Estimular en lugar de desalentar

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Adaptado de The Parent Project, a Workshop Approach to Parent Involvement, por James Vopat, Carroll College, (WI, EE.UU.) - Traducción: Angela Couret. Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 18 No. 1

Padres y maestros tienden a desalentar a sus hijos y alumnos creando expectativas negativas, enfocando los errores y exigiendo la perfección. Estas acciones pueden revertirse mostrando confianza y apoyándonos en sus fortalezas.

Es fundamental para la autoestima creernos capaces. A medida que tenemos éxito resolviendo los problemas de la vida y aprendiendo nuevas habilidades, aumenta nuestra autoconfianza, cualidad necesaria para afrontar los problemas de la vida y asumir nuevos retos.

¿Cómo demostrarles nuestra confianza?

Otorgando responsabilidades. Darle a su hijo una responsabilidad es una forma no verbal de mostrarle confianza. Es una forma de decirle, “Sé que lo puedes hacer.” Eso sí, las responsabilidades deberán equipararse con las competencias del niño, para evitar requerimientos demasiado exigentes. Por ejemplo: “Aceptaré que tengas un perrito, Julia, siempre que aceptes la responsabilidad de alimentarlo y cuidarlo.”

Pidiendo su opinión o recomendación. A los niños les gusta que sus padres confíen en sus conocimientos u opinión, mostrándoles así que creen en su capacidad de contribuir positivamente y promoviendo su autoestima. Por ejemplo: “¿Cuál camino te parece que sería el mejor para ir a casa de los abuelos?; “¿Me enseñarías a jugar ese juego?”

Evitando asumir el mando. Mostramos confianza en las habilidades de nuestros hijos cuando evitamos intervenir y tomar el mando cuando ellos se desanimen. Cuando las cosas les resultan difíciles, sentimos gran tentación de intervenir. Sin embargo, así mostramos desconfianza en la habilidad de nuestro hijo para culminar una tarea. Cuando lo rescatamos de las consecuencias de su conducta, le robamos una lección importante sobre responsabilidad. Lo que en efecto estamos diciendo es que no tenemos confianza en su capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones.
Tomar el mando no es una forma de motivar a nuestro hijo, sino una forma de certificar su desmotivación. Con frecuencia estos muchachos son incapaces de tolerar la frustración y se dan por vencidos cuando las cosas no les funcionan inmediatamente.

Apoyándonos en sus fortalezas
Enfocar lo que anda bien con nuestros hijos, en lugar de lo que anda mal, es muy estimulante y mejora su autoestima, lo que a su vez resulta en conductas positivas.

La clave para este ciclo de éxito es segmentar el aprendizaje en pasos pequeños. Recuerde que Ud. no se aprendió el alfabeto de una vez. Primero aprendió la A, luego la B, luego la C, hasta llegar a la Z. Este proceso de la A a la Z (A-Z) aplica para todo, desde el aprendizaje de habilidades específicas hasta las características de personalidad. Bien sea para ayudar a nuestro hijo a terminar su tarea o para enseñarle a ser honesto, podemos apoyarnos en sus fortalezas.

Reconociendo lo que su hijo hace bien. Una vez que Ud. determine lo que quiere que su hijo logre (por ej. tener buenos hábitos de estudio o ser honesto), determine a qué altura se encuentra en el trayecto de la A a la Z hacia ese objetivo. Al determinar dónde se encuentra, sabrá por dónde comenzar el entrenamiento. Reconozca lo que su hijo puede hacer. Por ejemplo: “Buenísimo! Terminaste tus tareas. Así saldrás bien. Te has esforzado mucho, pero ya sé que sabes esforzarte porque te veo hacerlo en la cancha de basket!”; “No me gusta que usaras mi martillo sin pedírmelo, pero agradezco que lo hayas admitido cuando te pregunté. Valoro mucho la honestidad.”

Es mucho más efectivo “pescarlos haciendo algo bueno” en lugar de nuestro abordaje tradicional de “pescarlos” cuando hacen algo mal. Además de reconocer el progreso de nuestro hijo en el camino A-Z, es bueno reconocer otras áreas en que esté sobresaliendo. El ejemplo anterior citando la cancha de basket ilustra esta técnica.

Animando a su hijo a tomar el próximo paso. Los muchachos ganan autoestima cuando logran aprender, bien sea un deporte, una materia del colegio o una nueva destreza. Sin embargo, aprender requiere muchos pasos (en el camino A-Z) y mucho perfeccionamiento. También requiere tomar riesgos, porque cada nuevo paso conlleva la posibilidad de fracaso. Incluso en niños con buena autoestima, el temor a fracasar puede paralizarlos, dificultándoles el próximo paso. Cualquiera de nosotros ha sentido la frustración de no progresar y hemos considerado abandonar la tarea. Es en ese momento que una palabra del padre o del maestro puede darle al niño el valor para asumir el riesgo. Por ejemplo: “Aprender la división puede ser frustrante, y me imagino que tienes ganas de dejarlo. Pero si sigues intentándolo, estoy segura de que lo lograrás. ¡Mira cuánto has logrado ya! ¿Qué tal si lo intentas nuevamente?”
Concentrándose en la mejora, no en la perfección
El error que cometen la mayoría de las personas en el proceso de estimular es esperar a que el niño obtenga el resultado final deseado (la Z en el camino A-Z) antes de elogiarlo. Sin embargo, la clave de la estimulación es segmentar el proceso en pequeños pasos, celebrando cada aproximación. Cualquier mejora, no importa cuan pequeña, es un paso en la dirección correcta y debe ser reconocido.

Debido a que el éxito es el gran motivador, queremos que nuestro hijo experimente numerosos éxitos en el camino. Esto fortalecerá su autoestima y lo mantendrá progresando hacia el objetivo.

Si el niño se retrasa un paso, necesitará nuestro estímulo para mantenerse en la tarea y no darse por vencido. De hecho, el puro esfuerzo, aún cuando no se esté progresando, puede reconocerse y celebrarse. Por ejemplo: “Wow, tu cuarto luce mucho mejor. Recogiste todos tus libros e hiciste la cama. Si quieres podemos trabajar juntos para idear un sistema de mantener tu closet organizado.”

Valorando a su hijo
La autoestima del niño no proviene solo de los logros. Para la mayoría de las personas, es mucho más importante ser aceptados por las personas importantes en su vida –sentir que pertenecen. De hecho, gran parte del esfuerzo que dedicamos a la búsqueda del éxito tiene como finalidad ganar la aceptación de nuestras personas significativas. Los muchachos que se sienten aceptados por sus padres tienen una excelente base de autoestima sobre la cual construir una vida saludable y feliz. El objetivo es comunicarle a nuestros hijos que así ganen o pierdan, pasen o reprueben, en las buenas y en las malas, seguimos siendo sus padres y estamos felices de serlo.

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