Educar es comprometerse

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Autor: Jesús Flórez, Catedrático de Farmacología, Universidad de Cantabria
Asesor Científico, Fundación Síndrome de Down de Cantabria
Fuente original: El Diario Montañes - 5 de octubre 2001
Publicado en Avances Síndrome de Down, Vol. 11, No 3 Feb. 2002


Jaime llegó ese viernes a casa exitadísimo; tanto que a pocas se cae escaleras abajo, trabado con las correas de su mochila.

 

-¡Mamá, mamá! - gritaba. ¡Ya me sé el pluscuamperfecto de subjuntivo del verbo cantar. "Yo hubiera cantado, tu hubieras cantado..."!

 

Mamá se tapó los oídos mientras le daba un beso; pero por dentro se lo hubiera comido enterito en un arrebato de satisfacción infinita. Había sido el esfuerzo de toda esa semana. Y es que Jaime iba de conjugaciones de verbos, y no quieran saber la de horas que a la caída de la tarde Jaime y mamá y mamá y Jaime, habían compartido pretéritos y subjuntivos.

 

Jaime, con su entusiasmo todavía a cuestas irrumpió en el cuarto de una de sus hermanas mayores, Sonia. Y antes de ni siquiera saludarla, le preguntó:

 

- ¿A que tu no sabes cómo es el pretérito imperfecto de subjuntivo del verbo colgar?

 

Sonia se le quedó mirando como quien oye a un extraterrestre, y se quedó muda. Pero mamá corrió veloz, cogió la cabeza de Jaime entre sus manos frente a frente, y con una mirada entre firme y tierna le dijo:

 

- Jaime, apréndete bien esto. Sonia nunca sabrá las conjugaciones de los verbos aunque las emplea con absoluta precisión cuando habla. Pero Sonia ha aprendido muy bien a llamar a la puerta, antes de entrar; a mirar a los demás con una sonrisa en los labios; a decirnos cosas agradables cuando nos ve tristes; a atender a la gente con delicadeza y diligencia en la oficina donde trabaja; a levantarse todas las mañanas a las ocho menos cuarto cuando suena el despertador, sin que nadie se lo tenga que recordar, para prepararse el desayuno, hacer la cama, arreglarse y coger el autobús con toda puntualidad para ir al trabajo; a contestar y a hablar con sus amigos por Internet. Y por encima de todo, Sonia ha aprendido a hacer felices a quienes estamos a su lado, tú incluido, ¿vale?

 

Jaime se abalanzó a besar a su hermana y salió disparado. Sonia tiene discapacidad intelectual; su CI no alcanza los 60.

 

Acaba de empezar el curso escolar, y un año más se plantea la difícil tarea de conjugar la formación de los alumnos con discapacidad intelectual dentro del régimen de educación ordinaria. No es tiempo ya de idealismos sino de realidades. Y la tozuda realidad nos sigue mostrando la extraordinaria resistencia con que nos encontramos para llevar a buen término la integración escolar. No es un problema exclusivo de España porque lo vemos en cuantos países se ha introducido, incluido Estados Unidos. Donde no se lo plantean como es el caso de Alemania, no hay problema, claro.

 

¿Funciona la integración? Sí, pero solamente en aquellos centros escolares en donde el equipo educativo, desde el director hasta el último maestro que acaba de incorporarse, la asumen y la asimilan como tarea irrenunciable de su profesión docente. Después vendrá la necesidad de exigir los apoyos necesarios, de aplicar la integración con la flexibilidad requerida, de acertar a realizar las modificaciones curriculares pertinentes para diferenciar bien lo que tiene que aprender un Jaime y lo que tiene que aprender una Sonia. Mucho trabajo y no pocas dificultades, es cierto.

 

Pero lo más preocupante es constatar que todavía muchas personas - quizás por haber vivido malas experiencias - no están convencidas de que, en conjunto, la integración escolar beneficia a todos y a toda la sociedad.

 

Nos dejamos desalentar por el fracaso de los casos difíciles en los que se aplicó mal el proceso de integración, para correr a justificar una postura general contraria. No valoramos, en cambio, los muchos éxitos individuales y colectivos que se van consiguiendo, aunque a veces sean limitados.

 

La experiencia de un régimen normalizado en el que conviven alumnos de cualidades intelectuales diversas, es la mejor herencia que podemos dejar a nuestras futuras generaciones.

 

La mamá de Sonia y Jaime acertó, con esa precisión y sensatez propias de una madre comprometida en la educación de sus hijos, a marcar bien las directrices educativas de sus hijos. ¿Qué necesita cada uno para desempeñar su papel en la vida? ¿Cuál es el proyecto de vida que nos toca encauzar y desarrollar? ¿Cuántas horas vamos a dedicar, en cada uno, para que su formación sea acorde con sus intereses y sus posibilidades reales? ¿Cómo hacer para que expresen sus habilidades y capacidades?

Las adaptaciones curriculares y la planificación individualizada requieren dedicación y tiempo; pero, sobre todo, requieren formación-conocimiento-e interés-voluntad. Educar es comprometerse. Este es una tarea en la que no cabe bajar la guardia: ni por parte de la Administración que debe seguir proporcionando e incrementando los recursos; ni por parte del profesorado que, en definitiva, se convierte en el elemento más determinante del proyecto; ni por parte de los padres que han de saber conjugar la exigencia de un derecho con la comprensión frente a las dificultades que ineludiblemente surgen en algo tan complejo como es la educación individualizada.

 

En este empeño no debemos olvidar a los propios compañeros de los alumnos con discapacidad, porque es mucho lo que tienen que decir y lo que pueden hacer, si se estructuran hábilmente los sistemas de comunicación y de relación entre unos alumnos y otros.

 

Pero no nos engañemos: la integración escolar exige convicción y liderazgo social, y los tienen que poner quienes se supone que están a la cabeza de la sociedad y marcan las grandes directrices de los caminos a seguir, es decir, la Administración y el profesorado. Volver a un régimen generalizado de "educación especial" sería lo más fácil. Vuelta a la segregación, y paz en las aulas. Decididamente, no. Son demasiados los valores positivos que todos perderíamos.

 

La integración escolar necesita flexibilidad, discernimiento, prudencia en su aplicación concreta, es cierto. Pero necesita, sobre todo, la profunda convicción por parte de sus agentes mediadores de que, pese a sus problemas, salimos todos ganando; y muy especialmente los alumnos en cuya formación para un futuro mejor estamos comprometidos, tanto la formación de los que tienen necesidades educativas especiales como la de los que no las tienen.

 

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En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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