La necesidad de la re fundación de la escuela especial (Oct. 03)

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Los que optamos por escuelas especiales que han decidido trabajar desde otro paradigma educativo, hemos tomado a la integración no como un fin en sí mismo sino como un medio para el logro de mejores oportunidades de desarrollo para las personas, vemos en las escuelas comunes, las enormes dificultades y/ o contradicciones que afronta la misma al querer articular desde la propuesta homogeinizadora la deseada atención a la diversidad.

Es así que cuando se habla sobre la necesidad de refundar la escuela tomando como base el pasado de la misma y su perspectiva para el futuro, es necesario también comenzar a pensar la misma no solo desde la perspectiva de la escuela común, sino también desde la escuela especial, comenzando desde adentro para luego proyectarse fuera.

 

El pensar que nada hay por cambiar es un pensamiento totalmente despoblado de realismo y que implica básicamente, seguir sosteniendo lo que se hace, desde el lugar que dan las seguridades del permanecer antes de pensar cuáles son los cambios necesarios en función de mejores oportunidades para las personas.

Los directores de las escuelas especiales son quienes manejan el timón de este cambio de perspectiva y son los que deben motivar a su equipo de trabajo en la búsqueda de respuestas que permitan poblar los espacios con la propuesta que se desea desarrollar. Los cambios verdaderos no se producen por ley o reglamento, se producen porque la voluntad de sus actores traccionan tenazmente en una dirección y generalmente se dan desde los niveles de decisión directa más relacionados con la acción.

 

La motivación del cambio debe estar puesta en dos sentidos, por un lado y aunque parezca obvio, la persona con discapacidad y por otro, la perspectiva contextual como favorecedora del desarrollo de la persona.

 

En cuanto a la persona con discapacidad se debe pensar desde sus posibilidades y no desde sus dificultades, la evaluación tomada desde esta perspectiva facilita la búsqueda de alternativas superadoras.

 

Si hacemos una mirada retrospectiva de unos 30 años podemos recordar desde la evaluación psicométrica de las personas cómo se situaba a las mismas desde lo que marcaba el número del cociente intelectual en una perspectiva educativa muy devaluada, ya que por lo general no se le enseñaba a leer, ni a escribir sino solo hábitos para su supervivencia. En contraposición hoy vemos a niños con discapacidad siendo buenos lectores, escribiendo, realizando operaciones matemáticas, conectados a la naturaleza a través de las ciencias, etc..Pero entonces ¿quiénes han cambiando, las personas con discapacidad o los profesionales que le dieron otras oportunidades?

 

Desde la perspectiva contextual podemos retomar algunas disidencias en torno al cociente intelectual ya que desde la interpretación contextual entendemos a la inteligencia no como algo dado para siempre sino como una función dinámica, en constante formación que tiene que ver con la forma en que el entorno "provoca" a las personas.

 

Por otra parte la persona no se desarrolla sola, sino en el contacto con otro en una interacción cambiante, móvil y dinámica. Esto requiere que en el caso de las personas con discapacidad se deba tender, desde una faz interpretativa muy minuciosa, a la búsqueda de espacios comunes que puedan contribuir al pleno desarrollo de las necesidades, posibilidades y los derechos de las mismas.

 

Nada es imaginable para las personas con discapacidad si no tiene la posibilidad de una experiencia directa y vivida con cotidianeidad. No se puede pedir a una persona con discapacidad en su adolescencia que se integre en lo social o en lo laboral cuando el resto de su trayectoria vital la desarrolló dentro de una escuela especial.

 

En un segundo artículo intentaré acercarme a algunos aspectos que brinden algunos elementos prácticos a aquellas instituciones que están interesadas en apostar a un cambio profundo desde una perspectiva que facilite la integración educativa, social y laboral de las personas con discapacidad.

La necesidad de "re-crear" un espacio educativo implica que tengamos presente la idea de trayecto o camino en la búsqueda de nuevos sentidos educativos, lo que implica no pensar en un recorrido lineal sino de marchas y contramarchas, una verdadera dialéctica en la construcción del pensamiento compartido.

 

Uno puede adherir desde la teoría a perspectivas que apuntan a la integración, a estructuras más flexibles y conectadas con la realidad, pero debe atravesar momentos institucionales diversos para que esa teoría se transforme en la ideología que sostiene los proyectos, las acciones y la postura institucional.

 

Por otra parte y si bien parece obvio, todos los que forman parte de la institución, deben trabajar en esta construcción compartida ya que de nada vale que algunos sientan la necesidad de cambio si eso no se puede traducir en una búsqueda conjunta. Esto no implica que cada miembro de la institución realice ese recorrido en los mismos tiempos ya que aquí tendrán muchas fuerzas concepciones personales, valores, el desarrollo profesional que cada uno ha realizado, etc., por lo que una actitud convocante, abierta, participativa y democrática hará factible el poder elaborar los cambios desde una perspectiva común, pero con el aporte de las singularidades de cada profesional.

 

Tal vez más que nunca se aprecie el rol del director como guía de este proceso ya que sin su motivación y convencimiento estos procesos no pueden llevarse adelante y redundar en mejora sin generar conflictos interpersonales.

 

Abandonar las seguridades para muchos representa inestabilidad, sensación de pérdida, etc., aspectos que deberán ser considerados para trabajar en grupo de manera que la transición institucional lleve a las personas que participan a no sentirlo como un proceso emocionalmente complejo. Reconociendo que una institución educadora debe serlo no sólo para sus alumnos sino para todos los que participan de ella, entre ellos su personal, el cual deberá sentir que una instancia de cambio es una oportunidad de mejora.

 

Obviamente que una vez que se ha decidido "gestar" el cambio, se deberá programar en término de tiempos los distintos momentos que van a ir articulando el mismo, o mejor dicho el pasaje de la situación actual a la situación deseada. Es así que sin intentar armar cronológicamente algunas alternativas que pueden estar presentes en ese trayecto acerco algunas ideas a tener en cuenta:

 

Búsqueda de bibliografía adecuada y diversa, de manera de poder conocer distintas perspectivas, aportes teóricos, profundización de conceptualizaciones.

 

Instancias de reflexión y de debate, en las cuales se puedan poner en común perspectivas interpretativas de los miembros de la institución.

 

Tomar contacto con instituciones que ya han iniciado propuestas de apertura y cambio. El poder intercambiar con instituciones de características similares que ya hayan tenido experiencia en el tema, no implica aplicar tácitamente lo que ellas han realizado sino una forma de obtener mayor información.

 

No tomar a la integración educativa como un proyecto aislado ya que se trata de que todo el proyecto institucional debe estar cruzado por esta ideología. Es necesario no "injertar" un proyecto dentro de una realidad institucional que no manifiesta coherencia entre las acciones, su ideología, lo que transmite, etc.

 

Tener un plan para analizar todos los recursos facilitadores de trabajo compartido dentro de la comunidad en que nos movemos. Tal vez en ciudades grandes el primer nivel de complejidad esté dado por un análisis del barrio y en él poder analizar: ofertas educativas, empresas, clubes, liceos de arte, etc. ya que en todos estos lugares se pueden encontrar perspectivas para articular el trabajo interinstitucional y empezar a mirarlos como lugares con buenas oportunidades para las personas.

 

No nos quedemos cruzados de brazos esperando tener un marco normativo más seguro para encuadrar nuestras prácticas ya que hoy existe en todos los ámbitos institucionales la posibilidad de autogestión institucional, de manera de generar propuestas que respondan a la realidad que nos toca vivir y transitar. y por otra parte existen una cantidad de leyes, acuerdos y disposiciones nacionales e internacionales que respaldan estas propuestas, desde las más generales y abarcativas (Declaración de Derechos Humanos, Declaración de los Derechos del Niño) hasta las más específicas (Ley de Educación de cada país).

 

Optimicemos los recursos humanos que tenemos ya que este cambio también lleva a resignificar roles y a desarticular cargas horarias. Concretamente me refiero a que iremos poco a poco incorporando a los profesionales que tenemos para las tareas ejecutivas permitiendo desdoblar horarios, cumplir los mismos en otros ámbitos (escuelas, empresas, etc.) de manera de ir articulando una propuesta, que ciertamente tendrá mucho de concertación, no sólo con otras instituciones sino con los profesionales que tenemos, los cuales poco a poco irán adquiriendo otra identidad profesional, la cual no se formará con el reglamento bajo el brazo sino con un acuerdo "de sentido" a medida que va transcurriendo la propuesta.

 

El proyecto no debe ser un elemento rígido, tiene que ser flexible, admitir cambios y facilitar nuevas líneas de trabajo no previstas en la propuesta original de modo que nos permita seguirlo y evaluarlo para ejecutar los cambios que lo hagan más viable.

Estas y muchas otras alternativas pueden contribuir cuando existe la necesidad de un cambio, pero el momento fundante lo constituye el sentir que nos estamos manejando en el terreno de las dudas y no en el de las seguridades, en donde es más valiosa la construcción de buenos interrogantes que el tener todas las respuestas.

 


Octubre 2003
 
Autora: María Elena Festa, Santa Fé, Argentina

 

Sobre María Elena: Es Argentina. Es Profesora de Pedagogía Diferenciada, especializada en Insuficientes Mentales. Directora de la Escuela de Educación Especial "C.A.N.Di." de la ciudad de Sunchales, provincia de Santa Fe. Disertante en congresos nacionales y participante en congresos internacionales. Autora de diferentes artículos sobre temas que tienen que ver con la organización de la escuela especial, publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales.

 

Licenciada en Educación Especial egresada de la Universidad Nacional del Litoral, profesora de las cátedras de Seminario de Atención a la Diversidad y Seminario de Educación de Alumnos en Riesgo Social del Instituto Superior del Profesorado No 4003.

 

 

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

Foto de niño con expresión seria

La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.

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