Por partida doble.

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Entrevista a Sara Galdós


Entrevistamos hoy a Sara Galdós, venezolana nacida en Perú, radicada en España, licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Madrid, actualmente estudiante de postgrado en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Inglés y madre de cuatro mujeres, dos de ellas diagnosticadas de dislexia en Caracas a la edad de nueve y siete años, respectivamente.

 

PAP: Sara, si bien nuestra entrevista se relaciona con tu experiencia como madre de Verónica (35) y Angie (26), ambas con dislexia, te rogamos nos presentes a todo el núcleo familiar, para que nuestros lectores aprecien el entorno.

 

Recuerdo la gran alegría que sentí cuando en 1989 mi esposo aceptó una interesante oferta para trabajar en Madrid. Aquí estamos, 18 años después, nosotros dos con nuestras dos hijas menores, Angie (26) y Jéssica (20). Las dos mayores, Verónica (35) y Mónica (34), están casadas y viven fuera. Nuestra familia, además, está creciendo, tenemos una nieta, Oriana (3) de nuestra hija mayor y otro nieto en camino, de la segunda. Las tres, Verónica, licenciada en Bellas Artes y Diseño Gráfico por la Guildhall University of London, Mónica, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca, y Angie, con una titulación en Hostelería y Restauración por el Hotel Escuela de Madrid, y actualmente haciendo estudios de Magisterio en Educación Especial en la Universidad Autónoma de Madrid, estudiaron la primaria en un colegio bilingüe, la Academia Washington, en Caracas y la secundaria o parte de ésta en distintos colegios privados venezolanos. Jéssica, la menor, que realizó todos sus estudios escolares en colegios públicos españoles, actualmente estudia el segundo año de una carrera combinada de Derecho y Económicas, también, en la Universidad Autónoma de Madrid.

 

PAP: En el caso de tu hija mayor, Verónica, ¿cuándo te diste cuenta que algo no marchaba bien en relación con sus procesos de aprendizaje? ¿Fuiste tú misma o algún profesional quien notó señales de alarma? Entiendo que en ese entonces vivías en Venezuela…

 

Verónica empezó a dar señales de que algo no funcionaba bien según fue avanzando en su escolaridad, fue más notorio a partir del tercer grado. Estudiaba en un colegio bilingüe desde kindergarten a los cinco años. Algunos profesores pensaban que la dificultad estaba generada por el hecho de que sólo hablábamos español en casa. Aunque su padre y yo nos manejábamos bien en inglés, el idioma sólo estaba presente en nuestro hogar en su forma escrita. Nuestras hijas crecieron rodeadas de enciclopedias, libros, revistas, películas, juegos y algo de TV, la mayoría en inglés. Aunque alguna profesora estadounidense recomendó cambiarla a un colegio monolingüe, nosotros apostamos por insistir en darle la oportunidad de aprender un segundo idioma, especialmente inglés, idioma que apreciábamos y pensábamos que le ayudaría en su desarrollo personal y en su vida profesional, cuando llegara.

 

PAP: ¿Se te facilitó obtener un diagnóstico clínico de la dislexia y a qué edad se hizo?

 

Por aquella época, realizábamos frecuentes viajes de vacaciones a Estados Unidos. En uno de estos viajes consulté a un médico que me habló por primera vez sobre los problemas de aprendizaje y me recomendó buscar ayuda profesional para una evaluación. Llegamos a casa cargados de libros sobre problemas de aprendizaje en general y dislexia en particular, todos en inglés. En Caracas, con 9 años, Verónica fue diagnosticada de dislexia y empezó un tratamiento con la misma psicóloga. Unos ejercicios realizados en su consulta, durante tres visitas semanales, dieron como resultado que Verónica superara sus dificultades más notables de lateralidad y en lecto-escritura. Casualmente por esa fecha, también conocí a una joven que tenía un hermano que había sido diagnosticado de dislexia siendo adulto, después de haber sufrido maltrato e incomprensión durante toda su niñez y juventud. Me facilitó varios libros y me dio mucha información sobre el tema. Para mi sorpresa, todos estos libros eran impresos, editados o traducidos en España. Razón por la cual, en su momento, nuestro traslado a España me entusiasmó tanto. Mis expectativas eran grandes, aquí encontraría una sociedad conocedora del tema, más que la venezolana, y un sistema educativo preparado para atender los problemas de aprendizaje de mis hijas.

Lamentablemente, más pronto que tarde, descubrí mi equivocación y tuve que sobreponerme a la desilusión y prepararme a seguir en mi lucha para seguir apoyando y trabajando con mis hijas como habíamos hecho hasta entonces. Verónica había terminado la secundaria en Caracas y empezaría la universidad según llegamos a Madrid. Una segunda hija diagnosticada de dislexia venía con edad para incorporarse a 5º de primaria. En la evaluación para situarla la bajaron de grado, lo que para ella fue traumático, pero luego se comprobó que fue mejor para su adaptación al sistema escolar español con las dificultades que le generaba la dislexia.

 

PAP: ¿Cuál fue la reacción tuya y de tu esposo ante la noticia de esta dificultad? ¿La familia extensa?

 


Nuestra reacción al diagnóstico fue de conformidad y alivio porque sentimos que se aclaraba el panorama sobre las dificultades de aprendizaje de una hija que reconocíamos como inteligente, responsable, divertida, trabajadora, afectuosa, pero algo retraída, con baja tolerancia a la frustración y un poco caprichosa con respecto a sus gustos y preferencias. La familia se volcó en afecto y comprensión para Verónica y para nosotros mismos, en nuestros momentos de frustración por no saber que más hacer o cómo ayudarla.

 


PAP: Una vez conocida la dificultad, ¿encontraste receptividad en el entorno docente y escolar en general?

 

Recuerdo que los profesores de las asignaturas donde tenía más dificultad, Inglés, Ciencias Sociales y Matemáticas, reaccionaban con cierto escepticismo cuando los abordaba para hablar de la dislexia de mi hija. Verónica era y se veía como una niña normal e inteligente. Me daba la impresión de que pensaban que era sobreprotección de mi parte. Yo he llegado a pensar y hasta a referir en momentos de mucho estrés que hubiera sido conveniente que la dislexia hiciera que a la persona le saliera un cuerno en el medio de la frente que provocara comprensión para sus dificultades de aprendizaje. Entre muchas otras anécdotas, he preparado exámenes y ejercicios que mostraran a algunos profesores lo que yo pensaba que ayudaría a mi hija a seguir instrucciones para una tarea bien hecha o para demostrar lo que sabía en un examen. Alguna profesora, con poco tacto, llegó a decirme que si yo pretendía que ella se metiera dentro de Verónica. Nunca entendí que quiso decir y estoy segura que ella tampoco tenía claro lo que yo quería o lo que ella podía hacer para ayudarla. En ese momento, pienso que ambas partes ignorábamos lo que era mejor para Verónica, pero yo era la madre que sí la podía apoyar y quería defenderla dentro de lo posible.

 


PAP: ¿Qué medidas se tomaron en casa para apoyar a Verónica y conservar su autoestima?
 

 

En vista de las necesidades de Verónica, dedicábamos más tiempo a ayudarla en sus tareas escolares, tanto que sus hermanas se mostraban celosas, sobretodo la segunda, un año menor que ella. Dentro de lo posible, actuábamos con más paciencia y comprensión ante sus comportamientos, razonamientos y acciones que podían sacarnos de quicio en determinados momentos en que se combinaban su persistencia con nuestro estado de ánimo o cansancio físico y mental. Sobre la marcha, según nos informábamos más sobre la dislexia, fuimos corrigiendo errores y adquiriendo destrezas para ayudarla a conservar su autoestima. Verónica es una artista nata, recibió clases de dibujo y pintura que disfrutaba mucho. Buscábamos potenciar esas habilidades que la hicieran sentirse orgullosa de sus trabajos de arte y a nosotros, padres felices por sus pequeños éxitos.

 


PAP: En el caso de Angie, tercera de tus hijas, ¿resultó más fácil comprender la dificultad y tomar acciones?

 


Angie, nuestra tercera hija, fue diagnosticada de dislexia auditiva a lo siete años. No resultó fácil comprender sus dificultades, a pesar de nuestra experiencia con Verónica, porque cada hijo es diferente. Probablemente, tampoco queríamos reconocer el problema que estaba siendo difícil y complicado para su hermana mayor y demandaba un esfuerzo extraordinario de nosotros como padres. Otra vez a lidiar con largas horas con las tareas, dificultades de aprendizaje, tratamiento psicológico, visitas al especialista, frustración en las entrevistas con sus profesores, recomendaciones para desistir de la educación bilingüe, etc., etc. Sin embargo, mirando hacia atrás en el tiempo, creo que nuestro trabajo de apoyo para ella fue más fácil por ser la segunda y que nosotros también habíamos crecido como personas, como padres y como guías de otra hija con dislexia. Angie también es artista, en su caso, musical, así que la llevábamos a Las Voces Blancas donde, por su vena artística, siempre destacó en todas las actividades que participó. Pienso que este esfuerzo de su parte, por tratarse de una actividad extraescolar que empezó con cuatro años, y el nuestro, por llevarla a estas clases dos veces por semana, a las pruebas de vestuario, y a los ensayos y actuaciones, la ayudó mucho en el cuidado y desarrollo de su autoestima.

 


Hace un par años, ya de adulta y como estudiante universitaria, Angie fue reevaluada en el Servicio de Psicología Aplicada que funciona en la Universidad Autónoma de Madrid. El nuevo diagnóstico descarta la dislexia. La evaluación se refiere a la posibilidad de que desapareciera totalmente debido al tratamiento psicológico y psiquiátrico que recibió en Venezuela. En cambio, consideran su caso como de falta de concentración para la lectura. Angie está de acuerdo y lo considera acertado por las vivencias que está experimentando en su actividad universitaria total. También se decanta por que se trate de un error de diagnóstico en su niñez.

 


PAP: Cuéntanos donde están hoy tus dos hijas con dislexia y comparte con nosotros cuáles han sido los principales retos encontrados en el camino.

 

Verónica vive en Inglaterra, está felizmente casada y me satisface y me contenta mucho verla en su papel de madre y esposa ejemplar, por su infinita paciencia y dedicación a lograr, junto con su esposo Jon, que Oriana, de tres años de edad, crezca rodeada de amor y comprensión y que sea una niña feliz. Trabaja en su segundo puesto de trabajo, en la empresa Framestore-CFC, post-productora cinematográfica situada en el Sojo de Londres, donde es reconocida por su profesionalidad, rendimiento y responsabilidad laboral. Su gran reto es coordinar su vida para sacar adelante su hogar, familia, trabajo y realización personal. Verónica se ha convertido en una persona feliz que transmite paz y mucho afecto a la gente de su entorno.

 


Angie es una estudiante universitaria encantada y entusiasmada con todo lo que está estudiando y aprendiendo, por ejemplo, el lenguaje de signos y la psicopedagogía. Cuando culmine estos estudios, habrá conseguido su segunda carrera. Además, se destaca como una magnífica profesora autodidacta de inglés para niños. Es muy querida por sus alumnos y apreciada por los padres de éstos. Angie es otro ejemplo de lucha y superación hasta salir airosa en tareas y logros que, en algunos casos, parecían superiores a sus fuerzas y a sus posibilidades. Ella irradia mucho optimismo y alegría. Su sonrisa y risa contagiosas son su seña de identidad. Además, es trabajadora y muy responsable en su trabajo de medio tiempo en el comedor de un colegio público de la localidad donde vivimos.

 


PAP: ¿Qué recomendación tienes para padres y familiares con hijos disléxicos?

 

Llegada a este punto, y en referencia a la petición de alguna recomendación para los padres y familiares de niños disléxicos, quiero referirme al gran apoyo y aprendizaje para mí, que significó contactar y posteriormente trabajar junto a Maritza Crespo, profesora de la Academia Washington y especialista en problemas de aprendizaje. Organizábamos unas reuniones y charlas de especialistas y profesionales de esta disciplina, en el colegio, en horario lectivo, buscando algún aula vacía y disponible, donde convocábamos a nuestros padres y familiares involucrados en el problema. Para nuestra sorpresa y disfrute, con frecuencia la audiencia estaba formada además por otros adultos, simplemente interesados en los problemas de aprendizaje. Recuerdo haber visto a muchas de estas personas emocionadas hasta las lágrimas por las exposiciones y las anécdotas que oían en estas charlas. Supongo que algunos se reconocieron ellos mismos o recordaron experiencias dolorosas de seres queridos o cercanos a ellos.

Así que mi humilde recomendación es que ante la sospecha o la confirmación de problemas de aprendizaje en algún miembro de nuestra familia, lo primero, por supuesto, es buscar ayuda profesional donde atiendan a nuestro familiar afectado y el segundo, informarse, compartir con grupos de gente que conozca la materia y disponerse a aprender que parte de la solución está en nuestras manos y corazones. Descubrirán un mundo desconocido donde con paciencia, esfuerzo, dedicación, comprensión y mucho amor, se puede guiar a nuestro ser querido con problemas de aprendizaje a encontrar el camino que lo lleve a ser una persona realizada como la que más.

 

PAP: Por último, ¿qué características compartieron los mejores maestros de tus hijas?

 

Los mejores maestros de mis hijas fueron aquellos que pasaron inadvertidos para mi como madre, con quienes no tuve que pelear para que entendieran las dificultades de mis hijas, los que me dieron ánimo para seguir luchando y apoyándolas, en lugar de recomendarme que las cambiara de colegio, los que se esforzaron en sacar lo mejor de sí para que ellas aprendieran a defenderse en la vida, los que me dejaron libros que tenían y ya habían leído, sobre problemas de aprendizaje, para que me informara adecuadamente, las que defendieron a mis hijas aunque vieran que hacían algo mal porque reconocieron sus esfuerzos o la falta de mala intención en sus actos. Puedo dar nombres, pero prefiero dejarlos ocultos en mi corazón desde donde les doy las gracias por el éxito de mis hijas con dislexia o no, como profesionales adultas felices y realizadas.

 

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 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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