La necesidad de la re fundación de la escuela especial (Oct. 03)

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Autora: María Elena Festa, Santa Fé, Argentina

Sobre María Elena: Es Argentina. Es Profesora de Pedagogía Diferenciada, especializada en Insuficientes Mentales. Directora de la Escuela de Educación Especial "C.A.N.Di." de la ciudad de Sunchales, provincia de Santa Fe. Disertante en congresos nacionales y participante en congresos internacionales. Autora de diferentes artículos sobre temas que tienen que ver con la organización de la escuela especial, publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales.

Licenciada en Educación Especial egresada de la Universidad Nacional del Litoral, profesora de las cátedras de Seminario de Atención a la Diversidad y Seminario de Educación de Alumnos en Riesgo Social del Instituto Superior del Profesorado No 4003.


Los que optamos por escuelas especiales que han decidido trabajar desde otro paradigma educativo, hemos tomado a la integración no como un fin en sí mismo sino como un medio para el logro de mejores oportunidades de desarrollo para las personas, vemos en las escuelas comunes, las enormes dificultades y/ o contradicciones que afronta la misma al querer articular desde la propuesta homogeinizadora la deseada atención a la diversidad.

Es así que cuando se habla sobre la necesidad de refundar la escuela tomando como base el pasado de la misma y su perspectiva para el futuro, es necesario también comenzar a pensar la misma no solo desde la perspectiva de la escuela común, sino también desde la escuela especial, comenzando desde adentro para luego proyectarse fuera.

El pensar que nada hay por cambiar es un pensamiento totalmente despoblado de realismo y que implica básicamente, seguir sosteniendo lo que se hace, desde el lugar que dan las seguridades del permanecer antes de pensar cuáles son los cambios necesarios en función de mejores oportunidades para las personas.

Los directores de las escuelas especiales son quienes manejan el timón de este cambio de perspectiva y son los que deben motivar a su equipo de trabajo en la búsqueda de respuestas que permitan poblar los espacios con la propuesta que se desea desarrollar. Los cambios verdaderos no se producen por ley o reglamento, se producen porque la voluntad de sus actores traccionan tenazmente en una dirección y generalmente se dan desde los niveles de decisión directa más relacionados con la acción.

La motivación del cambio debe estar puesta en dos sentidos, por un lado y aunque parezca obvio, la persona con discapacidad y por otro, la perspectiva contextual como favorecedora del desarrollo de la persona.

En cuanto a la persona con discapacidad se debe pensar desde sus posibilidades y no desde sus dificultades, la evaluación tomada desde esta perspectiva facilita la búsqueda de alternativas superadoras.

Si hacemos una mirada retrospectiva de unos 30 años podemos recordar desde la evaluación psicométrica de las personas cómo se situaba a las mismas desde lo que marcaba el número del cociente intelectual en una perspectiva educativa muy devaluada, ya que por lo general no se le enseñaba a leer, ni a escribir sino solo hábitos para su supervivencia. En contraposición hoy vemos a niños con discapacidad siendo buenos lectores, escribiendo, realizando operaciones matemáticas, conectados a la naturaleza a través de las ciencias, etc..Pero entonces ¿quiénes han cambiando, las personas con discapacidad o los profesionales que le dieron otras oportunidades?

Desde la perspectiva contextual podemos retomar algunas disidencias en torno al cociente intelectual ya que desde la interpretación contextual entendemos a la inteligencia no como algo dado para siempre sino como una función dinámica, en constante formación que tiene que ver con la forma en que el entorno "provoca" a las personas.

Por otra parte la persona no se desarrolla sola, sino en el contacto con otro en una interacción cambiante, móvil y dinámica. Esto requiere que en el caso de las personas con discapacidad se deba tender, desde una faz interpretativa muy minuciosa, a la búsqueda de espacios comunes que puedan contribuir al pleno desarrollo de las necesidades, posibilidades y los derechos de las mismas.

Nada es imaginable para las personas con discapacidad si no tiene la posibilidad de una experiencia directa y vivida con cotidianeidad. No se puede pedir a una persona con discapacidad en su adolescencia que se integre en lo social o en lo laboral cuando el resto de su trayectoria vital la desarrolló dentro de una escuela especial.

En un segundo artículo intentaré acercarme a algunos aspectos que brinden algunos elementos prácticos a aquellas instituciones que están interesadas en apostar a un cambio profundo desde una perspectiva que facilite la integración educativa, social y laboral de las personas con discapacidad.{mospagebreak}

La necesidad de "re-crear" un espacio educativo implica que tengamos presente la idea de trayecto o camino en la búsqueda de nuevos sentidos educativos, lo que implica no pensar en un recorrido lineal sino de marchas y contramarchas, una verdadera dialéctica en la construcción del pensamiento compartido.

Uno puede adherir desde la teoría a perspectivas que apuntan a la integración, a estructuras más flexibles y conectadas con la realidad, pero debe atravesar momentos institucionales diversos para que esa teoría se transforme en la ideología que sostiene los proyectos, las acciones y la postura institucional.

Por otra parte y si bien parece obvio, todos los que forman parte de la institución, deben trabajar en esta construcción compartida ya que de nada vale que algunos sientan la necesidad de cambio si eso no se puede traducir en una búsqueda conjunta. Esto no implica que cada miembro de la institución realice ese recorrido en los mismos tiempos ya que aquí tendrán muchas fuerzas concepciones personales, valores, el desarrollo profesional que cada uno ha realizado, etc., por lo que una actitud convocante, abierta, participativa y democrática hará factible el poder elaborar los cambios desde una perspectiva común, pero con el aporte de las singularidades de cada profesional.

Tal vez más que nunca se aprecie el rol del director como guía de este proceso ya que sin su motivación y convencimiento estos procesos no pueden llevarse adelante y redundar en mejora sin generar conflictos interpersonales.

Abandonar las seguridades para muchos representa inestabilidad, sensación de pérdida, etc., aspectos que deberán ser considerados para trabajar en grupo de manera que la transición institucional lleve a las personas que participan a no sentirlo como un proceso emocionalmente complejo. Reconociendo que una institución educadora debe serlo no sólo para sus alumnos sino para todos los que participan de ella, entre ellos su personal, el cual deberá sentir que una instancia de cambio es una oportunidad de mejora.

Obviamente que una vez que se ha decidido "gestar" el cambio, se deberá programar en término de tiempos los distintos momentos que van a ir articulando el mismo, o mejor dicho el pasaje de la situación actual a la situación deseada. Es así que sin intentar armar cronológicamente algunas alternativas que pueden estar presentes en ese trayecto acerco algunas ideas a tener en cuenta:

Búsqueda de bibliografía adecuada y diversa, de manera de poder conocer distintas perspectivas, aportes teóricos, profundización de conceptualizaciones.

Instancias de reflexión y de debate, en las cuales se puedan poner en común perspectivas interpretativas de los miembros de la institución.

Tomar contacto con instituciones que ya han iniciado propuestas de apertura y cambio. El poder intercambiar con instituciones de características similares que ya hayan tenido experiencia en el tema, no implica aplicar tácitamente lo que ellas han realizado sino una forma de obtener mayor información.

No tomar a la integración educativa como un proyecto aislado ya que se trata de que todo el proyecto institucional debe estar cruzado por esta ideología. Es necesario no "injertar" un proyecto dentro de una realidad institucional que no manifiesta coherencia entre las acciones, su ideología, lo que transmite, etc.

Tener un plan para analizar todos los recursos facilitadores de trabajo compartido dentro de la comunidad en que nos movemos. Tal vez en ciudades grandes el primer nivel de complejidad esté dado por un análisis del barrio y en él poder analizar: ofertas educativas, empresas, clubes, liceos de arte, etc. ya que en todos estos lugares se pueden encontrar perspectivas para articular el trabajo interinstitucional y empezar a mirarlos como lugares con buenas oportunidades para las personas.

No nos quedemos cruzados de brazos esperando tener un marco normativo más seguro para encuadrar nuestras prácticas ya que hoy existe en todos los ámbitos institucionales la posibilidad de autogestión institucional, de manera de generar propuestas que respondan a la realidad que nos toca vivir y transitar. y por otra parte existen una cantidad de leyes, acuerdos y disposiciones nacionales e internacionales que respaldan estas propuestas, desde las más generales y abarcativas (Declaración de Derechos Humanos, Declaración de los Derechos del Niño) hasta las más específicas (Ley de Educación de cada país).

Optimicemos los recursos humanos que tenemos ya que este cambio también lleva a resignificar roles y a desarticular cargas horarias. Concretamente me refiero a que iremos poco a poco incorporando a los profesionales que tenemos para las tareas ejecutivas permitiendo desdoblar horarios, cumplir los mismos en otros ámbitos (escuelas, empresas, etc.) de manera de ir articulando una propuesta, que ciertamente tendrá mucho de concertación, no sólo con otras instituciones sino con los profesionales que tenemos, los cuales poco a poco irán adquiriendo otra identidad profesional, la cual no se formará con el reglamento bajo el brazo sino con un acuerdo "de sentido" a medida que va transcurriendo la propuesta.

El proyecto no debe ser un elemento rígido, tiene que ser flexible, admitir cambios y facilitar nuevas líneas de trabajo no previstas en la propuesta original de modo que nos permita seguirlo y evaluarlo para ejecutar los cambios que lo hagan más viable.

Estas y muchas otras alternativas pueden contribuir cuando existe la necesidad de un cambio, pero el momento fundante lo constituye el sentir que nos estamos manejando en el terreno de las dudas y no en el de las seguridades, en donde es más valiosa la construcción de buenos interrogantes que el tener todas las respuestas.


Octubre 2003

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Gibran Khalil Gibran.

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