El Club Invisible.sólo visible para los que somos miembros.

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Cuando estas embarazada empiezas a ver mujeres gestantes por todas partes o cuando comienzas a correr parece que no hay otra cosa en las calles que locos del ‘running’. Es algo que se dice mucho y es cierto. Cuando miramos a nuestro alrededor no lo vemos todo, no lo procesamos todo. Sería abrumador, imposible. Nos quedamos con unas pocas pinceladas, algunos detalles e imágenes. Y esa percepción selectiva bebe de nuestra experiencia, situación y aficiones.

No vemos el mundo tal y como es. Lo interpretamos a nuestra medida.

Cuando tienes un hijo con autismo empiezas a percibir algo mucho más sutil que una embarazada o un tipo trotando con ropa deportiva, comienzas a intuir otros niños (o jóvenes o adultos) con autismo a tu alrededor.

El autismo no se ve en el rostro de la persona que lo tiene. No es como otros síndromes o enfermedades que dan la cara a simple vista. Nuestros niños son guapos como el que más.

Pero hay pequeños detalles que otros padres aprendemos a cazar: esa niña a la que sus padres no sueltan de la mano mientras recorren una tienda y que se dedica a ensortijarse el dedo con un mechón de pelo, aquel niño al que sus padres están mostrando los peces en la tienda de animales y que observa contento y repitiendo constantemente la palabra “peces”, aquel otro que va por el parque de atracciones en un carrito pese a ser demasiado mayor y a veces retuerce un poco los dedos, el niño de siete u ocho años que tiene una rabieta ante el estupor de los transeúntes que le toman por un malcriado, la niña que juega con las hojas en un parque alejada de los demás niños…

Algunas veces nos cruzamos una mirada de reconocimiento, incluso de simpatía. La mayoría de las ocasiones no se dan cuenta.

Me consta que otros familiares de niños con autismo y personas que trabajan con estos niños nos verán muchas veces a nosotros con esos mismos ojos llenos de comprensión, identifi cación y normalidad. Miembros todos de un club sólo visible para los que somos miembros.

Pero pensadlo dos veces por favor, antes de juzgar el comportamiento público de un niño. Tal vez pertenezca a ese club invisible (o a otro).

Autora: @madrereciente
Fuente: Blogs.20minutos.es
Fecha: Septiembre 2011
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 22.2

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 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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