Del decir al nombrar: más que un juego de palabras (Mayo 2004)

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Autora: María Elena Festa, Santa Fé, Argentina

Sobre María Elena: Es Argentina. Es Profesora de Pedagogía Diferenciada, especializada en Insuficientes Mentales. Directora de la Escuela de Educación Especial "C.A.N.Di." de la ciudad de Sunchales, provincia de Santa Fe. Disertante en congresos nacionales y participante en congresos internacionales. Autora de diferentes artículos sobre temas que tienen que ver con la organización de la escuela especial, publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales.

Licenciada en Educación Especial egresada de la Universidad Nacional del Litoral, profesora de las cátedras de Seminario de Atención a la Diversidad y Seminario de Educación de Alumnos en Riesgo Social del Instituto Superior del Profesorado No 4003.


 

El lenguaje nombra, significa, pero algo de él
y en el mismo lenguaje excede todo significar:
una reserva de sentido se sustrae a todo nombrar.
Una asimetría se abre, se promete, en cada reservarse.
Una diferencia entre el querer decir y lo dicho queda
sin pronunciar.

Hugo Mujica


Una de las herramientas más poderosas que tenemos los humanos es el lenguaje y por medio de él la comunicación, que nos lleva a poder trascender a situaciones o escenas no presentes en la actualidad pero sí internalizadas a través de significados establecidos.

No hace falta ver a un niño para saber a qué nos referimos cuando lo nombramos.

De todos modos, en el terreno de la discapacidad muchas palabras intentaron cambiar ese imaginario creado en torno a las posibilidades reales de las personas que son portadoras de la misma.

No es mi idea hacer un recorrido por todas las formas de abordar el concepto de discapacidad a través de la forma en que se nombra y cómo ese decir trae consigo diversas interpretaciones, simplemente tomaré las más comunes escuchadas por esta época en donde muchas palabras han perdido parte de su significado.

"Los discapacitados": es común escuchar en proclamas sociales esta denominación en la cual el peligro mayor es el aglutinamiento de un montón de singularidades. También pareciera llevarnos a un lugar común, homogéneo, que por ser tan general puede desvanecerse y perder profundidad, en cuanto a pensar a quiénes hace referencia en realidad.

"Persona con discapacidad": es fundamental pensar que la discapacidad es una situación que sobreviene a la persona y que lo importante es considerar que más allá de la discapacidad está el ser humano, su identidad como persona.

El hecho de pensar en términos de una persona con una situación particular implica pensar que tanto las capacidades como la discapacidad son algo que no se tiene de una vez y para siempre. Esto implica que todas las personas ante diversas situaciones no están excluidos de adquirir una discapacidad.

"Persona con capacidades diferentes": esta forma de expresión posee la impronta del decir vacío, ya que esta frase intenta buscar una forma de decir sin decir, es como sentir que lo que se justifica es que las diferencias existen entre las personas. En general se la ha escuchado mucho como una forma de evitar la palabra discapacidad cuando en realidad este dicho no tiene ningún tipo de sustento, es como decir "persona con intereses diferentes", "personas con posibilidades diferentes".

Si consideramos a la persona desde su singularidad reconocemos implícitamente que todos tenemos capacidades diferentes y que no es necesario decirlo para saberlo.

Es un caso típico en donde lo enunciativo intenta poner otro sentido produciendo el efecto adverso, ya que lo que no se dice es lo que marca. De todos modos el ocultar provoca que lo no-dicho se sienta como una mala palabra.

"Diversidad": en nuestro país es un término que ha adquirido mucha fuerza desde la puesta en marcha de la Ley Federal de Educación. La diversidad marca las diferencias esenciales que por el solo hecho de ser humanos se tienen, habla de singularidades y dentro de ella también se encuentran contenidas las personas con discapacidad, si bien lo diverso no debe ser concebido como deficitario.

Las diferencias a que la diversidad alude son evaluadas y valoradas no como un defecto sino como una condición de derecho a la diferencia, como un valor.

En cuanto a las diferencias debemos reconocer que existen aquéllas que debemos respetar y otras que se deben superar. Las primeras obedecen a la singularidad de cada persona desde la perspectiva de la pluralidad social. Las segundas son aquellas que marcan situaciones socio económicas desventajosas y llevan a la persona a tener dificultades.

Es importante citar lo que enuncia Gimeno Sacristán: "debemos estar muy atentos a que, bajo el paraguas de la diversificación, no se esté encubriendo el mantenimiento o la provocación de la desigualdad".

Para el final quiero decir que ante tantos términos existe uno que es el que la Declaración de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas define como "persona que por distintos factores, ya sean genéticos o adquiridos posee una capacidad distinta" y es lo que ellos definen con el término discapacitado.

Después de tantas palabras dichas ¿cuál es la verdadera dificultad en adherir a un término? , ¿será que el parámetro de la normalidad sigue validando conceptos o ideas que le ponen una cuota de valor a lo dicho, a lo que se nombra y a cómo se nombra?
Tal vez sea que la complejidad de lo que hemos construido en torno al tema de la discapacidad nos lleve a perder de vista la sencillez de las palabras.


María Elena Festa
Mayo 2004

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