La sobreprotección. una miopía paradójica

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Las chicharras son esos bichitos ruidosos y alegres que acompañan con sus sonidos las tardes de sol y las noches estrelladas;

 

son, además, unos insectos audaces y valerosos que asumen los riesgos de crecer: cubiertos por una vaina protectora, una vez que les llega el momento se despojan de ella y viven sin protección por un tiempo, mientras se desarrollan y construyen una nueva coraza. Afortunadamente, el papá y la mamá chicharra confían en sus crías y no andan por ahí diciendo: "no te atrevas", "es peligroso", "tú no puedes".Con la sobreprotección los padres intentamos, torpemente, protegernos de los sentimientos que las limitaciones de nuestros hijos nos provocan. Centrados en nuestra necesidad de justificarnos y de expiar culpas inexistentes, nos volvemos miopes a las capacidades y necesidades reales de nuestros hijos, y "buscando protegerlos" los dejamos completamente inermes, incapaces de reconocer y usar sus propios recursos; inhabilitados para creer en sí mismos, condenados a esperar todo de nosotros.
La paradoja es que esta misma miopía nos impide reconocernos como sobreprotectores. Todos sentimos que los cuidados que damos son necesarios, nadie se excede conscientemente, pensamos que ellos realmente no pueden. Nadie aceptaría que está negando y agrediendo a su hijo al hacer por él lo que él podría hacer por sí mismo.

 

Los extremos, como en tantos otros ejemplos, se tocan. El abandono y la sobreprotección hacen personas inseguras, incapaces de asumirse como seres independientes. Sólo la protección justa, la que se queda en el límite del cuidado necesario hace personas seguras, conscientes de sus propios medios para salir adelante, capaces de ser independientes; esto es, de organizar y usar su tiempo y sus recursos para conseguir sus propias metas atendiendo a las prioridades que ellos mismos han elegido.
 
 
Autor: Alicia Molina, editora de la Revista Ararú (México) Oct. 94 
Publicado en Paso-a-Paso Vol. 15.3

 

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En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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