Un beneficio incidental. (Dic. 2002)

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Más de 800 atletas acaban de participar en los Juegos Nacionales de Olimpiadas Especiales de Venezuela, celebrados en la ciudad de Valencia. Cuatro días de competencias. Lejos de la familia. Una experiencia ciertamente inolvidable para los atletas. Una oportunidad no solo de destacarse como deportistas sino de socializar con sus pares y de fortalecerse como individuos, ensayando una mayor independencia.


Y mientras tanto, ¿qué hay de los papás de los atletas?

 

Principalmente, una gran alegría al ver relucir otras capacidades en sus hijos. Felicidad al contemplarlos llenos de entusiasmo y de ilusión. También, para algunos, agradecimiento por una oportunidad de "respiro".

 

¿Cómo es eso?

 

Pues bien, ese sentir se cristalizó ante mis ojos en una reunión de mamás, mientras veíamos entrenar a los muchachos y conversábamos en grupo, refiriendo los preparativos de los maletines de viaje, el entrenamiento-no-deportivo que desarrollábamos en casa (cierra la puerta cuando vayas al baño, cepíllate los dientes tres veces al día, cuida tus modales a la hora de las comidas) y otras cosas así.

 

En ese va y viene amistoso, una señora que también venía siempre a observar los entrenamientos de su hija pero que raras veces participaba en las conversaciones comentó con alivio: "Tendremos unos días de descanso en casa." Lo dijo en el más serio de los tonos, dejando entrever en su expresión un profundo cansancio.

 

Sospecho que su comentario y más aún el tono en que lo dijo sorprendió e inclusive mortificó a algunas. Tal vez lo interpretaron como señal de desapego por parte de esa madre.

 

Sin embargo, no fue esa mi apreciación.

 

La comprendí plenamente y hasta pude identificarme con su sentir en algún momento de mi vida. (Leer Unos días de respiro: ¿madre desnaturalizada?)

 

Se ha escrito mucho sobre la necesidad de crear oportunidades de "respiro" para los padres, de organizar programas que ofrezcan atención esmerada y cariñosa para nuestros muchachos con necesidades especiales mientras, como padres, "respiramos".

 

No abundan esas oportunidades.

 

Así que a los tantos beneficios que reportaron los Juegos de Olimpiadas Especiales, para los atletas y para sus papás, se suma uno más, incidental: el respiro.

 

Todos los papás pudimos revalorar a nuestros muchachos. Algunos además sintieron un respiro y eso también es bueno.
Autora: Angela Couret
Webmaster pasoapaso.com.ve
Caracas, Dic. 2002

 

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