. Voy a tener más espacio para jugar y ¿sabes qué?, cuando comiencen las clases en septiembre voy a saber muchísimo»... Durante toda esa semana se subió al carro con una sonrisa en los labios, me abrazaba y decía lo bien que había trabajado.

Otras veces he tenido la fortuna de asistir a sus entrenamientos de Football. Andrés no es el más alto, tampoco el más rápido, no es el más fuerte, además no tiene mucha experiencia. Otros de sus compañeros juegan como profesionales, llevan uniformes oficiales de equipos europeos y se ven muy diestros en el asunto. Andrés lleva shorts floreados de surfista, cualquier zapato deportivo y la franela de su uniforme que invariablemente tiene algún huequito o una manchita de tinta o de ketchup.

 

Es mediocampista y no se espera que anote goles, sin embargo juega de una manera que considero demostrativa de una gran capacidad de automotivación, respeta el territorio de sus compañeros de equipo tanto como puede, no le arrebata el balón a sus compañeros, tan pronto como ve que el balón está en su área de trabajo, lo sigue con gran determinación.

A veces da una sorpresa, aprovecha un descuido de sus oponentes y anota un Gol. De inmediato se le ilumina el rostro, pero se cuida de no saltar o hacer ningún ademán que pueda hacer sentir mal a los contrarios o herir susceptibilidades en los expertos de su equipo. No se regodea con sus logros, sino que los celebra en privado, internalizando la vivencia que le resulta tan placentera y utilizándola para alimentar su autoestima.

 

Andrés demuestra diariamente que es capaz de ponerse en los zapatos del otro. Es solidario, respetuoso y amable. Cuando tiene que defender sus derechos lo hace sin titubeos, impulsado por el conocimiento de sus fortalezas y cualidades. Sabe como se merece que lo traten y cuando las cosas no se dan de la mejor manera, no duda en negociar con adultos y coetarios hasta lograr una solución que satisfaga a todas las personas involucradas.

 

Andrés no es un dechado de virtudes. Tampoco está exento de enfrentarse a problemas en su vida diaria. Está en proceso de adquirir destrezas y conocimientos que le sirvan para perfeccionar sus aptitudes sociales e incrementar su nivel de conocimientos en todas las áreas, sin embargo pareciera tener la mitad de la partida ganada al ser poseedor de una intuición especial, que en él es intrínseca y que lo predispone al éxito.

 

La Inteligencia Emocional

 

Con la evolución del conocimiento humanístico y científico de los últimos tiempos, hemos visto como toman vigencia nuevas corrientes del pensamiento. Así han surgido teorías psicológicas variadas, entre las cuales se destaca la Teoría de la Inteligencia Emocional.

 

Daniel Goleman, un filósofo de Harvard con estrecha vinculación al mundo de la psicología, presenta en su libro «La Inteligencia Emocional», la teoría desarrollada en base a las observaciones de los científicos dedicados a la neurobiología y los psicólogos modernos.

 

Esta teoría incorpora, de una vez por todas la afirmación del sustrato neurobiológico de la vida emocional del humano y al mismo tiempo, nos tranquiliza diciendo que a pesar de que todas y cada una de nuestras respuestas emocionales están regidas por un sistema nervioso con unas características anatómicas precisas y determinantes, no existen razones para que el ser humano transite por la vida siendo presa indefensa de su emocionalidad, sino que es posible modificar de manera significativa las cualidades e intensidad de nuestras respuestas, modulando y modelando las mismas a través de la aplicación de técnicas o estrategias desarrolladas con miras a fortalecer ésta dimensión del hombre.

 

Dentro de los postulados fundamentales que dieron origen a ésta teoría vale la pena recodar los conceptos de inteligencia ofrecidos por Gardner en los que habla de las Inteligencias Múltiples y hace referencia en especial a la Inteligencia Interpersonal e Inteligencia Intrapersonal.

 

Este autor define la Inteligencia Interpersonal como la capacidad para comprender a los demás: ¿qué los motiva?, ¿cómo operan?, ¿cómo trabajar cooperativamente con ellos?. Sostiene que vendedores, maestros, políticos, médicos clínicos y líderes exitosos son probablemente individuos con un elevado grado de Inteligencia Interpersonal. Al mismo tiempo nos enseña que la Inteligencia Intrapersonal es una capacidad correlativa, vuelta hacia el interior. Es la capacidad de formar un modelo preciso y realista de uno mismo y la capacidad de evocar ese modelo y usarlo para operar eficazmente en la vida.

 

Sostiene que las habilidades emocionales son fundamentales para la vida. Así señala que muchas personas con Coeficiente Intelectual de 160 se encuentran cotidianamente en situaciones en las que se ven subordinados a individuos con coeficientes de 100.

 

Es importante tener presente que puede existir una discrepancia ó disociación entre las capacidades cognitivas del individuo y las destrezas emocionales. Esto explica por qué individuos muy inteligentes, con un historial de ejecución académica de excelencia , pueden no obtener los resultados deseados en aspectos relacionados con la situación laboral, la vida de pareja, el éxito en los negocios o la armonía familiar.

 

Otros autores han complementado aún más el concepto de Inteligencia Emocional, entre ellos Salovey quién nos habla de cinco esferas principales de Inteligencia emocional que incluyen:

 

Autoconocimiento emocional: nos permite identificar nuestros propios sentimientos mientras ocurren.

 

El manejo de las emociones: basado en la característica anterior, se trata de la capacidad de serenarse, dominar las respuestas de rabia, librarse de la melancolía, etc.

 

La Automotivación: que nos permite alimentar nuestras esperanzas de cumplir con metas y objetivos aún cuando las condiciones del entorno no sean favorables o simplemente cuando no disponemos de los recursos tradicionalmente asociados con el éxito.

 

Reconocer las emociones de los demás: la posibilidad de sintonizarse con los sentimientos de los demás. Esta habilidad es la base de la empatía y de la solidaridad, así como es la base del éxito de profesionales que trabajan en el área del comercio, la satisfacción de necesidades de clientes y atención al público en general.

 

El manejo de las relaciones interpersonales: habilidad ésta que puede incluir las destrezas de negociación, dirección del grupo y liderazgo.

 

Para aquellos de nosotros que somos padres o para los que trabajamos en el área de atención al niño y el adolescente, es fundamental cultivar la Inteligencia Emocional en nuestra persona, entrenarnos para reconocer éstas destrezas en los niños y jóvenes que dependen de nosotros y para servir de entes multiplicadores de estrategias destinadas al mejoramiento y la adquisición de éstas destrezas por parte de otros.

 

Autor: María Elena López. Pediatra venezolana, especialista en Desarrollo Infantil y sus Desviaciones.

 

Fuentes de Información:
GOLEMAN, Daniel. La Inteligencia Emocional. Javier Vergara, editor. Buenos Aires. 1997.

 

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