".no estoy preparada para." (Mayo 02)

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Autora: María Elena Festa, Santa Fé, Argentina

Sobre María Elena: Es Argentina. Es Profesora de Pedagogía Diferenciada, especializada en Insuficientes Mentales. Directora de la Escuela de Educación Especial "C.A.N.Di." de la ciudad de Sunchales, provincia de Santa Fe. Disertante en congresos nacionales y participante en congresos internacionales. Autora de diferentes artículos sobre temas que tienen que ver con la organización de la escuela especial, publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales.

Licenciada en Educación Especial egresada de la Universidad Nacional del Litoral, profesora de las cátedras de Seminario de Atención a la Diversidad y Seminario de Educación de Alumnos en Riesgo Social del Instituto Superior del Profesorado No 4003.

 


Cuando se trabaja en Programas de Integración Educativa es muy común escuchar tanto de docentes comunes como de docentes especiales la frase "... no estoy preparada para..." con la cual se pretende dar cuenta de los cambios que no se van a hacer o sobre algunas decisiones negativas a tomar en cuanto al sujeto que queremos integrar.

 

Valdría la pena detenernos unos instantes y poder pensar en la carga que esa frase, que en algunos casos se vuelve una muletilla, trae consigo.

 

En principio tenemos que tomar en cuenta que la formación de grado que hemos recibido no cuenta como punto final o conclusivo ya que todo proceso formativo sigue más allá de habernos recibido. Es como pensar que en algún momento nos hemos formado y ahora pasamos a ser solamente prácticos que ponemos a prueba todo lo recavado en la formación. Nada más lejos está la realidad ya que nos seguimos formando durante todo nuestro trayecto docente, en las aulas, consultando bibliografía, sacando nuestras propias conclusiones, revisando paradigmas teóricos, viviendo el hacer cotidiano de nuestros alumnos. Por eso decimos que es real que no estemos preparados para todo sino que tengamos las herramientas para seguir capacitándonos en relación con lo que nos toca transitar en el quehacer pedagógico.

 

En general cuando los docentes nos enfrentamos ante situaciones difíciles tenemos dos caminos, uno es interpretar a la situación como un obstáculo que nos marca una limitación y otro muy distinto es interpretar el obstáculo como un problema y desde ahí buscar las posibles soluciones.

 

Uno responde a una modalidad regresiva que no permite crecer al docente, que lo establece a través de prácticas rutinarias y estereotipadas, y la otra obedece a una modalidad progresiva por la cual el docente siente autonomía para decidir su hacer y para encontrar caminos diversos para una misma situación.

 

Es así que volviendo a la imagen de la frase que convoca al artículo puedo decir que en algunos casos el "no estoy preparada para..." implicaría una limitación, un dejar de hacerse cargo de la situación, el marcar que en el problema yo no tengo competencias; mientras que desde una modalidad progresiva sería tomado como un desafío, una posibilidad de encontrar otros caminos, otras respuestas y la de sentirse partícipe del proceso y parte responsable de encontrar las mejores respuestas para esos problemas.

 

Pensemos ahora en un médico cirujano que teniendo su paciente en la sala de operaciones le dijera que "no estoy preparado para..." y se retirara de la escena. Seguramente los argumentos nos llevarían a fundamentar una falta de ética profesional.

 

¿Qué sucede entonces con el docente que cuando se le plantea que integre a un niño con necesidades educativas especiales a su aula se niega?

 

No quiero con todo esto ser simplista y decir que no es complejo el panorama, pero quienes nos hemos comprometido con el educar estamos comprometidos con nuestros alumnos para buscar las mejores respuestas educativas y no podemos desde nuestros paradigmas seleccionar a los alumnos que queremos y desechar los que no encajan con nuestras creencias.

 

No nos olvidemos que muchos de nosotros tenemos la posibilidad de dar oportunidades de una vida más equitativa a muchos niños que ya desde su situación social están desaventajados, por eso es importante no reproducir en la escuela las desigualdades que la vida misma les prodiga.

 

María Elena Festa
Mayo 2002.

 

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 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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