El Gran Misterio de los Chicos Autistas (Marzo 06)

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Se trata de una patología de la que aún se sabe muy poco: sin una cura concreta y efectiva, los especialistas centran los ejes del tratamiento en la educación y la socialización de los chicos. 

Para poder alcanzar, al menos, cierto grado de comprensión sobre la mente de un autista hay que considerar que padece una enfermedad que afecta y altera el desarrollo del pensamiento, la percepción, la atención y la comunicación. Que, además, le produce desórdenes sensoriales, trastornos de conducta, signos de retraso y genera graves problemas para la convivencia.

Según las estadísticas, uno de cada mil niños nace autista, con una proporción mayor de varones (una mujer cada cinco varones afectados). Desde que en 1943 el psiquiatra austríaco Leo Kanner descubrió el autismo, se viene discutiendo el origen de la enfermedad. Durante décadas se creyó que se trataba de una patología de causas emocionales o afectivas. Sin embargo, con el paso del tiempo esta teoría fue descartada. Aunque la comunidad científica universal esté hoy más cerca de relacionar al origen del autismo con un problema neurobiológico, hasta el momento no existen demasiadas certezas en cuanto a las causas reales. Como explicó el presidente de la Asociación Argentina de Padres de Autistas (APAdeA) y presidente honorario de la Federación Argentina de Autismo, doctor Horacio Joffre Galibert, "sobre el autismo son muchas más las cosas que no se saben de las que se saben".

¿Cuándo un chico es autista?
Uno de los grandes conflictos de esta enfermedad radica en poder reconocer los primeros síntomas. Según explicó Galibert, hay que tener en cuenta muchos elementos al momento de determinar si un chico padece autismo, porque esencialmente se diagnostica observando la conducta individual de cada paciente. Existen, sin embargo, tres parámetros básicos que sirven para unificar el concepto de autismo a la hora del diagnóstico: la reciprocidad social, la comunicación verbal y no verbal y el comportamiento. Es decir que, para que se hable de autismo, algunos de estos tres parámetros deben estar, en mayor o menor medida, afectados.

En líneas generales, la enfermedad se desarrolla dentro de los primeros tres años de vida y, en los casos clásicos, los síntomas comienzan a aparecen alrededor de los 18 meses. "Hay otros ejemplos como el de mi hijo Ignacio, en donde la sintomatología apareció claramente ya en los seis o siete meses de vida", indicó el papá del niño. Teniendo en cuenta que dentro del autismo es muy difícil generalizar o encontrar puntos concretos en común, se torna esencial contar con un equipo de trabajo multidisciplinario, donde el médico o el psicólogo sean uno más junto a los otros especialistas al momento de observar y trabajar con el paciente. Es que, como explicó Galibert, hay tantos grados de autismo como autistas hay, lo que transforma cada caso en único e irrepetible.


Ellos y los Otros
La científica inglesa Utha Frith esbozó en uno de sus trabajos una definición que exalta la esencia de los chicos autistas. "Son de una belleza cautivante, pero nadie puede pensar que en esas mentes existe algo tan sutil y devastador para el niño y su familia", sintetizó. Esto es con lo que se encuentran generalmente los padres en el primer año. Un chico lindo, despierto, que habla, pero con el tiempo esto se va perdiendo."Es como una luz que se va apagando. Uno ve que el chico se va de las manos, se escapa y no sabe qué hacer para recuperarlo. Cuando uno se quiere acordar lo perdió, es un ser extraño", afirmó el padre de Ignacio.

Es que la contradicción del autismo genera un alto grado de impotencia en los familiares del enfermo. Existen chicos que hablan inglés, pintan, escriben muy bien, pero que quizá no pueden comer solos o vestirse. "Para los padres, ver que un hijo se apaga es una imagen tan terrible que no se puede explicar", advirtió Galibert y detalló que lo que más cuesta es entenderlo. "Nos crea un caos muy terrible", definió. "Lo primero es la angustia de no poder comunicarnos, de no entenderlo, y esto genera un caos en las familias que también se le transmite al chico", explicó y resaltó la importancia de que los padres se junten con otros padres y se ayuden entre sí.

Sin cura
Hasta el día de hoy, el autismo no se cura. Sin embargo, es importante aclarar que se pueden lograr importantes avances con la educación y la socialización de los pacientes."Ahora se sabe que es mucho más importante la línea educativa que la médica en este tipo de patologías, y que los médicos no están llamados para tratar a autistas, sino que son los educadores los que tienen que tomar esa tarea", agregó. En un principio, en nuestro país (Argentina) se trató a los autistas desde una perspectiva netamente psicoanalítica: el psicólogo observaba, pero no trabajaba directamente con el paciente. Lo que sucede, según Galibert, es que el tratamiento es la antítesis: hay que trabajar con el cuerpo, cansarlo con actividades, educación física y tareas recreativas. APAdeA viene a romper con el tratamiento psicoanalítico y opta por métodos más fuertes de modificación de conducta que, claramente, tienen sus pro y sus contra. "El peligro es que el chico se vuelva medio robot, porque son métodos que se basan en el premio y el castigo", explicó Joffre Galibert.

"En lo países de avanzada el método que más se utiliza es el cognitivo-conductual. Se intenta saber el potencial que el chico tiene y se trata de modificar sus conductas para que pueda comer, bañarse o jugar", aseguró el presidente de APAdeA. Sin embargo, es importante dejar bien en claro que lo esencial a la hora del tratamiento pasa por los métodos educativos.

"En el autismo lo más importante siempre es la escuela", afirmó Galibert y explicó que los que más han aportado hasta el momento en el conocimiento del autismo son los docentes. Desde el punto de vista del maestro y dentro del enigma de esta enfermedad, lo más difícil es enseñarles a los chicos. "Un autista no nace para aprender, es lo que menos sabe hacer", dijo Galibert.
 
Fuente: lanuevaprovincia.com.ar, Bahía Blanca, Argentina. 
Fecha: 29 de marzo 2006
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