Mexico: Autismo: un mundo aparte (Ab.09)

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En México, uno de cada mil niños nace con autismo, trastorno generalizado de desarrollo (TGD) que imposibilita la convivencia social y el uso adecuado del lenguaje.



El autismo es un mal neurológico tan frecuente como el síndrome de Down, pero ignorado y el cual recibe poca atención.

Muchos padres desconocen qué hacer con niños que presentan este trastorno y recurren a “médicos” que dicen tener una cura milagrosa, cuando la única alternativa es el trabajo multidisciplinario en centros especiales.

En México, uno de cada mil niños nace con autismo, trastorno generalizado de desarrollo (TGD) que imposibilita la convivencia social y el uso adecuado del lenguaje, además de ocasionar inhabilidad en los pensamientos.

Aunque este mal ha acompañado a la humanidad desde sus inicios, fue hasta 1941 que se inició su estudio de manera formal.

Más aun, indica el especialista en neuropsiquiatría Marco R. Campuzano, “sólo a partir del decenio 1980-90 se le ha buscado una explicación neurológica; se sabe que se debe a alteraciones estructurales en varias áreas del cerebro, sobre todo en las centrales o en el cerebelo, pero no sabemos qué provoca las lesiones”.

Es más fácil encontrarlo cuando hay antecedentes psiquiátricos como psicosis maniaco depresivas y, “al igual que casi toda enfermedad mental, es más frecuente en hombres que en mujeres (en proporción de 4 a 1)”.

De acuerdo con el también director de la clínica Neurocomunicación y Desarrollo (Neurocom), existen trastornos específicos en los que un infante tiene una inhabilidad determinada, por ejemplo, para hablar; también hay mixtos, como cuando se presenta dificultad en el uso del lenguaje y para comprender las matemáticas.

En cambio, el autismo abarca todas las zonas del cerebro y ocasiona complicaciones diversas.

Características del autismo

Los problemas ocasionados por este padecimiento pueden clasificarse en tres categorías, siendo la primera de ellas la comunicación.

“Un niño con autismo no emite ningún sonido o palabra, o puede contar con un lenguaje mal estructurado; repite las últimas palabras o frases (ecolalia), de modo que si uno le dice: ‘hola, ¿cómo estás?’, repite ‘cómo estás’.

No inicia una conversación, y si quiere leche o refresco pega con la mano en la puerta del refrigerador”, cita el neuropsiquiatra.

Asimismo, no sabe utilizar “si”, “no” o “yo”, así que es común que cuando tiene hambre diga: “tienes hambre”, “el niño tiene hambre” o utilice su nombre en tercera persona.

De acuerdo con el Dr. Campuzano, estas dificultades se mantienen hasta después de que se ha cumplido un año de edad.

La inhabilidad en juicio y pensamientos es otra área característica en el autismo, pues, asevera, “son niños sin juego imaginativo que llenan esos huecos con rituales.

A los 3 o 5 años podemos identificarlos porque, por ejemplo, tocan la puerta, caminan a la ventana y llegan al sillón; luego vuelven a la puerta, van a la ventana, etcétera, y pueden estar así durante horas.

Siempre comen lo mismo. Conocí a un niño que a los 6 años únicamente había tomado leche, no aceptaba otro alimento”.

Por otro lado, un autista, afirma, sólo capta los elementos de su entorno de manera aislada, y “si observa un objeto nuevo, algo que nunca había visto, se ‘desestructura’, se asusta y no acaba de entenderlo.

Puede iniciar movimientos de balanceo, trata de aislarse o ejecuta algún ritual, como dar vueltas sobre su propio eje.

Se llega a agredir con las manos o un objeto, pero difícilmente ataca a la gente”, aclara.

La tercera y última área es la de interacción social. Los pequeños con autismo no juegan con los demás, no tienen buena relación afectiva con nadie, ni con sus padres, y no tienen necesidad de contacto físico.

“Cuando uno llega con un niño autista y le extiende los brazos, no responde a la señal para ser cargado”.

Los problemas en cada una de estas 3 fases varían de manera independiente; no obstante, los niños pueden tener grandes habilidades, señala el especialista.

“Llegan a tener memoria extraordinaria o aprenden a leer solos. Los padres sienten que tienen un niño genio, pero sus hijos no se adaptan a los mecanismos sociales habituales”.

Por otra parte, el especialista puntualiza que un error común de los padres consiste en confundir la enfermedad con sordera.

“Al niño se le llama varias veces por su nombre o sobrenombre y no hace caso, por lo que se sospecha que no oye bien.

Esto ocurre porque su lenguaje no está bien desarrollado, su interacción social no funciona convenientemente y sus pensamientos no son los adecuados”, comenta.

Diagnóstico y terapia

El diagnóstico de un trastorno generalizado de desarrollo es difícil porque los padres se niegan a ver los problemas de su hijo por motivos afectivos, señala el especialista.

Sin embargo, recomienda una evaluación por parte del paidopsiquiatra (psiquiatra especializado en niños) ante la menor sospecha, pues “es más adecuado descartar la posibilidad de la existencia de este trastorno que dejar pasar la oportunidad de un diagnóstico oportuno que evite el avance del mal”.

Por desgracia, el autismo aun no es curable, pero es posible incrementar la destreza del pequeño de acuerdo con sus capacidades y cualidades, a través de sistema individualizado.

“Lo que hemos tratado de hacer en México es el abordaje multidisciplinario, es decir, con especialistas en psicología, neurología, psiquiatría y terapeutas de comunicación, además de los familiares, para elaborar un programa específico”.

El neuropsiquiatra agrega que hace 15 años ideó, y desde entonces coordina, el llamado Programa Educativo y de Rehabilitación Neuroconductual (PERN), en el Centro Educativo Neurocom, uno de los pocos lugares en México que atienden a niños autistas o con problemas neurológicos ocasionados por lesiones cerebrales.

Hoy día atiende a 30 pequeños de entre 4 y 11 años.

Al respecto, Jorge Luis González Quijano, quien tiene estudios en rehabilitación neuroconductual y es subdirector de Neurocom, señala que el trabajo se centra en dos áreas, “una de rehabilitación, que busca darle las herramientas al chico para que recupere una destreza que perdió, y otra de habilitación, donde se promueve el aprendizaje de técnicas y facultades que no se tenían”.

Es importante que el niño sea atendido adecuadamente en cualquiera de los grados de autismo, que van del superficial (donde se puede ayudar a que el chico lleve una vida prácticamente normal), al profundo (de diagnóstico difícil), pues de no ser así el pequeño es relegado, no evoluciona rápidamente y -aunque son pocos los casos-, puede acabar en la edad adulta apartado como un esquizofrénico en hospitales y centros de salud mental.

El trabajo multidisciplinario, indica González Quijano, se enfoca a varios puntos de acción: “Conductual, para que tengan un comportamiento adecuado para su desarrollo; de problemas de comunicación, pues muchos niños no hablan o se dan a entender por medio de gritos; autocuidado, para que sepan bañarse, tengan modales para comer o limpien su lugar, así como de recreación y sociabilidad, pues muchos no saben divertirse”.

También se atienden dos puntos clave, que aunque dependen del grado de afectación, permiten al pequeño desarrollarse: uno académico, donde “enseñamos matemáticas básicas, a leer y a escribir, pues con un buen trabajo un autista puede ir a la escuela” y otro vocacional, en el que “se le enseña a desempeñarse en un trabajo, como secretaria, afanador, en correos, o donde se necesiten personas que clasifiquen cosas”.

De esta manera, el tratamiento busca proporcionar la mayor cantidad de herramientas para enfrentar la vida, sin proponer curas mágicas, pues, como concluye el Dr. Marco R. Campuzano, “hay padres que descubren que su hijo tiene un problema, buscan el tratamiento adecuado y cambian de especialistas, pasando por brujos, chamanes y terapias extrañas en busca de remedio.

No hay cura conocida, sólo un programa específico basado en capacidades y habilidades”.

Por ello, llama a no prestar atención a “charlatanes que proponen curas o terapias mágicas”, y en cambio acudir al psiquiatra o neurólogo para someter al niño a una evaluación si se tiene alguna sospecha.

 

Fecha: 01/04/09
Fuente: Elporvenir.com.mx
Reporta: Rafael Mejía

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En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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