Síndrome de Down: Comunicación y Lenguaje

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Foto de joven con síndrome de Down

El lenguaje se divide en dos áreas: el área de la comprensión y el área de la expresión o producción. Los niños con síndrome de Down suelen tener problemas con la expresión del lenguaje. En la mayoría de estos niños la comprensión del lenguaje suele ir acorde a la edad mental, sin embargo la habilidad para la expresión está considerablemente retrasada.

Las causas que pueden explicar este retraso son varias, como:
 
- Dificultades en los movimientos de los músculos motores de la lengua y la boca, control de la respiración y un paladar más estrecho.
- Problemas con la memoria a corto plazo.
- Con frecuencia tienen pequeñas pérdidas de audición, que pueden deberse a infecciones de oído.
- Las expectativas bajas que en general tienen los adultos hacia los niños Down por su aspecto físico y el hecho de que muchas veces "los entienden" antes de que ellos hablen.
- Por el hecho de que ellos necesitan más tiempo para responder a las preguntas y como muchas veces se sienten presionados, directamente no contestan.
 
¿Qué hacer con el niño pequeño?
Los niños pequeños aprenden del ejemplo, o sea, del lenguaje de las personas que los rodean. Es bueno que se les hable de manera clara, pero bien, sin usar idioma de "bebé" como sería: "¿quele agua el nene?". Debemos hablarle con palabra sencillas, utilizando gestos e indicacione visuales, por ejemplo: señalándole un vaso de agua decirle: "¿quieres tomar agua?", modulando bien las palabras y tratando de ser concretos y breves.
 
Debemos recordar que la interacción entre el niño y su ambiente es la parte más importante del lenguaje y la comunicación, y que una relación cariñosa y agradable entre el niño y el adulto donde haya afecto, tiempo compartido y diversión, es la mejor manera de hacer que el niño desee comunicarse y trate de hacerlo. Está comprobado que los niños Down aprenden más rápido cuando se encuentran en una situación feliz, alegre y que tenga algún significado para ellos.
 
Por ejemplo, podemos pasarnos horas tratando de enseñarle a un niño Down la palabra "pájaro" sin éxito, pero si lo llevamos al zoológico y le señalamos con el dedo un lindo y colorido pájaro y decimos: "¡mira que lindo pájaro!", probablemente el niño repetirá la palabra y no la olvidará tan fácilmente ya que la asociará con lo que vió y además con un momento agradable que pasó.
 
Una parte muy importante de comunicarse, es aprender a alternar los turnos. A veces los adultos nos sentimos incómodos con los silencios y respondemos antes que el niño tenga tiempo de hacerlo. Cada niño, discapacitado o no, tiene sus tiempos y es de extrema importancia que aprendamos a respetarlos.
 
El adulto que converse con el niño debe darle suficiente tiempo para que este piense y conteste la pregunta y cuando el niño responde, el adulto tiene que contestarle de alguna manera, ya sea con un gesto, una sonrisa o con palabras. El niño debe tener la impresión de que su respuesta es esperada y su contribución importante para el interlocutor, de lo contrario perderá el interés y con justa razón.
 
Las rimas y canciones infantiles suelen ser muy útiles como medio de comunicarse con los niños, pasar un buen momento y enseñarles el lenguaje.

Es muy importante recordar que aprender una palabra significa usarla en un contexto apropiado, es decir, repetir e imitar no es hablar; no es comunicación auténtica. Recién cuando el niño usa las palabras aprendidas en situaciones reales y en el momento adecuado, la comunicación es efectiva. Por eso debemos proporcionarle situaciones donde el niño pueda utilizar las palabras aprendidas. En general las palabras más fáciles de aprender son las que el niño puede asociar con personas o cosas queridas. Por ejemplo, los nombres de las personas más cercanas, de sus juguetes y de los alimentos o bebidas que más le gustan.
 
Los niños con síndrome de Down comprenden, como dijimos, mucho más de lo que pueden expresar, por lo tanto hay que hablarles con un idioma rico en palabras, aunque ellos no las puedan producir. Probablemente les guste escuchar el idioma "real" que habla la gente en general. Es importante que no siempre se les ofrezca un modelo de lenguaje simple.
 
También debemos respetar el lenguaje de los signos de los niños pequeños, ya que el mismo les ayuda a comunicarse cuando no pueden hacerlo de otra manera y evita frustraciones, pero solamente cuando estemos seguros que el niño no puede expresarse de otra manera.
 
El niño en edad escolar

Una de las principales metas de la educación de los niños con síndrome de Down en edad escolar ha de ser conseguir la inteligibilidad o claridad de su lenguaje. En general, los padres y educadores no se concentran en corregir los sonidos de las palabras enunciadas por el niño, ya que el principal objetivo es que consigan el lenguaje. Pero debemos tener muy presente que para que exista una comunicación real, el lenguaje del niño debe ser entendido.
 
Si el interlocutor constantemente dice: "no te entiendo" o "repite lo que dijiste", el niño va a perder la voluntad de intentar comunicarse o tratará de hacerlo con señas.
 
Cada niño es muy distinto en su habilidad y sus tiempos para lograr su claridad en el habla y debemos respetar esas diferencias personales.
 
Los terapeutas del lenguaje saben cómo entrenar a estos niños y corregir errores como el no pronunciar las consonantes y los diptongos; por ejemplo un niño puede decir: "ame atito vede" en vez de "dame el autito verde".
 
El hecho de que no usen los artículos como "el", "uno", "una", es normal en todos los niños, pero debemos ir corrigiéndolos y ellos deben hablar bien. No debemos "perdonarlos" por ser Down - los niños con síndrome de Down, pueden y deben tener un lenguaje claro y correcto.
 
Por lo general, el trabajo sobre la inteligibilidad del lenguaje exige un tratamiento individual o en grupos pequeños, ya que hay que darle al niño la oportunidad de tratar de mejorar su pronunciación y para eso necesita tiempo y concentración. Para ambas cosas se necesita un ambiente tranquilo y una atención personalizada.
 
Es importante explorar la audición del niño por lo menos una vez al año durante los primeros 7 u 8 años, ya que una buena pronunciación depende en gran medida de una buena audición. En caso de que haya problemas deben realizarse los tratamientos necesarios, como aplicación de audífonos.
 
Otro problema de los niños con síndrome de Down en edad escolar, suele ser la construcción de frases y oraciones. Es necesario que se entienda el significado de lo que dicen, ya que de lo contrario la comunicación se hará lenta y difícil y si el interlocutor es otro niño, probablemente no tenga la paciencia de tratar de entenderlo y pierda interés en el diálogo. Por lo tanto, debemos enseñarle a ordenar y construir bien sus frases y oraciones, insistiendo una y otra vez, cuantas veces sea necesario, hasta lograr el resultado esperado.
 
Cuando los niños sean capaces de responder a las preguntas, serán capaces de mantener una conversación y es en ese momento cuando se convierten en interlocutores reales.
 
Algunos consejos para ayudar al niño a mantener conversaciones:
 
- Préstele atención cuando está hablando.
- Para que exista una comunicación real, el lenguaje del niño debe ser entendido. Estimule al niño a pronunciar y modular bien las palabras y a construir bien sus frases y oraciones.
- No permita que otros hablen por él o terminen sus frases u oraciones.
- No le ayude tan rápidamente cuando vea que necesita algo, deje que él lo pida.
- Organice situaciones que no sean habituales para el niño e invítelo a que las comente. Por ejemplo "ponerse un pantalón en los brazos", en plan divertido.
- Realice actividades con el niño y vaya comentando lo que están haciendo y haciéndole preguntas. Por ejemplo, hacer una torta, lavar un auto, etc.
- Cuando le hace preguntas sobre su día, que éstas sean concretas y claras. Por ejemplo no preguntarle "¿qué hiciste hoy?", porque probablemente contestará "no sé" o "nada", sino: "¿Qué comiste hoy en el colegio?" o "¿hoy jugaste con Daniel?", en vez de "¿con quién jugaste hoy?".
- No "entienda" tanto el lenguaje de su hijo. No haga de "traductor" con los extraños. Trate de que sea él quien se haga entender.
 
El adolescente y el adulto joven
 
A todos los adolescentes les gusta hablar de los temas que son interesantes para ellos y los jóvenes con síndrome de Down no son una excepción. Por lo tanto, si los padres quieren conversar con ellos deberán adentrarse en sus actividades y conocer los nombres de sus amigos, la música que les gusta, los deportes, la ropa, las actividades de su grupo, etc.
 
Se debe animar a los adolescentes con síndrome de Down a que realicen actividades en grupo, como deportes, baile, instrumentos musicales.
 
Ellos deben ampliar su conocimiento del mundo, saliendo con la familia, viajando, compartiendo en las reuniones sociales, para que el contenido de sus conversaciones sea más maduro e inteligente y su conversación sea interesante para el interlocutor.
 
Las personas con síndrome de Down deben seguir recibiendo formación sobre el lenguaje, por lo menos hasta que abandonen el colegio, y si es neceario también después.
 
Algunos consejos prácticos para ayudarlos a ser buenos interlocutores
 
- Enseñarles a no hablar demasiado rápido.
- A no hablar en voz muy baja o muy alta.
- A no hablar con la cabeza hacia abajo y a mirar a su interlocutor a los ojos.
- A escuchar y entender bien las pregunta antes de responder.
- Nosotros, debemos aprender y respetar sus tiempos y a saber esperar sus respuestas.

¿Qué pasa con las personas con síndrome de Down que no llegan a hablar?

Todas las personas tienen el derecho a tener la oportunidad de comunicarse de una manera u otra. Si una persona con síndrome de Down no tiene lenguaje, debemos enseñarle a comunicarse con signos y, sobre todo, el entorno que lo rodea en forma más cercana, debe aprender a entender ese lenguaje. En general, el niño Down entiende mucho más de lo que puede expresar, por lo tanto no será necesario que todas las personas acompañen su conversación con signos.

Quizás el joven con síndrome de Down pueda disponer de un pizarrón o palabras o dibujos en fichas, que le permitan pedir lo que desea o expresar un sentimiento, como por ejemplo: el dibujo de frutas, leche o la palabra "baño" escrita en tarjetas, dependiendo de la comprensión del joven.

Esta situación ocurre muy rara vez, pero si acontece, los padres y educadores son responsables de ayudar al niño o joven a encontrar una forma de comunicarse con el mundo que lo rodea de una forma eficaz, comprensible y con el método más natural que se pueda idear.


 

Autora: María Beatriz NP. de Herreros, Doctora en Medicina y Cirugía, especializada en Genética Clínica. Trabaja con personas con síndrome de Down desde hace casi una década.
Fuente: Bienvenido bebé con Síndrome de Down, editado por Marta Ascurra de Duarte y María Beatriz NP. de Herreros. Capítulo XIII. Editorial CEPUC (Paraguay) 2002. 
Publicado en Paso-a-Paso, Vol. 15 No. 3, con autorizacion de las editoras.

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Comprendiendo mejor el síndrome de Asperger a través de la experiencia de un niño mexicano.

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La experiencia de convivir con los niños y las niñas, nos ofrece la oportunidad de poder observar las cosas de una manera diferente. Cuando nos encontramos con un niño o una niña feliz, los grandes problemas se hacen pequeños, el tiempo no existe, cuando sonríen es tan espontáneo y contagioso, que nos alegra a tal grado que participamos de su mundo mágico.

A través de las relaciones que establecemos con los niños y niñas, aprendemos a comunicarnos con ellos de una manera diferente. Es entonces, cuando se despierta en nosotros el deseo de querer conocer más de su mundo infantil lleno de fantasías y de deseos por descubrir el por qué de las cosas y de los acontecimientos.
 
La convivencia continua con los niños, nos permite conocer su historia de vida y al hacerlo, nos damos cuenta que no todas las historias reflejan una vida feliz y exitosa. Algunos niños se tienen que enfrentar desde su nacimiento a problemas de distinta naturaleza, vinculados en algunos casos con la salud, otros con la adaptación al medio y algunos más con factores que limitarán su aprendizaje. Este tipo de niños, se tiene que enfrentar permanentemente a sus limitaciones, debiendo resolver cotidianamente obstáculos de diferente índole para poder tener relaciones sociales adecuadas que los beneficiarán en su desarrollo personal.
 
Las historias de vida de los niños con el síndrome de Asperger, pertenecen a este segundo grupo. Ellos tendrán que aprender, entre otras muchas cosas, a comunicarse adecuadamente, a interactuar con sus pares, a comprender los estados de ánimo de los demás, a manejar su impulsividad y también tendrán que aprender estrategias que posibiliten su desarrollo intelectual y afectivo.

Conociendo el síndrome de Asperger a través de un niño mexicano

Me gustaría que a través de un niño Mexicano, M., quien presenta el síndrome de Asperger y que actualmente cursa 3er. año de primaria en una escuela regular, pudieran conocer los rasgos principales de su personalidad, desarrollo y adaptación escolar.
 
Antes de conocer a M. considero pertinente hacer una breve reseña histórica del Síndrome de Asperger y posteriormente señalar algunas de las características que suelen presentar los niños que presentan este Síndrome.

El pediatra Vienés Hans Asperger describió en su tesis doctoral publicada en 1944 a un grupo de 4 niños que tenían características inusuales en cuanto a sus capacidades sociales, lingüísticas y cognitivas utilizando el término de "psicopatía autista" con el que describía las características del desorden de personalidad de los niños que estudió. Asperger muere en 198,0 poco antes de que el Síndrome que lleva su nombre obtuviera un reconocimiento internacional.

Posteriormente, en los casos observados por Lorna Wing, quien fue la primera persona en usar el término Síndrome de Asperger en un trabajo publicado en 1981, describe las características conductuales de los sujetos estudiados los cuales se parecían a las descripciones hechas por Asperger. Este trabajo le permitió a Wing señalar por primera vez las principales características clínicas del Síndrome de Asperger. Esta autora, elaboró una lista en la que señala algunos criterios diagnósticos que puntualizan las características de los sujetos con el síndrome de Asperger:

1. Interacción social inapropiada con rasgos ingenuos y unipolares. No hay empatía ni reciprocidad. La capacidad para hacer amigos se encuentra muy limitada y en algunos casos es incapaz de establecer lazos afectivos.

2. Habla: no se observa retraso en su inicio; sin embargo el contenido es extraño, pedante y estereotipado. La comunicación verbal es poca o nula. Se pueden observar voz monótona, gestos inapropiados o poca expresión facial.

3. Presentan resistencia al cambio y gusto por actividades repetitivas. Ante algunos temas u objetos se les encuentra absortos.

4. Sus movimientos o posturas son extraños y mal coordinadas. En algunas ocasiones, sus movimientos son estereotipados.

5. Presentan buena memoria de repetición, intereses especiales y muy limitados.

Escalante y Marcos (2000), señalan que la edad de aparición aproximada del Síndrome de Asperger es a los tres años. Los niños con este Síndrome empiezan a caminar tarde, pero antes empiezan a hablar. Su lenguaje se orienta a la comunicación pero se queda en "un tráfico de un solo sentido", pues no es un lenguaje recíproco. Los niños con el Síndrome de Asperger evitan tener un contacto ocular con los demás; estos niños viven en nuestro mundo, pero a su manera, presentando alteraciones en las habilidades sociales. Sin embargo, su pronóstico en este aspecto es bueno. Los niños con el Síndrome de Asperger, tienen rasgos de personalidad y de conducta muy especiales entre los que se señala un interés muy intenso en algún teme en particular.
 
Después de conocer en parte la historia del Síndrome de Asperger y sus características finalmente, conoceremos a M.

En 1998 cuando M. tenía 5 años 2 mese tuvimos nuestro primer encuentro que a continuación narraré:

En ese día de invierno, llegué, como todas las tardes, a mi salón de trabajo dispuesta a entrevistar por primera vez a una pareja que traía a su pequeño hijo. La puerta del salón se encontraba cerrada. Se respiraba un ambiente tranquilo, interrumpido por unos repiqueteos en la puerta acompañados de una voz infantil que decía: "Abran, está cerrado, abran carajo… papito (refiriéndose a él) cálmate ya vas a entrar…, ya llegué…".

Al abrir la puerta, me encontré con M. El pequeño intentaba desprenderse de las manos de su madre para poder entrar al salón y ver qué había en él. Contrastando con la impulsividad del niño, sus padres se mantenían rígidos en el umbral de la puerta, al mismo tiempo que trataban de contenerlo. 

Para los padres de M., la entrevista se desarrolló en un ambiente un poco tenso, ya que querían controlar todo el tiempo los movimientos del niño diciéndole: "No toques, siéntate, vamos a platicar…haz caso, contrólate papito, pórtate bien…".

Mientras transcurría la entrevista, M. nos ignoraba y jugueteaba con un cochecito que había encontrado al abrir un cajón. Se entretuvo por algún tiempo explorando un espacio que le ofrecía descubrir nuevos objetos. M. parecía haber encontrado un lugar donde refugiarse.
 
Les pedí a los padres de M. que lo dejaran actuar libremente mientras platicábamos, lo cual sirvió por una parte para que los padres se sintieran más relajados y, por la otra, me permitió observar la conducta del niño quien parecía no haberme visto, me ignoraba y al parecer, no le interesaba mi presencia.
 
M. es un niño que no puede pasar inadvertido, su pelo ensortijado enmarca una carita alegre cuyos ojos profundamente negros e inquietos se mueven constantemente. En algunos momentos, su mirada la percibí ausente, distante e impenetrable y el establecimiento adecuado de contacto visual fue esporádico.
 
En la primera entrevista y en las subsiguientes, observé que M. tenía muchos problemas para poder concentrarse y manejar sus impulsos. Cuando se encontraba en el área de trabajo, daba la sensación como si una ráfaga de viento hubiera entrado y empezara a mover los objetos, no había respeto a los espacios de "los otros", parecía no conocer límites y nos ignoraba. Abría y cerraba cajones, se movía de un lado a otro como si buscara algo pero sin tener un objetivo específico.

Los padres informaron que la historia personal de M. se inició con algunas complicaciones, ya que durante el período perinatal presentó sufrimiento fetal secundario a trabajo de parto prolongado al haber presentado circular de cordón. No obstante las maniobras obstétricas aplicadas, M. presentó anoxia originada por haber broncoaspirado líquido del meconio. Secundario a ello, se originó un cuadro de paro respiratorio habiendo sido necesaria la aplicación de maniobras de resucitación. M. fue atendido neurológicamente desde ese momento, ya que se presentaron dos episodios convulsivos que fueron controlados con Epamín, medicamento que fue suspendido a los tres meses de edad al no volverse a presentar crisis convulsivas.

Durante su primer mes de vida, M. permaneció veinticinco días en terapia intensiva recibiendo respiración artificial por problemas de neumotórax. Superado este período crítico, la existencia de M. transcurrió aparentemente sin problemas serios de salud. Sin embargo, las pautas de maduración en cuanto al desarrollo motor y del lenguaje se dieron con cierta lentitud, por lo que el nivel de su desarrollo general estaba ligeramente por abajo de lo esperado para su edad cronológica, pero sin llegar a ser preocupantes para los padres estas observaciones. Hasta antes de cumplir los 2 años 9 meses de edad, fue un niño risueño, afectivo e interactuaba con sus familiares sin problemas; no obstante era muy inquieto, lo cual agotaba a la madre.

Cuando cumplió los 2 años 9 meses de edad M. ingresó al "Cuarto de bebes" en un colegio particular de la ciudad de México, el cual aplica el sistema Montessori con sus alumnos del Jardín de Niños. Fue ahí donde la guía se percató de las primeras conductas atípicas de M. informando de ello a los padres del niño. El reporte de la guía, señalaba la presencia de un inconstante balanceo corporal y aislamiento del niño con respecto a sus compañeros. También les señaló que M. durante el desarrollo del trabajo que se realizaba con el grupo dentro del ambiente Montessori, no mostraba interés por los objetos que se le enseñaban. La guía lo percibía "ausente", no tenía contacto con ella. Les dijo que en algunas ocasiones, cuando estaba muy ansioso y poco tolerante, se agredía golpeándose la cabeza con la pared o en el piso. Los padres se inquietaron mucho ante los comentarios de la guía y también lo observaron en la casa, con lo cual pudieron constatar lo dicho por la guía.

En el ámbito familiar los problemas se acentuaron, ya que M., aparte de presentar las conductas anteriormente señaladas, también tenía alterado el patrón del sueño, despertándose por las noches y teniendo mucha dificultad para conciliarlo nuevamente. El trastorno en el sueño tuvo repercusiones negativas en los miembros de la familia, ya que los padres se sentían agotados y poco tolerantes. Aunado a esto, M. se encontraba muy irritable y su hiperactividad se acentuó. También aparecieron en el niño manifestaciones negativas en su conducta, reflejándose en su poca tolerancia a los ruidos fuertes, así como muestras de ansiedad, llanto e incomodidad cuando se encontraba en lugares muy concurridos. Ante estos problemas, los padres de M. se sentían muy confundidos y desorientados, por lo cual, decidieron buscar ayuda profesional. Acudieron de un profesional a otro, ya que los diagnósticos eran muy contradictorios, y ninguno determinante.

M. fue diagnosticado inicialmente por el primer neuropediatra al que acudieron como un niño con "inmadurez neurológica generalizada", posteriormente solicitaron una evaluación psicológica en la cual se le catalogó como "psicótico", otro diagnóstico más lo señaló como un niño con "déficit de atención" aunado a problemas de hiperactividad y retardo generalizado en los procesos de aprendizaje.

En la medida en que los padres solicitaban una nueva opinión, el desconcierto se incrementaba y la confusión en la que se encontraban era abrumadora. El factor que más les angustiaba en aquellos momentos, fue que M. no estaba siendo atendido adecuadamente. Ellos estaban haciendo todo lo que estaba a su alcance, pero no veían mejoría en el niño; los problemas conductuales, de sueño, de lenguaje, de adaptación y de aprendizaje se agudizaban, y ellos no sabían que hacer.

No fue sino hasta que M. cumplió los cinco años de edad cuando después de habérsele aplicado una serie de pruebas, tanto en el aspecto neurológico como en el psicopedagógico y del lenguaje, fue diagnosticado como un niño que presentaba el Síndrome de Asperger.

Como se pueden dar cuenta, diagnosticar a los niños que presentan el Síndrome de Asperger no es una cuestión sencilla. Para ello es necesario contar con un equipo de especialistas que estudien minuciosamente el caso, siendo en algunas ocasiones necesaria la medicación que ayudará a reducir los estados de angustia, hiperactividad e inclusive alteraciones en los períodos de sueño.

Al recibir los padres de M. el diagnóstico definitivo, pasaron por una etapa de negación ya que no es fácil aceptar que su hijo, por las características conductuales, de socialización y de comunicación que manifiesta, se encuentra ubicado dentro del Espectro Autista. Pasado este período de negación, finalmente los padres de M. aceptaron el diagnóstico y se abocaron a investigar las mejores propuestas de atención que había para el manejo del niño.

Sugerencias pedagógicas propuestas para lograr la integración de M. al aula regular

A continuación se dan a conocer las sugerencias que se le propusieron a la maestra de M. para lograr la integración del niño a una aula regular:

a. Conocimiento de las características del síndrome por sus pares y sensibilización del grupo donde se integró a M. El conocimiento de las características conductuales, sociales y de comunicación, les permiten a los niños con el Síndrome de Asperger integrarse con mayor facilidad al aula regular, ya que sus pares los comprenden y los ayudan en muchas ocasiones a contenerse.

b. Empleo cotidiano de un cronograma de actividades: Mediante el empleo cotidiano del cronograma, el niño con el síndrome de Asperger puede anticipar situaciones y rutinas las cuales, si se llegaran a presentar intempestivamente, podrían ocasionarle ansiedad, inseguridad e impulsividad en la ejecución del trabajo, y con ello se provocaría la aparición de conductas no adecuadas. El cronograma es una guía gráfica de los acontecimientos y acciones que el niño realizará durante el transcurso del día. Con su empleo, se puede lograr en el niño con el síndrome de Asperger una mayor flexibilidad mental, ya que él tiene la posibilidad de anticipar acontecimientos

Rivière y Martos (1996), señalan que junto a los trastornos de comunicación, de establecimiento de relaciones sociales y de imaginación, los niños autistas también presentan trastornos para encontrar el sentido a sus acciones. El niño, tiene muchas dificultades para el manejo del futuro, lo que está muy relacionado con la tesis del déficit en funciones ejecutivas.

Con el manejo del cronograma, se estimulan las funciones ejecutivas en las cuales se incluye la planificación de conductas dirigidas hacia una meta concreta, la organización del tiempo, de actividades, así como la inhibición de respuestas inapropiadas y de conductas perseverativas.

En el cronograma, se le da más sentido a las acciones por realizar. El niño tiene la oportunidad de predecir y puede percatarse con más claridad de las metas finales de su trabajo y conducta.

c. Aplicación de un lenguaje claro y preciso: Los niños con el Síndrome de Asperger tienen dificultad para entender instrucciones y órdenes complejas por lo cual, es necesario simplificarlas.

d. Empleo de claves visuales: Es de gran ayuda emplear claves visuales por medio de las cuales el niño podrá reconocer avisos, objetos, actividades y acontecimientos.

e. Flexibilidad en el manejo del ritmo de trabajo, así como en otorgar y administrar el tiempo en el momento en el que el niño con el Síndrome de Asperger da respuestas y desarrolla actividades: Los niños con el Síndrome de Asperger, manejan de una forma diferente los tiempos de ejecución de las tareas. Se sienten muy inseguros y ansiosos si se les presiona. Es necesario respetar su ritmo para no angustiarlos.

f. Prestar ayuda y apoyo en los momentos en los que el niño no pueda manejar la frustración: Cuando el niño no pueda resolver alguna situación problemática, es necesario que se le preste ayuda y se le apoye para que se sienta seguro y se eviten conductas impulsivas.

g. Reforzar y reconocer logros y conductas positivas: El niño con el Síndrome de Asperger, se siente muy feliz cuando ha logrado alcanzar un objetivo y se siente muy motivado para seguir trabajando cuando se reconocen sus logros. Es recomendable reforzar sus éxitos y conductas positivas, ya sea en forma verbal diciéndole algunas palabras de aliento o proporcionándole una caricia (cuando esto le agrade).

h. Libertad en el manejo del tiempo fuera dentro de una actividad de aprendizaje: Cuando la tarea que está desarrollando el niño le causa fatiga, y con ello momentos de ansiedad y estrés, las conductas que presentan son de impulsividad al abandonar la tarea que está realizando, además de negarse a continuar con el trabajo iniciado. Podemos deducir que los factores que intervienen para abandonar la actividad se deben a una sobrecarga sensorial, lo cual origina en el niño que tienda a desequilibrarse fácilmente ante la tarea. Se sugiere en estas ocasiones, suspender la actividad que se está realizando y continuar observando las conductas que el niño realiza para poder aplicar en otro momento actividades menos estresantes.

En el aula, cuando los períodos para desarrollar una actividad son muy prolongados, el niño tiende a pararse de su lugar y pasear libremente alrededor del aula. En las ocasiones en las que esta conducta se presente, inicialmente se puede permitir, siempre y cuando no interrumpa el trabajo que en esos momentos estén realizando sus compañeros. En el caso contrario, cuando se le obliga a continuar y a estar en su lugar, la tendencia conductual será de llanto, originándose episodios de berrinche e impulsividad. Sin embargo, la libertad de acción lo tranquilizará y posteriormente se podrá reanudar nuevamente la tarea que quedó inconclusa.

En la medida en que el niño va tomando consciencia de sus actitudes y va adquiriendo mayor control de sus impulsos, se le irán marcando límites más estrictos.

En la búsqueda de estrategias para conocer mejor a los niños y niñas con el Síndrome de Asperger y poder interactuar con ellos en el aula regular, se consideraron a las estrategias lúdicas como las más adecuadas, ya que el desarrollo de la afectividad, de la socialización, de la motricidad y del conocimiento, están estrechamente relacionadas con las actividades del juego, mediante las cuales, los niños y niñas son capaces de poner en práctica todos sus sentidos, sus habilidades y sus destrezas. Por medio del juego, pueden adaptarse a la realidad, pueden manejar sus miedos, temores, frustraciones, sus impulsos y sus sentimientos, así los niños y niñas aprenden y son felices.

A través de las estrategias lúdicas el niño con el Síndrome de Asperger:

· Mejora sus relaciones sociales: Al darle la oportunidad de desarrollar conductas que le permitan iniciar, establecer y mantener relaciones adecuadas con las personas que lo rodean e interactuar adecuadamente con ellas.
 
· Incrementan la capacidad de referencia conjunta: Al proporcionarle experiencias en donde tenga la necesidad de participar verbalmente en la planeación de eventos o actividades y en las cuales tienen que intervenir otras personas para lograr un fin determinado al tener un mismo objetivo.
 
· Desarrollan funciones comunicativas: Al darle la oportunidad de expresar sus deseos, sentimientos e ideas tratando de que lo haga en forma clara.
 
· Estimulan el lenguaje expresivo: Al propiciar situaciones adecuadas en las que el niño pueda manifestar sus emociones y sentimientos.
 
· Desarrollan el lenguaje receptivo: Al sensibilizarlo para que pueda entender tanto el lenguaje verbal como el no verbal.
 
· Al niño se le capacita para que pueda manejar adecuadamente estrategias de anticipación y planeación: Al darle la oportunidad de conocer eventos y acontecimientos en donde puede anticipar consecuencias.
 
· Mejora la flexibilidad de su pensamiento: Al proporcionarle estrategias para que sea capaz de adaptarse a situaciones nuevas sin angustiarse.
 
· Estimula la ficción o imaginación: Al invitarlo a participar en juegos de ficción e imaginación representando a diferentes personajes.
 
· Incrementa su capacidad de imitación: Al enseñarle estrategias con las cuales sea capaz de imitar conductas, actitudes, forma de comunicarse y expresarse.

Mediante la aplicación de las estrategias lúdicas trabajadas durante el año escolar, M. pudo entender comportamientos no verbales, estableció relaciones sociales adecuadas con sus pares y pudo acceder a la apropiación de conocimientos lingüísticos, matemáticos y los relacionados con el medio ambiente y la salud.
 
Actualmente, M. es feliz al cursar 3er. año de primaria en una aula regular en donde aprende, ríe y juega como los demás niños de su misma edad.

Autora: Crisanta Cruz González de Escalante
Especialista en Problemas de Aprendizaje y lenguaje.
Maestría en Psicodiagnóstico.
México 2004

Referencias:
 
Escalante, C. y Marcos, E. (2000). Síndrome de Asperger, programa de intervención para
la educación sexual del adolescente. México, UDLA.

Rivière, A. Y Martos, J. (1997). El tratamiento del autismo: nuevas perspectivas. Madrid, 

Artegraf.
 
En general, los niños son seres dinámicos, quienes en forma espontánea y dada su propia actividad física y mental, son capaces de obtener del ambiente los elementos necesarios para lograr el conocimiento de ese medio y a la vez lograr su propia integración a dicho medio. Ellos se enfrentan con entusiasmo a las diferentes dificultades que tienen que ir superando en el área del lenjuage ó motora gruesa, por nombrar algunas y por selección y repetición realizan un verdadero aprendizaje. No rehusan el esfuerzo a realizar y el éxito es su mejor recompensa.

 

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