Fomentando el autoestima de su hijo con necesidades especiales

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Foto de niña con síndrome de Down

La vida de los niños con discapacidad puede ser un entra y sale de la fisioterapia a la terapia ocupacional a la de lenguaje a los tutores académicos y pare de contar. Cuando mi hijo de 14 años y con parálisis cerebral estaba en preescolar decía que sus terapias "lo estaban ayudando a convertirse en un niño completo." Esa frase me sirvió de alerta y empecé a preocuparme mucho por su autoestima.

Los niños con discapacidad corren el riesgo de tener baja autoestima porque hacemos mucho énfasis en "arreglarles" lo que no pueden hacer, por ejemplo, caminar, hablar, leer, o hacer matemática.

Mi hijo se esfuerza mucho en todo lo que hace y aplaudí con entusiasmo cuando logró atravesar por primera vez una habitación con su andadera o transferirse de forma independiente. Si bien merece elogios por sus esfuerzos y logros, no dejo de reconocer que sus compañeros reciben aplausos por mejorar su bateo o por sus habilidades con el trombón. Si bien las terapias y los tutores pueden ser vitales para mejorar la salud y el éxito académico de nuestros hijos, ¿cómo puede un niño que requiere todas estas intervenciones adquirir y mantener su autoestima a lo largo de los años?

"Es natural que los muchachos se comparen entre si en situaciones académicas y deportivas. Debido a que los niños con necesidades especiales suelen tener deficiencias en estas áreas, esas comparaciones afectan su autoestima," afirma

Rick Lavoie, MEd., reconocido autor, conferencista y defensor de los derechos de los niños con necesidades especiales. Lavoie, autor del libro "The Motivation Breakthrough", aconseja a los padres mantenerse alertas ante las siguientes señales de alarma:

•  Poca disposición para tomar riesgos en diversas áreas (social, académica, deportiva)
•  Tendencia a darse por vencido al enfrentarse a una tarea desafiante o difícil; anticipa el fracaso, considerándolo inevitable.
•  Hacer payasadas para aliviar la presión y ocultar el temor y la falta de confianza.
•  Mostrar agresividad o intimidación. El niño puede sentirse vulnerable y responde tomando la ofensiva.
•  Negación; negarse a admitir que se siente triste, inseguro o intimidado.
•  Entretenerse, procrastinar para evitar tareas difíciles.
•  Conductas impulsivas para acabar rápido con lo que tiene que hacer.

Lavoie les explica a los padres que no deben preocuparse demasiado por estas conductas. "Frecuentemente son estrategias temporales que el niño utiliza para afrontar el problema de autoestima," afirma Lavoie. "Estas conductas generalmente disminuyen a medida que mejora el autoestima del niño."

Según Lavoie, conocido también por sus videos de la serie F.A.T. City  (Frustración, Ansiedad, Tensión), sobre las dificultades del aprendizaje, el autoestima del niño se determina por el amor incondicional de los padres, el amor condicionado de otros, la aceptación social y las amistades, habilidad especial en algún área, aspectos de su imagen física (forma de vestir, belleza física) y su carácter (esfuerzo y generosidad). Lavoie ofrece estas sugerencias para fomentar el autoestima:

•  Ayudar al niño a sentirse competente celebrando y reconociendo sus habilidades.
•  Fortalecer el autoestima del niño mejorando su capacidad para la resolución de problemas
•  Reconocer y celebrar el esfuerzo y no solo el éxito
•  Brindarle al niño la oportunidad de ayudar a los demás (familiares ancianos, vecinos). Los muchachos necesitan sentirse útiles.
•  Concebir los errores como oportunidades de aprendizaje y crecimiento. Los errores son una parte inevitable -y valiosa- de cualquier experiencia de aprendizaje.

Según Lavoie, autor del libro "Es mucho trabajo ser tu amigo", tener amigos es un factor importante para el sentimiento de auto-valía del niño. Los padres con hijos con discapacidad posiblemente tengan que esforzarse mucho más para asegurarse que sus hijos cultiven relaciones amistosas.

Kathy Anger, cuyo hijo de 19 años, Greg, tiene parálisis cerebral, dice que la combinación de tener buenos amigos y practicar el básket en silla de ruedas en la niñez ayudó a Greg a desarrollar y mantener una buena autoestima. Recuerda que su casa se convirtió en el sitio de reunión para Greg y sus amigos.

"Cuando era más chiquito, era más fácil que Greg fuera a casa de sus amigos porque jugaban en el piso. A medida que fue creciendo y su silla de ruedas ya era más grande, resultaba más sencillo que los muchachos vinieran a casa por consideraciones de accesibilidad," comenta Anger. Kathy siempre ha mantenido una política de "puertas abiertas"  en ese sentido, buscando que su hijo tuviera oportunidades de socialización similares a las de sus pares.

Hoy en día Greg es un estudiante universitario, vive fuera de casa y continúa compitiendo en el básket de silla de ruedas, representando a su escuela. Bob Anger, su papá, afirma que participar en un juego competitivo ha fortalecido la autoestima de su hijo de muchas formas. "Lo mejor para Greg fue que todo ese esfuerzo dedicado al básket le ayudó a mejorar su auto-imagen. También contribuyó a tener una mejor condición física y de salud. La vida impone la adversidad pero con el básket, Greg ha aprendido que trabajar duro rinde frutos. Para los muchachos con discapacidad, el deporte representa una oportunidad para experimentar los mismos beneficios que sus pares sin discapacidad," añade Anger.

Lavoie dice que una de las formas de fomentar el autoestima del niño es encontrar sus "islas de competencia" (islands of competence) y enfocar las habilidades naturales del muchacho. Todos los padres necesitan ser entusiastas y apoyar las fortalezas, las pasiones y los sueños de sus hijos. El autoestima del muchacho proviene de aquello en que sobresale. Aparte tiempo para que desarrollen sus cualidades especiales. Es vital que los niños con discapacidad se sientan hábiles y competentes más allá de su discapacidad.

Rose Francisco, cuya hija adulta, Susan, tiene un trastorno epiléptico y una discapacidad significativa resultante de un tumor cerebral infantil y secuelas de la operación para removerlo, ha hecho una prioridad fomentar la autoestima de su hija. Después de la quimioterapia, la radiación y la intervención quirúrgica para remover el tumor, Susan no podía caminar independientemente, se vio obligada a utilizar una derivación ventricular y adquirió dificultades del aprendizaje. Su vida y su salud cambiaron radicalmente. "Cuando Susan regresó al colegio en 2do grado después del tumor y la hospitalización, me aseguré que mantuviéramos objetivos a su alcance sin dejar de plantearle nuevos desafíos, buscando que sintiera el logro a pesar de que en términos académicos había decaído bastante en relación con el nivel que llevaba antes de enfermarse."

A lo largo de los años Rose y su esposo, Al, han utilizado diversas estrategias para reforzar la auto-imagen de Susan. "Tuve que enseñarle a todos en casa -Susie, su hermana y sus dos hermanos- que Susie no era especial o diferente - tenía que hacer sus deberes y cumplir con sus responsabilidades. Los hermanos no tenían que tratarla como un bebé." Rose recuerda, "No quería escucharles decir 'Pobre Sue.' Quería que sintiera que tenía responsabilidades y que teníamos expectativas para ella -al igual que para los demás."

"Cuando Sue se siente frustrada, reconozco sus limitaciones pero le señalo todas las cosas que puede hacer. Es muy independiente y he procurado darle la oportunidad de intentar algunas de las cosas que desea hacer - a no ser que implique un riesgo para su salud o su seguridad. Sue requiere ayuda para caminar porque no tiene equilibrio y se caería, así que no podemos ceder en ese punto."

Susan, quien bajo cualquier criterio es encantadora y muy segura, tiene una vida muy activa y está rodeada de su familia, padres, abuelos, tíos, y hermanos que la quieren incondi-cionalmente y le brindan mucha alegría y diversión.
"Susan es muy artística y hemos estimulado esas habilidades desde un principio," afirma Rose. "Hoy en día esas habilidades artísticas le dan una razón para levantarse cada mañana, para dirigirse a su taller a pintar. Está muy orgullosa porque ha vendido algunas piezas y también las obsequia a la familia y a sus amigos. Su labor artística es vital para ella - se define en esos términos y se siente productiva," añade Rose.

Recientemente Susan, quien tiene actualmente 40 años de edad, se mudó de la casa de sus padres y, con la ayuda de unos cuidadores, confía poder vivir independientemente. Naturalmente Susan ha luchado mucho para tener esa independencia y mamá e hija están muy felices. Rose puede sentirse orgullosa de que tantos años de esfuerzo por fortalecer la autoconfianza y el autoestima de Sue han rendido frutos para ambas, y Susan puede sentirse orgullosa de que todo su esfuerzo le ha ayudado a lograr su independencia. 

Sugerencias para fortalecer el autoestima

•  Monte un "mural de la fama" en un lugar prominente de su casa para destacar los trabajos más importantes de su hijo (dibujos, reconocimientos, premios).

•  Inste a su hijo a empezar una colección como pasatiempos, por ejemplo, de estampillas, piedras o monedas. De esa forma puede convertirse en un experto en ese tema.

•  Reserve un tiempo libre de terapias y destínelo para actividades de expansión. Jueguen un juego de mesa, retocen en el suelo o simplemente recorran el vecindario a pie en búsqueda de piedras interesantes.

•  Reconozca las habilidades naturales de su hijo. ¿En qué se interesa?, ¿de qué no para de hablar? ¿El baseball, la música, la cocina, los animales del zoológico? Descubra su tema de interés y ayúdele a mejorar sus habilidades y conocimientos sobre ese tópico.

•  Organice paseos en familia relacionados con el interés de su hijo. Bríndele su ayuda para encontrar libros e información sobre el tema.

•  Ayude a su hijo a cultivar amistades verdaderas. Tenga una política de "puertas abiertas" para su hijo y sus amigos. Convierta su casa en "el lugar de reunión." Tenga siempre chucherías y refrescos y haga que todos se sientan bienvenidos. Posiblemente tenga que dedicarle más tiempo y esfuerzo para ayudar a su hijo a convertirse en un buen amigo y también para ayudar a sus compañeros a comprender su discapacidad. Por eso es conveniente tener sesiones de juego en su casa donde Ud. pueda servir de facilitadora.

•  Demuéstrele a su hijo todo su afecto y comprensión. Un niño nunca puede recibir demasiados besos y abrazos. Acepte la discapacidad de su hijo y demuestre su amor incondicional.


 

Autora: Linda Mulholland, escritora y defensora de los derechos de las personas con discapacidad.
Fuente: EP Magazine, Diciembre 08 
Traducción: Ángela Couret
Publicado en Paso-a-Paso, Vol.20.1

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.
 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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