Gracias a Dios,

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Hay dos cosas que odio con pasión: la Matemática y los oficios del hogar.
La Matemática, porque me hace sentir estúpida. Los oficios del hogar, porque nunca se acaban. Sin embargo, fue este odio el que me salvó. Para no pasar el resto de mi vida haciendo oficios en una casa, luché con la Matemática por cinco años.

 

En primaria, la cosa no era tan grave. Mamá me ayudaba. Pero, cuando llegué a séptimo grado, ninguna de las dos podía hacerlo. A mi mamá nunca la enseñaron. Se me confundían las b/d/p/q's. Además, nunca sabía si estaba sumando o restando.

 

Nadie logró hacerme entender por qué había que sumar o restar LETRAS. ¿No fue por eso que los árabes inventaron los números? Fue un verdadero calvario pero lo peor era que yo entendía la mecánica del asunto. Yo le explicaba a mis compañeros. Ellos pasaban, yo me quedaba.

 

Crecí creyéndome estúpida. Todos mis primos podían con la bendita Matemática. Era su materia favorita. De hecho, su mayor placer era retarse uno al otro con problemas imposibles. La mayoría de ellos son ingenieros. Muchos tienen Doctorados. Ese era mi sueño dorado: un doctorado. Para tener tres letras después de mi nombre: "Ph.D."

 

Yo podía hacer muchas cosas pero había muchas otras que sencillamente no podía. No importara cuanto tratara y me esforzara. Era muy buena en idiomas, en deportes, bailando, en manualidades y como líder. Y podía hacer tres o cuatro cosas a la vez, sin problemas. Pero...no podía sentarme quieta. No podía nadar ni montar bicicleta. No podía aprender a tocar un instrumento musical. Me metía constantemente en problemas porque era muy bocona...no podía mantener la boca cerrada. No aguantaba las injusticias ni la discriminación. Aprendí todas las cosas que las niñas no estaban supuestas a aprender, como jugar béisbol o fútbol y vivía en una eterna competencia. Era buena actriz...

 

Necesitaba trabajar y me convertí en maestra a los 17 años. Mentí acerca de mi edad porque no me permitían graduarme antes de los 18 y yo no podía esperar. Crecí durante una dictadura y estudié en un liceo militar. El ambiente era muy estructurado y predecible. No podía escoger. La disciplina militar me ayudó mucho y aprendí a valorar la libertad a toda costa. Pero lo que más me ayudó fue el hambre de conocimientos de mi mamá. Yo tenía que enseñarle todo lo que aprendía en la escuela. Al llegar a mi casa, enseñaba a mi mamá. Era un juego que yo disfrutaba.

 

Para enseñar a mis niños, tenía que preparar las lecciones. Haciendo los ejercicios en el libro de matemáticas, comencé a entender los conceptos que había memorizado. Recuerdo el día que comprendí el concepto de unidad, decenas, centenas. Tenía que hacerle una demostración a mis niños usando objetos concretos. Era el tiempo de la "Nueva Matemática". Todavía recuerdo que me preguntaba: ¿Por qué no me enseñaron a mi en esta forma?

 

Aprendí muchísimo con mis pequeñitos. De hecho, crecía con ellos. Ahora pienso que si hubiera continuado con ellos en vez de permanecer siete años en primer grado, ¡tal vez hubiera aprendido Matemática!

 

Cuando comencé a trabajar en séptimo grado, ya estaba casada y con tres hijos. Mis hijos empezaron a aprender inglés y como mi madre, los ponía a enseñarme lo que ellos iban aprendiendo. Por suerte eran tres y tomaban turnos para enseñar a mamá.

 

Sentí que no sabía suficiente y volví a la universidad. Estudié Idiomas Modernos porque era la única carrera que no tenía Matemática en el pensum. Había madurado. Sabía cómo yo aprendía mejor. Había aprendido cómo organizarme y sobremanera, sabía cómo enseñar....

 

Me gradué segunda entre ochenta estudiantes. Era esposa, madre, maestra, chofer, estudiante a tiempo completo y directora de la escuela dominical en mi iglesia. ¿Cómo lo hice?...Ah, olvidé decir que cuando estudiaba el Master en la Universidad de Michigan finalmente descubrieron que tenía Dificultades en el Aprendizaje severas y cuando finalizaba mi doctorado en la Universidad de Alabama, me diagnosticaron Déficit Atencional.

 

Gracias a Dios, ¡nunca me enteré que no podía aprender!
 
Autora: Maritza Crespo, Ph.D.
Sobre la autora: Venezolana. Madre de tres. Esposa ejemplar. Educadora con Magister y Doctorado. También Trotamundos.
Publicado en Paso-a-Paso Vol. 7.6 (1997)

 

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