Mejores prácticas para incentivar la amistad en alumnos con Trastornos del Espectro Autista

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Las amistades son de las relaciones más íntimas e importantes en nuestras vidas. Afectan todas las áreas de nuestro bienestar, son significativas durante toda la vida y son definidas por las necesidades específicas, las destrezas sociales, los intereses y otras cualidades personales de los participantes. Para los alumnos con Trastornos del Espectro Autista (TEA), el desarrollo de la amistad es importante y a la vez desafiante.

Beneficios de la amistad

Las amistades tienen muchos propósitos y toman diversas formas. En su forma más básica, las personas pasan tiempo juntas compartiendo actividades de interés mútuo, apuntalan sus respectivas autoestimas, y comparten sentimientos, intimidad y confianza (Shulman, Elicker, & Stroufe, 1994; Shulman, 1993). Son mútuamente beneficiosas para los involucrados (Falvey & Rosenberg, 1995).

Las amistades entre compañeros con y sin discapacidad pueden acarrear beneficios adicionales que incluyen mayor comprensión de las diferencias individuales para los compañeros con desarrollo típico, adquisición de conductas sociales cronológicamente apropiadas para los compañeros con necesidades especiales y una red de amistades más extensa y mejor calidad de vida para todos (McDonnell, Hardeman, McDonnell, kiefer-O'Donnell, 1995; Schleien, Green, & Heyne, 1993; Abery et al., 1997).

Fomentar relaciones de amistad que perduren en el tiempo entre alumnos con y sin discapacidad  requiere cierta planificación para aumentar la probabilidad de que las relaciones ocurran y sean mutuamente beneficiosas. Los maestros, los cuidadores y los padres de los alumnos con TEA pueden contribuir a crear las condiciones necesarias para que se produzcan interacciones que puedan resultar en amistades.

Estrategias para promover la amistad

Si bien la meta primordial de los profesionales de educación especial no es promover la amistad, las estrategias relacionadas con el curriculum y orientadas a fomentar un sentido de comunidad pueden favorecer el desarrollo de las relaciones amistosa entre los alumnos con TEA y sus compañeros (Falvey & Rosenberg, 1995). Incentivar relaciones mutuamente satisfactorias que se basen en las fortalezas y las necesidades diversas de los alumnos es un objetivo válido para los maestros.

Los métodos para fomentar la amistad y las interacciones que culminen en amistad, directa o indirectamente, incluyen: (1) estrategias guiadas por el maestro;(2) consideraciones ambientales, y (3) programas mediados por los compañeros que enfoquen algún aspecto instruccional (enseñar una destreza o una tarea específica) o actividades sociales, de juego o de tiempo libre que promuevan destrezas sociales.

La efectividad de estos métodos en alumnos con TEA no ha sido bien definida aún ya que las investigaciones que se enfocan específica y únicamente en el desarrollo de amistades en esta población son limitadas (Carrington et al., 2003; Danko & Buysse, 2002; Whitaker et al., 1998).

Hay diversas estrategias que pueden considerarse para promover la interacción social entre compañeros. Las estrategias mediadas por los adultos se centran en facilitar activamente las interacciones sociales. En vista a la amplia variedad en nivel de competencias y destrezas sociales manifestada por las personas con TEA, los adultos deben promover y modelar la aceptación con los compañeros. Acciones sencillas como emplear siempre el nombre del alumno con TEA, invitarlo a sumarse a las actividades y apoyar a los compañeros sin limitar su independencia son algunos ejemplos (Snell & Janney, 2000).

La instrucción en destrezas sociales puede ser una vía para mejorar los resultados y promover la aceptación de los compañeros. La instrucción puede ser individualizada o derivar de un programa estandarizado y el método de instrucción puede ser mediado por el adulto, por el compañero o una combinación de ambos. Las actividades asociadas con la instrucción en destrezas sociales podrían aplicarse en toda la clase o trabajarse en grupos pequeños.

Para elegir el programa de destrezas sociales más apropiado, deben tomarse en cuenta los siguientes factores:

(1) la instrucción debe ser apropiada para la edad de los participantes;

(2) deben haber muchas oportunidades para practicar con varias personas y en distintos entornos;

(3) deben abordarse tanto las destrezas discretas o discontínuas tales como hacer y mantener el contacto visual, como las actividades que requieren múltiples habilidades tales como empezar una conversación, de manera que el alumno puede desarrollar un repertorio de destrezas;

(4) deben incorporarse en las actividades varios tipos de apoyo, por ejemplo, recordatorios verbales y visuales, para aumentar la probabilidad de que las destrezas sean empleadas durante las interacciones sociales;

(5) debe existir un plan de contingencia y tener consideraciones previstas para el manejo de estallidos o crisis de conducta; y

(6) debe organizarse el contexto para promover la interacción social.

Un elemento clave para fomentar el desarrollo de relaciones sociales y de las amistades es elegir la forma de instrucción apropiada. Existen muchos programas en el mercado al igual que intervenciones individualizadas probadas empíricamente que se enfocan en las destrezas sociales discretas o discontínuas (Carter & Hughes, 2005; Snell & Janney, 2000). Son pocos los currículums para el aprendizaje de destrezas sociales creados específicamente para alumnos con autismo. Entre los que han sido desarrollados para alumnos con autismo, es posible que la enseñanza de destrezas sociales aparezca incluida en el currículum general, sin tener un enfoque exclusivo, o limitarse a un grupo etario específico (Mesibov, 2005; Strain, 2000). Considerando la naturaleza singular de la amistad, la consideración más importante es que haya oportunidad de interrelacionarse. Existiendo la oportunidad, puede desarrollarse una comunidad donde los alumnos con TEA y sus compañeros con desarrollo típico tengan relaciones recíprocas.

Cuatro factores que afectan la amistad

Considerando los métodos descritos anteriormente, también es importante tomar nota que hay cuatro factores que afectan el desarrollo de las amistades entre los alumnos:

(1) las características personales del niño;

(2) la competencia social del niño,

(3) el contexto social, y

(4) el contexto evolutivo (developmental context).

El primer factor es las características del niño. Una relación recíproca se basa en aspectos comunes  compartidos por dos personas. Los amigos son más parecidos que diferentes y se asemejan en características socio-demográficas tales como edad, género, etnicidad, apariencia, actitud en relación con la escuela y aspiraciones (Hartup, 1996). Las características de personalidad y las actitudes sociales afectan la elección de amigos, pero las características socio-demográficas son un factor más significativo. Los maestros que trabajan con alumnos con TEA deben tomar estas características en consideración, por ejemplo, al momento de formar grupos para actividades que buscan promover interacciones que conlleven a un vínculo de amistad.

El segundo factor a considerar es la competencia social, incluyendo destrezas sociales, de comunicación y de juego. Debido a que este es un factor clave en el diagnóstico y la intervención para esta población, promover las destrezas sociales básicas (por ejemplo, contacto visual, atención conjunta, toma de turnos) es esencial para la competencia social. Tanto la implementación sistemática como la enseñanza incidental de las destrezas sociales debería darse en diversos formatos (enseñanza uno-a-uno, enseñanza en grupos pequeños y grandes). Adicionalmente, al planificar la instrucción de estas destrezas debe considerarse la generalización y el mantenimiento. Debido a que posiblemente existan diferencias en las destreza sociales de los compañeros, el adulto mediador debe tomar en consideración la situación óptima para la interacción y cómo facilitarla, considerando a la vez su rol para promover la interacción entre los compañeros sin incidir directamente en la dinámica.

El tercer factor es el contexto. El contexto social incluye los entornos sociales y físicos donde ocurren las interacciones. Los entornos inclusivos son el contexto más frecuente para las interacciones (Hendrickson, 1996). Proporcionar oportunidades frecuentes de contacto aumentará la probabilidad de que las interacciones se conviertan en amistad. Deben considerarse tanto las interacciones académicas como sociales. Las interacciones deben tener un propósito y debe brindarse apoyo a los compañeros para mantener la interacción mediante recordatorios y refuerzo.

El último factor se relaciona con el contexto evolutivo (developmental context) y la manera en que el propósito y la función de las amistades cambia en el tiempo. A lo largo de la vida de una persona, las amistades contribuyen en la adquisición de destrezas y competencias sociales, al igual que en el éxito evolutivo. Estas relaciones importantes empiezan en la infancia, haciéndose más complejas en la adolecencia temprana (Newcomb & Bagwell, 1996). Aplicar estrategias acordes con el desarrollo social, emocional y físico implica reconocer que las condiciones para la amistad cambian en el tiempo, y que la reciprocidad y el compromiso se hacen más complejos a partir de la adolescencia. Hay que revisar periódicamente la edad, nivel de destrezas e historial de los compañeros.

Conclusión

Para las personas con TEA, las interacciones sociales, las amistades y otras relaciones forman parte integral de lo que consideraríamos resultados educativos y sociales óptimos. Fomentar la amistad puede ser complejo. Las estrategias que hemos mencionado son un punto de partida, pero se requiere más investigación. Las actividades que incorporan un componente de interacción son una forma de promover el desarrollo de relaciones amistosas en esta población; sin embargo, aún se sabe poco sobre la generalización y los efectos longitudinales de estas actividades para facilitar la amistad. Se requieren intervenciones para promover la interacción entre compañeros, particularmente con objetivos específicos relacionados con los cuatro factores referidos arriba. El próximo paso en este campo de investigación será hacer estudios bien fundamentados y con data fiable que reflejen los resultados valorados y así reunir la evidencia necesaria sobre mejores prácticas para el desarrollo de la amistad en alumnos con TEA.

Autora: Lesley Craig-Unkefer
Traducción: Angela Couret
Fuente: IMPACT, publicación de la Universidad de Minnesota (EE.UU.) Vol. 19, No. 3. Otoño/Invierno 2006
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 19.4

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