Autismo Detección Precoz, El Gran Reto

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Hasta tres o cuatro años pueden pasar antes de que un niño que muestra los primeros síntomas de autismo sea diagnosticado y empiece a recibir el tratamiento adecuado.


 Un tiempo perdido que resulta crucial porque «aumenta el desequilibrio entre el desarrollo esperado por la edad y el que tiene el niño. La detección e intervención temprana hacen posible que se desarrolle el lenguaje u otro sistema alternativo de comunicación compatible con las capacidades del niño.

En un trastorno del desarrollo como éste si se empieza a intervenir cuando se ha terminado el periodo crítico de plasticidad cerebral para el desarrollo de ciertas funciones psicológicas el pronóstico es peor. Es una carrera contrarreloj», señala Mercedes Belinchón, profesora titular de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Grupo de Trabajo sobre Trastornos del Espectro Autista del Instituto de Salud Carlos III de Madrid.

Un retraso en el diagnóstico que se produce a pesar de que entre los 18 y los 24 meses hay muchas señales que hacen sospechar a los padres que el patrón de desarrollo de los pequeños no es el normal para su edad y les mueve a buscar ayuda. «En muchos casos, los padres han acudido a profesionales que no han sabido reconocer los síntomas o que han hecho diagnósticos erróneos o no han hecho ninguno. Y los niños pueden estar sin tratar o recibiendo tratamientos psicológicos más inespecíficos que no están dirigidos a sus áreas de dificultad.

Esto está relacionado con la carencia de equipos especializados dentro de la red de salud pública», señala la psiquiatra Amaia Hervás, responsable de Salud Mental Infantojuvenil del Hospital Mutua de Tarrasa y consultora del Instituto Dexeus. Aunque en la mayoría de los casos la existencia de centros de tratamiento especializados ha sido posible gracias al esfuerzo de las asociaciones de padres con hijos autistas, destaca Hervás.


Estas deficiencias en la detección de casos en el ámbito de atención pediátrica ha llevado al Grupo de Trabajo sobre Trastornos del Espectro Autista a plantear la realización de un proyecto de cribado en los centros de atención pediátrica que implique a importantes colectivos de pediatras, señala Belinchón. Precisamente el pasado jueves el Congreso aprobó por unanimidad una propuesta en la que se insta al Gobierno a que elabore de una guía de detección precoz del autismo dentro del Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud.
 

Además se demanda que el Ministerio de Sanidad siga potenciando los proyectos de investigación de esta patología, que hasta ahora se encuentra incluida dentro del grupo de enfermedades raras, a pesar de que se estima que su prevalencia puede estar ya en torno al 1 por cada 150 recién nacidos, cifras muy superiores a las de hace una década, según los últimos datos epidemiológicos recogidos en el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta publicados recientemente. «No cabe duda de que ha habido un aumento en la prevalencia de este tipo de patología, aunque las causas del aumento aún no están determinadas.
 
Lo que sí está claro es que el concepto de autismo ha cambiado, se ha hecho mucho más amplio. Ahora sabemos que, aparte del autismo con sintomatología muy severa, hay otro grupo de trastornos que antes no se diagnosticaban que incluye a muchos niños con capacidad intelectual dentro de la normalidad aunque con déficits importantes en su funcionamiento social. Este cambio en los criterios diagnósticos que ha tenido lugar en los últimos años ha determinado en parte un aumento de la prevalencia importante», señala la doctora Amaia Hervás.

No obstante, señala también que en España estamos más retrasados en la identificación de casos en comparación con Estados Unidos y por eso la prevalencia puede ser todavía algo menor en nuestro país que en los que llevan más tiempo trabajando en lo que ahora se conoce como Trastornos del Espectro Autista (TEA). Los Trastornos del Espectro Autista afectan al desarrollo neurológico y tienen una base gética, siendo más frecuentes en niños que en niñas. Se caracterizan por tres tipos de déficits que aparecen antes de los tres años: alteraciones de la interacción social recíproca, alteraciones de la comunicación y formas restrictivas, repetitivas y estereotipadas de comportamiento.

El autismo nuclear o de Kanner y el síndrome de Aspeger, son las dos patologías más comunes dentro del TEA, señala el doctor Josep Artigas, especialista en neurología y pediatría del Hospital Parc Tauli, de Sabadell, que también forma parte del Grupo de Trabajo sobre TAE de Instituto Carlos III. En su opinión se trataría de dos polos de un continuo, que abarcaría desde los problemas más graves que presentan los niños con autismo nuclear -que pueden presentar retraso mental severo y aislamiento casi completo del entorno, con estereotipias, obsesiones y reacciones emocionales desproporcionadas- a los que presentan los niños con síndrome de Asperger -que tiene buena inteligencia y buen lenguaje-. Aunque, no obstante, advierte que en ambos casos hay dificultades importantes para ubicarse socialmente, porque la gran dificultad para percibir el entorno social de forma adecuada ya que no pueden captar las intenciones de los demás.

Esto rompe la estereotipia social de que el autista es la persona que está completamente aislada: «Un autista también puede ser una persona de un alto nivel funcional, muy inteligente, con gran desarrollo en áreas limitadas, pero con grandes déficits en el funcionamiento social», señala el doctor Artigas.

Desde la Confederación de Autismo de España, su presidenta, María del Carmen López Revuelta, señala que los criterios que se han seguido para redactar la Ley de Dependencia dejan fuera a las personas con autismo, que presentan necesidades especiales.
 
Texto: Pilar Quijada
Fuente: ABC - Madrid, Madrid, España, 
Fecha: Feb. 26, 2007 
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 La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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