Por partida doble.

  • Imprimir Amigable y PDF

Entrevista a Sara Galdós


Entrevistamos hoy a Sara Galdós, venezolana nacida en Perú, radicada en España, licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Madrid, actualmente estudiante de postgrado en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Inglés y madre de cuatro mujeres, dos de ellas diagnosticadas de dislexia en Caracas a la edad de nueve y siete años, respectivamente.

 

PAP: Sara, si bien nuestra entrevista se relaciona con tu experiencia como madre de Verónica (35) y Angie (26), ambas con dislexia, te rogamos nos presentes a todo el núcleo familiar, para que nuestros lectores aprecien el entorno.

 

Recuerdo la gran alegría que sentí cuando en 1989 mi esposo aceptó una interesante oferta para trabajar en Madrid. Aquí estamos, 18 años después, nosotros dos con nuestras dos hijas menores, Angie (26) y Jéssica (20). Las dos mayores, Verónica (35) y Mónica (34), están casadas y viven fuera. Nuestra familia, además, está creciendo, tenemos una nieta, Oriana (3) de nuestra hija mayor y otro nieto en camino, de la segunda. Las tres, Verónica, licenciada en Bellas Artes y Diseño Gráfico por la Guildhall University of London, Mónica, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca, y Angie, con una titulación en Hostelería y Restauración por el Hotel Escuela de Madrid, y actualmente haciendo estudios de Magisterio en Educación Especial en la Universidad Autónoma de Madrid, estudiaron la primaria en un colegio bilingüe, la Academia Washington, en Caracas y la secundaria o parte de ésta en distintos colegios privados venezolanos. Jéssica, la menor, que realizó todos sus estudios escolares en colegios públicos españoles, actualmente estudia el segundo año de una carrera combinada de Derecho y Económicas, también, en la Universidad Autónoma de Madrid.

 

PAP: En el caso de tu hija mayor, Verónica, ¿cuándo te diste cuenta que algo no marchaba bien en relación con sus procesos de aprendizaje? ¿Fuiste tú misma o algún profesional quien notó señales de alarma? Entiendo que en ese entonces vivías en Venezuela…

 

Verónica empezó a dar señales de que algo no funcionaba bien según fue avanzando en su escolaridad, fue más notorio a partir del tercer grado. Estudiaba en un colegio bilingüe desde kindergarten a los cinco años. Algunos profesores pensaban que la dificultad estaba generada por el hecho de que sólo hablábamos español en casa. Aunque su padre y yo nos manejábamos bien en inglés, el idioma sólo estaba presente en nuestro hogar en su forma escrita. Nuestras hijas crecieron rodeadas de enciclopedias, libros, revistas, películas, juegos y algo de TV, la mayoría en inglés. Aunque alguna profesora estadounidense recomendó cambiarla a un colegio monolingüe, nosotros apostamos por insistir en darle la oportunidad de aprender un segundo idioma, especialmente inglés, idioma que apreciábamos y pensábamos que le ayudaría en su desarrollo personal y en su vida profesional, cuando llegara.

 

PAP: ¿Se te facilitó obtener un diagnóstico clínico de la dislexia y a qué edad se hizo?

 

Por aquella época, realizábamos frecuentes viajes de vacaciones a Estados Unidos. En uno de estos viajes consulté a un médico que me habló por primera vez sobre los problemas de aprendizaje y me recomendó buscar ayuda profesional para una evaluación. Llegamos a casa cargados de libros sobre problemas de aprendizaje en general y dislexia en particular, todos en inglés. En Caracas, con 9 años, Verónica fue diagnosticada de dislexia y empezó un tratamiento con la misma psicóloga. Unos ejercicios realizados en su consulta, durante tres visitas semanales, dieron como resultado que Verónica superara sus dificultades más notables de lateralidad y en lecto-escritura. Casualmente por esa fecha, también conocí a una joven que tenía un hermano que había sido diagnosticado de dislexia siendo adulto, después de haber sufrido maltrato e incomprensión durante toda su niñez y juventud. Me facilitó varios libros y me dio mucha información sobre el tema. Para mi sorpresa, todos estos libros eran impresos, editados o traducidos en España. Razón por la cual, en su momento, nuestro traslado a España me entusiasmó tanto. Mis expectativas eran grandes, aquí encontraría una sociedad conocedora del tema, más que la venezolana, y un sistema educativo preparado para atender los problemas de aprendizaje de mis hijas.

Lamentablemente, más pronto que tarde, descubrí mi equivocación y tuve que sobreponerme a la desilusión y prepararme a seguir en mi lucha para seguir apoyando y trabajando con mis hijas como habíamos hecho hasta entonces. Verónica había terminado la secundaria en Caracas y empezaría la universidad según llegamos a Madrid. Una segunda hija diagnosticada de dislexia venía con edad para incorporarse a 5º de primaria. En la evaluación para situarla la bajaron de grado, lo que para ella fue traumático, pero luego se comprobó que fue mejor para su adaptación al sistema escolar español con las dificultades que le generaba la dislexia.

 

PAP: ¿Cuál fue la reacción tuya y de tu esposo ante la noticia de esta dificultad? ¿La familia extensa?

 


Nuestra reacción al diagnóstico fue de conformidad y alivio porque sentimos que se aclaraba el panorama sobre las dificultades de aprendizaje de una hija que reconocíamos como inteligente, responsable, divertida, trabajadora, afectuosa, pero algo retraída, con baja tolerancia a la frustración y un poco caprichosa con respecto a sus gustos y preferencias. La familia se volcó en afecto y comprensión para Verónica y para nosotros mismos, en nuestros momentos de frustración por no saber que más hacer o cómo ayudarla.

 


PAP: Una vez conocida la dificultad, ¿encontraste receptividad en el entorno docente y escolar en general?

 

Recuerdo que los profesores de las asignaturas donde tenía más dificultad, Inglés, Ciencias Sociales y Matemáticas, reaccionaban con cierto escepticismo cuando los abordaba para hablar de la dislexia de mi hija. Verónica era y se veía como una niña normal e inteligente. Me daba la impresión de que pensaban que era sobreprotección de mi parte. Yo he llegado a pensar y hasta a referir en momentos de mucho estrés que hubiera sido conveniente que la dislexia hiciera que a la persona le saliera un cuerno en el medio de la frente que provocara comprensión para sus dificultades de aprendizaje. Entre muchas otras anécdotas, he preparado exámenes y ejercicios que mostraran a algunos profesores lo que yo pensaba que ayudaría a mi hija a seguir instrucciones para una tarea bien hecha o para demostrar lo que sabía en un examen. Alguna profesora, con poco tacto, llegó a decirme que si yo pretendía que ella se metiera dentro de Verónica. Nunca entendí que quiso decir y estoy segura que ella tampoco tenía claro lo que yo quería o lo que ella podía hacer para ayudarla. En ese momento, pienso que ambas partes ignorábamos lo que era mejor para Verónica, pero yo era la madre que sí la podía apoyar y quería defenderla dentro de lo posible.

 


PAP: ¿Qué medidas se tomaron en casa para apoyar a Verónica y conservar su autoestima?
 

 

En vista de las necesidades de Verónica, dedicábamos más tiempo a ayudarla en sus tareas escolares, tanto que sus hermanas se mostraban celosas, sobretodo la segunda, un año menor que ella. Dentro de lo posible, actuábamos con más paciencia y comprensión ante sus comportamientos, razonamientos y acciones que podían sacarnos de quicio en determinados momentos en que se combinaban su persistencia con nuestro estado de ánimo o cansancio físico y mental. Sobre la marcha, según nos informábamos más sobre la dislexia, fuimos corrigiendo errores y adquiriendo destrezas para ayudarla a conservar su autoestima. Verónica es una artista nata, recibió clases de dibujo y pintura que disfrutaba mucho. Buscábamos potenciar esas habilidades que la hicieran sentirse orgullosa de sus trabajos de arte y a nosotros, padres felices por sus pequeños éxitos.

 


PAP: En el caso de Angie, tercera de tus hijas, ¿resultó más fácil comprender la dificultad y tomar acciones?

 


Angie, nuestra tercera hija, fue diagnosticada de dislexia auditiva a lo siete años. No resultó fácil comprender sus dificultades, a pesar de nuestra experiencia con Verónica, porque cada hijo es diferente. Probablemente, tampoco queríamos reconocer el problema que estaba siendo difícil y complicado para su hermana mayor y demandaba un esfuerzo extraordinario de nosotros como padres. Otra vez a lidiar con largas horas con las tareas, dificultades de aprendizaje, tratamiento psicológico, visitas al especialista, frustración en las entrevistas con sus profesores, recomendaciones para desistir de la educación bilingüe, etc., etc. Sin embargo, mirando hacia atrás en el tiempo, creo que nuestro trabajo de apoyo para ella fue más fácil por ser la segunda y que nosotros también habíamos crecido como personas, como padres y como guías de otra hija con dislexia. Angie también es artista, en su caso, musical, así que la llevábamos a Las Voces Blancas donde, por su vena artística, siempre destacó en todas las actividades que participó. Pienso que este esfuerzo de su parte, por tratarse de una actividad extraescolar que empezó con cuatro años, y el nuestro, por llevarla a estas clases dos veces por semana, a las pruebas de vestuario, y a los ensayos y actuaciones, la ayudó mucho en el cuidado y desarrollo de su autoestima.

 


Hace un par años, ya de adulta y como estudiante universitaria, Angie fue reevaluada en el Servicio de Psicología Aplicada que funciona en la Universidad Autónoma de Madrid. El nuevo diagnóstico descarta la dislexia. La evaluación se refiere a la posibilidad de que desapareciera totalmente debido al tratamiento psicológico y psiquiátrico que recibió en Venezuela. En cambio, consideran su caso como de falta de concentración para la lectura. Angie está de acuerdo y lo considera acertado por las vivencias que está experimentando en su actividad universitaria total. También se decanta por que se trate de un error de diagnóstico en su niñez.

 


PAP: Cuéntanos donde están hoy tus dos hijas con dislexia y comparte con nosotros cuáles han sido los principales retos encontrados en el camino.

 

Verónica vive en Inglaterra, está felizmente casada y me satisface y me contenta mucho verla en su papel de madre y esposa ejemplar, por su infinita paciencia y dedicación a lograr, junto con su esposo Jon, que Oriana, de tres años de edad, crezca rodeada de amor y comprensión y que sea una niña feliz. Trabaja en su segundo puesto de trabajo, en la empresa Framestore-CFC, post-productora cinematográfica situada en el Sojo de Londres, donde es reconocida por su profesionalidad, rendimiento y responsabilidad laboral. Su gran reto es coordinar su vida para sacar adelante su hogar, familia, trabajo y realización personal. Verónica se ha convertido en una persona feliz que transmite paz y mucho afecto a la gente de su entorno.

 


Angie es una estudiante universitaria encantada y entusiasmada con todo lo que está estudiando y aprendiendo, por ejemplo, el lenguaje de signos y la psicopedagogía. Cuando culmine estos estudios, habrá conseguido su segunda carrera. Además, se destaca como una magnífica profesora autodidacta de inglés para niños. Es muy querida por sus alumnos y apreciada por los padres de éstos. Angie es otro ejemplo de lucha y superación hasta salir airosa en tareas y logros que, en algunos casos, parecían superiores a sus fuerzas y a sus posibilidades. Ella irradia mucho optimismo y alegría. Su sonrisa y risa contagiosas son su seña de identidad. Además, es trabajadora y muy responsable en su trabajo de medio tiempo en el comedor de un colegio público de la localidad donde vivimos.

 


PAP: ¿Qué recomendación tienes para padres y familiares con hijos disléxicos?

 

Llegada a este punto, y en referencia a la petición de alguna recomendación para los padres y familiares de niños disléxicos, quiero referirme al gran apoyo y aprendizaje para mí, que significó contactar y posteriormente trabajar junto a Maritza Crespo, profesora de la Academia Washington y especialista en problemas de aprendizaje. Organizábamos unas reuniones y charlas de especialistas y profesionales de esta disciplina, en el colegio, en horario lectivo, buscando algún aula vacía y disponible, donde convocábamos a nuestros padres y familiares involucrados en el problema. Para nuestra sorpresa y disfrute, con frecuencia la audiencia estaba formada además por otros adultos, simplemente interesados en los problemas de aprendizaje. Recuerdo haber visto a muchas de estas personas emocionadas hasta las lágrimas por las exposiciones y las anécdotas que oían en estas charlas. Supongo que algunos se reconocieron ellos mismos o recordaron experiencias dolorosas de seres queridos o cercanos a ellos.

Así que mi humilde recomendación es que ante la sospecha o la confirmación de problemas de aprendizaje en algún miembro de nuestra familia, lo primero, por supuesto, es buscar ayuda profesional donde atiendan a nuestro familiar afectado y el segundo, informarse, compartir con grupos de gente que conozca la materia y disponerse a aprender que parte de la solución está en nuestras manos y corazones. Descubrirán un mundo desconocido donde con paciencia, esfuerzo, dedicación, comprensión y mucho amor, se puede guiar a nuestro ser querido con problemas de aprendizaje a encontrar el camino que lo lleve a ser una persona realizada como la que más.

 

PAP: Por último, ¿qué características compartieron los mejores maestros de tus hijas?

 

Los mejores maestros de mis hijas fueron aquellos que pasaron inadvertidos para mi como madre, con quienes no tuve que pelear para que entendieran las dificultades de mis hijas, los que me dieron ánimo para seguir luchando y apoyándolas, en lugar de recomendarme que las cambiara de colegio, los que se esforzaron en sacar lo mejor de sí para que ellas aprendieran a defenderse en la vida, los que me dejaron libros que tenían y ya habían leído, sobre problemas de aprendizaje, para que me informara adecuadamente, las que defendieron a mis hijas aunque vieran que hacían algo mal porque reconocieron sus esfuerzos o la falta de mala intención en sus actos. Puedo dar nombres, pero prefiero dejarlos ocultos en mi corazón desde donde les doy las gracias por el éxito de mis hijas con dislexia o no, como profesionales adultas felices y realizadas.

 

Visto 8925 veces
ARTÍCULOS RELACIONADOS

Banner Cirdis2016 291x86

ganadores

boletin Electronico

ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS

Integración escolar de los niños con Necesidades Educativas Especiales

 
¿Y qué es trabajar con amor?
Es poner en todo lo que hagas un soplo de tu alma

Gibran Khalil Gibran.
Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

Foto de niño con expresión seria

La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.
¿Cómo fomentar la socialización y estimular la cooperación y la comunicación en contextos áulicos y recreativos? Aquí 18 actividades que pueden convertirse en una herramienta formidable para el docente...
 

banner cirdis

ALIADOS
  • Venezuela Sin Limites
  • ExcelsiorGama
  • DHL
  • Bancaribe
  • Banesco
  • Proquim,CA