Conociendo el Autismo a través de Andrés

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En diciembre llegaron a nuestras manos los textos ¡Mírame!, ¡Escúchame! y ¡Atiéndeme!, publicados hermosamente por la editorial española CEPE



En la Introducción que antecede cada uno de estos tomos, la autora advierte que...

 

“Las páginas que presento a continuación en ningún momento pretenden formar parte de una obra científica; prioritariamente he intentado que se trate de una lectura ágil, directa y sobre todo útil (...)

 

“Se trata de ayudar a entender un poquito mejor a esos niños y niñas que a menudo pasan por normales sin serlo y a aquellos otros, que, a pesar de no ser su caso similar, comparten situaciones problemáticas, interacciones frustrantes, alteraciones comportamentales, obsesiones, fracasos académicos reiterados y en especial graves problemas de comunicación.

 

“A través de las observaciones de una madre, tendremos ocasión de acercarnos a Andrés, un caso real diagnosticado a los dos años con trastorno generalizado severo del desarrolo, de trastorno generalizado del desarrollo atípico con inteligencia normal a los tres años, de retraso madurativo a los cuatro años, de autismo de alto funcionamiento a los cinco y reiteradamente, en situaciones discontinuas pero cotidianas, de persona normal con inteligencia, incluso, superior a la media.

 

“Sé que no incluye recetas ni soluciones rápidas y sé también que no supone ninguna ayuda para muchos. Me quedo satisfecha, sin embargo, si sirve de ayuda para unos cuantos y puede sugerir ideas para los que están, trabajan o conviven con aquellos otros que, aun no estando contemplados de forma tan explícita, son también muy tenidos en cuenta en esta obra.”

 

Los libros están escritos en la voz de Andrés y su lectura nos lleva a comprender mucho mejor las fortalezas, debilidades y necesidades de estos niños y niñas, tan necesitados de ser entendidos.

 

Siguen algunos pasajes extraídos de estos libros. Agradecemos a Julia por su autorización para compartirlos. Espero sirvan de abrebocas para lectores interesados en el tema.

 

Vol. 1 ¡Mírame! Forma de ser y Forma de actuar

 

De la Introducción (p. 12):
¡Mírame! Me reclamáis insistentemente cuando queréis decir: haz que coincidan tus ojos con los míos. ¡Mírame! Os decimos nosotros cuando os queremos decir: pararos a mirar lo que no os sabemos expresar.

 

De la Presentación (p. 15-16):
Me llamo Andrés, soy el de la foto de la portada, ahora tengo ya diez años pero ahí era un poco más pequeño (...)

 

Aunque no me conozcas soy un niño de verdad, de carne y hueso, como tú pero con algunas diferencias. A partir de este momento voy a tratar de contarte lo que me pasa. Después te iré explicando todo despacio, ahora sólo quiero que primero te hagas una idea de cómo soy (...)

 

a) Mi forma de ser es muy rígida y obsesiva. Trataré de repetir la misma situación y buscaré siempre los mismos temas. Los cambios debes advertírmelos, me confunden y me desbordan. A veces, si no me ayudas, lo paso mal.

 

b) Mi forma de actuar a menudo no es como la que te gustaría que fuera, pero, la mayor parte de las veces es porque no has tenido en cuenta mis características o porque te has fiado de lo que has visto que hago bien en otras situaciones. Puede que también me poga nervioso si no me avisas de lo que me voy a encontrar ni me marcas bien las normas o instrucciones.

 

Ya te he dicho que soy rígido, me portaré mejor si sé siempre a qué atenerme.

 

Sin embargo, también debes buscar un hueco para ti, coge aire. Busca espacios y tiempos exclusivamente tuyos en los que no tengas que acordarte de mí. Disfruta de tus momentos de ocio y de tu gente, no te obsesiones conmigo, puedo llegar a crear dependencia y eso no nos conviene a ninguno de los dos (...).

 

Del Capítulo “Mi forma de ser”, Sección “Rarezas” (p. 32):

 

A veces dicen que hago cosas raras. Huelo las cosas, toco o paso los labios por superficies brillantes o suaves, me río sin motivo aparente, no te miro a los ojos, ladeo la cabeza, me tapo los oídos, doy saltitos o adquiero posturas no muy aceptadas socialmente... hay muchas cosas en mí que os llaman la atención.

 

Unos se ríen y se dan codazos, otros cuchichean mientras me miran, se burlan de mí o me utilizan para ser aceptados en su grupo. Desde fuera me miráis con extrañeza y no veis sentido a lo que hay; a mí me pasa al revés, es el mundo que me ofrecéis el que no tiene sentido para mí.

 

Si tienes paciencia para leer lo que te quiero decir, te darás cuenta que todo tiene su lógica, yo no me veo raro, quizás diferente, sí, diferente a vosotros sí que soy. Yo soy sincero, espontáneo, directo, no sé lo que es la hipocresía, sí, desde luego debo resultaros muy raro (...)
Vol. 2 ¡Escúchame! Relaciones sociales y Comunicación

 

De la Introducción (p. 12):
¡Escúchame! Me gritáis creyendo, a menudo equivocadamente, que no lo hago, sólo porque no os lo muestro como lo hacen los demás. ¡Escúchame! Es lo que os decimos nosotros cuando, sin equivocarnos, sufrimos las consecuencias de que no lo hagáis.

 

De la Presentación (p. 15):
Hay varias cosas que quiero decirte y que conocerlas te pueden servir para cualquier situación.

 

a) Mi forma de relacionarme con los demás es parecida a la vuestra pero no es igual. Soy, eso oigo decir, poco hábil y muy inocente. Me cuesta expresar el afecto y no muestro mucha alegría en los encuentros, mejor dicho no lo hago como vosotros. Hago comentarios muy poco oportunos y hasta, a veces, un poco groseros y aparentemente injustos o ingratos.

 

Con los de mi edad todo se complica mucho más, no nos entendemos. Yo quiero estar con ellos, de verdad, pero... me supone tanto esfuerzo y lo paso tan mal que a veces, muchas veces, busco estar solo aunque esté con ellos (...)

 

b) Mi forma de comunicarme quizás sea lo que más puede desesperar o molestar. Puedo tener el vocabulario y las expresiones más correctas y completas que incluso los de mi edad, y, sin embargo, tener dificultad para encontrar la forma de contarte algo teniendo en cuenta si sabes de lo que estoy hablando y en qué momentos debo hablar o escuchar (...)

 

Lo que no entendéis es que no haga las cosas como vosotros. Ese es el problema (...)

 

Del Capítulo “Conclusiones” (p.113):

 

Es posible que no te sepa demostrar lo que siento, que me abrume tu proximidad y que me tenga que limitar a mirarte de reojo. Ten paciencia, no es indiferencia, insiste, a mí también me gustaría podértelo expresar. (...)
Vol. 3 ¡Atiéndeme! Ocio y Aprendizajes

 

De la Introducción (p. 12):
¡Atiéndeme! Me reprocháis una y otra vez cuando no habéis perdido ese segundo imprescindible en captar, previamente, mi atención; cuando no habéis tenido en cuenta mi esfuerzo, mi cansancio o mi inseguridad; cuando no habéis planificado la actividad incluyendo mi excepcionalidad; cuando os empeñáis en mostrarme aquello de lo que no soy capaz. ¡Atiéndeme! os pedimos nosotros cada día para ser incluidos en una sociedad de todas las personas y no sólo de las que son igual.

 

De la Presentación (p. 15-16):
Hay varias cosas que quiero decirte y que conocerlas te pueden servir para cualquier situación (...)

 

a) Mi forma de pasarlo bien es muy repetitiva y suele parecer que hago cosas que no tienen ningún sentido, que no sirven para nada. Esas son mis actividades en solitario, pero puedo jugar y disfrutar de muchísimas más, prácticamente de todas o casi todas como los demás niños de mi edad; para eso... ya dependo de ti.

 

b) Mi forma de aprender te va a exigir mucha paciencia. No creas que voy a hacer en otro sitio, con otra persona o en otras circunstancias lo que me has enseñado: no suelo saber pasar lo que aprendo de un sitio a otro. Me lo tendrás que recordar.

 

Todo lo abstracto tendrás que hacérmelo concreto. Yo necesito manipularlo, tocarlo, sentirlo. Paciencia, habilidad para hacérmelo divertido y saber adaptarte a mi ritmo es todo lo que necesito para querer aprender muchas cosas contigo. (...)

 

Del Capítulo “Mi forma de pasarlo bien”, Sección “Juegos con niños y niñas”, Tema “Adaptaciones” (p. 38):

 

En el juego con otros niños y niñas, me resulta muy difícil mantenerme integrado durante mucho tiempo. Necesitaría hacer constantemente las adaptaciones que ellos hacen y que yo no sé hacer.

 

Al principio parece fácil, siempre y cuando alguien se haya molestado en explicarme lo que se espera que haga en cada momento, así como lo que debo esperar que hagan los demás y cómo debo responder en cada situación. Pero no sé por qué, poco a poco yo me voy descolgando y notando que no voy al ritmo de los demás (...)

 

Se enfadan conmigo, me empujan o me dicen que conmigo no se puede jugar y que estropeo todo. (...)

 

Del Capítulo “Mi forma de aprender,” Sección “Características generales”, Tema “Aprendizajes dirigidos” (p. 68):

 

Cualquier niño o niña aprende casi todo de forma espontánea además de enseñárselo tú. Lo oyen en diferentes situaciones, lo pueden experimentar en diferentes contextos, lo aplican con distintas personas...

 

Una persona sorda no puede oír y por lo tanto no puede recibir toda esa estimulación espontánea en tantas situaciones diferentes. Si tú no estás allí, si no levantas su cabeza, si no diriges su mirada, si no centras su atención... todo eso se lo perderá.

 

A los que son como yo nos ocurre algo parecido a los que no oyen, perdemos muchas oportunidades de aprender y os fiáis, nos dejáis solos y no nos lo recordáis. Nuestras posibilidades de aprender disminuyen vertiginosamente si no estás a nuestro lado.

 

Ayúdanos para que podamos aprovechar las mismas oportunidades que los demás. Si no lo haces, no nos exijas lo que no se nos puede exigir (...)
Autora: Julia Alonso-García, Doctora en Psicología, pedagoga, logopeda y profesora con amplia trayectoria en Educación Especial. Se desempeña en la docencia e investigación desde la Universidad de Valladolid (España). 
Reporta: Angela Couret
Fecha: Enero 2006

 

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

Foto de niño con expresión seria

La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

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